Por qué a pesar de no pagar aranceles, los autos híbridos y eléctricos importados cuestan el doble que en sus países de origen
A pocos días de la apertura de la licitación de 50.000 autos híbridos y eléctricos correspondiente a 2027, la llegada de las dos primeras tandas en los últimos dos años permitió comprobar cómo se modifica el precio de un vehículo importado cuando se reducen impuestos. El cálculo muestra que un modelo con un valor de origen de USD 16.000 puede alcanzar cerca de USD 37.500 al llegar al público en Argentina.
El cambio no se limitó al cupo. El Gobierno eliminó primero los impuestos internos, conocidos como impuesto al lujo, de la escala que alcanzaba a los vehículos de las franjas baja y media del mercado; luego hizo lo mismo con la segunda escala, que gravaba con fuerza a los modelos de mayor valor.
Entre el 35 % de esa segunda escala y el arancel de importación extrazona del 35 %, que se aplicaban de forma acumulativa, un auto importado podía costar más del doble que en su país de origen. Esto se debe a que, además, se siguen pagando otros costos e impuestos en Argentina.
Sin embargo, fue efectivamente el cupo de híbridos y eléctricos el que amplió de forma sustancial la oferta del mercado: incorporó una mayor variedad de modelos y elevó la disponibilidad de esta nueva tecnología sustentable en el segmento intermedio.
A pesar de estos cambios que favorecieron al mercado, todavía persisten las discusiones sobre el precio de los vehículos incluidos en el régimen. Una parte de los usuarios, sin conocer la estructura impositiva argentina, espera que la eliminación del arancel extrazona permita que un auto cueste en el país lo mismo que en su mercado de origen.
Aunque esa expectativa pueda parecer lógica, el mismo precio no puede replicarse en países de otras regiones, sea Argentina, Sudáfrica o Australia, porque en cualquier caso siguen existiendo costos que encarecen el vehículo importado y que no dependen del margen de las marcas, es decir, de la ganancia que obtiene quien lo importa.
El orden en que se aplican los cargos resulta determinante, ya que no es lo mismo sumar todos los impuestos de una sola vez que aplicarlos de manera acumulativa. Si se toma el valor máximo admitido por el Gobierno para ingresar al cupo de híbridos y eléctricos, el cálculo para entenderlo puede partir de los USD 16.000.
Un vehículo importado desde cualquier país bajo el régimen que exime el pago del arancel del 35% debe afrontar primero el flete y el seguro para el traslado transoceánico. El encarecimiento del transporte marítimo internacional elevó esos costos en los últimos meses, pero una referencia razonable para ambos conceptos se puede estimar en USD 2.500. Así, el vehículo ya sale del puerto de origen con un valor de USD 18.500, antes de llegar a Argentina.
Una vez en el puerto, debe abonarse la tasa de estadística que tiene una alícuota del 3%, con lo que el precio asciende entonces a USD 19.055. A esa cifra se suman unos USD 1.000 por logística portuaria y traslados internos, desde el depósito fiscal hasta el lugar en el que el importador guarda las unidades para distribuirlas. El costo alcanza así los USD 20.500.
Luego se aplican impuestos que, en conjunto, representan un 10% adicional: Ingresos Brutos, el impuesto a las Ganancias o su anticipo, el impuesto a los Débitos y Créditos y las tasas municipales. El precio sube a USD 22.550, y sobre ese valor se paga el IVA del 21%, que eleva el monto a USD 27.285.
Con ese costo, el importador —ya sea fabricante o representante oficial— sale a vender los vehículos en el mercado, para lo cual debe incorporar su margen de ganancia y el del concesionario que los comercializa al público. Las estrategias varían: algunas marcas reducen su margen para ser más competitivas y aplican solo un 10%, con lo que el precio llega a unos USD 30.000.
Sin embargo, la venta de vehículos constituye la fuente de ingresos del importador, que con ella cubre sueldos, cargas sociales, impuestos de la operación local y costos de funcionamiento, como insumos, servicios y publicidad. Por esa razón, el 10% no suele ser el margen convencional sino un 20%, que elevaría el valor a unos USD 32.700.
Por último, se suma el margen del concesionario, otra empresa con costos y gastos vinculados principalmente con la venta de autos y los servicios oficiales, que hoy están tarifados por las propias marcas con lo que se limita la ganancia. Por convención, ese margen suele rondar el 15%, por lo que el precio final puede ascender a cerca de USD 37.500.
Y como los concesionarios son empresas independientes de las marcas, está en cada uno hacer los descuentos, bonificaciones o incentivos que quieran o necesiten para vender más unidades. Por eso, actualmente en Argentina se puede comprar el mismo auto a diferentes precios según el concesionario.