La otra PISA: lo que no vimos de nuestros estudiantes
Los resultados de PISA 2025 volvieron a instalar, con toda razón, la preocupación por lo que nuestros estudiantes no logran aprender. Argentina cayó en Lectura respecto de 2022: subió del 55% al 60% la proporción de chicos que no alcanza el nivel satisfactorio, y las diferencias entre cuartiles de ingreso siguen mostrando que el origen socioeconómico sigue pesando demasiado sobre las oportunidades de aprendizaje.
En Matemática el panorama es todavía más duro: mientras que en el promedio de la OCDE el 34,9% de los estudiantes está en el Nivel 1 o menor, en Argentina esa cifra trepa al 75,8%, el valor más alto desde que se mide, y apenas el 0,4% de nuestros estudiantes alcanza el nivel de desempeño más alto. Estamos por debajo del promedio de la OCDE y también por debajo del promedio de América Latina, superados por Chile, Uruguay, Costa Rica, Brasil, México, Colombia y Perú.
Estos números son alarmantes y merecen toda la atención que están recibiendo. Pero hay otra PISA de la que casi no se habla, y que tal vez explique más de lo que creemos sobre por qué llegamos a estos resultados: la que mide no lo que los estudiantes saben, sino cómo se relacionan con el hecho de aprender.
PISA releva cinco índices actitudinales: establecimiento de metas autorregulado, pedido de ayuda autorregulado, adaptabilidad cognitiva, perseverancia y curiosidad. De estos, dos están directamente vinculados con la motivación intrínseca (es decir, el deseo genuino de aprender, más allá de la nota o el temor a la consecuencia negativa): la perseverancia y la curiosidad. Y ahí aparece un dato que debería preocuparnos.
En curiosidad, Argentina está por debajo del promedio de la OCDE, y también por debajo de países de la región como Colombia, Chile, Costa Rica, Guatemala, México, Perú y Uruguay. La caída no es exclusivamente nuestra: a nivel global, la curiosidad reportada por los estudiantes cayó respecto de 2022.
Hay algo llamativo en el dato, y es que la única pregunta donde la tendencia fue en sentido contrario es aquella en la que se les pedía a los estudiantes que se compararan con sus propios conocidos: ahí, más adolescentes dijeron sentirse más curiosos que las personas que conocen. Es decir, aunque la evidencia muestre menos curiosidad real, muchos estudiantes creen que son, comparativamente, los más curiosos de su entorno. Esa brecha merece que reflexionemos sobre lo que este dato revela del autoconcepto que tienen de sí mismos.
Un hallazgo que vale la pena señalar, porque desafía un supuesto habitual, es que los estudiantes de contextos más desaventajados reportan mayores niveles de curiosidad que sus pares de contextos más favorecidos, y esto se repite en la mayoría de los países participantes. La curiosidad, entonces, no parece ser un privilegio de quienes tienen más recursos; es una disposición que puede y debe cultivarse activamente desde la escuela, independientemente del punto de partida de cada estudiante.
Sobre la perseverancia —el esfuerzo sostenido para lograr un objetivo, medido en cosas tan concretas como si un estudiante puede terminar una tarea que empezó o si redobla el esfuerzo cuando algo se pone difícil— las noticias para Argentina son, comparativamente, mejores: mientras el mundo mostró un descenso generalizado respecto de 2022, acá se mantuvo prácticamente estable, sin diferencias significativas respecto del promedio de la OCDE.
Los estudiantes de grupos más desaventajados reportan mayores niveles de curiosidad que sus pares de contextos más favorecidos"
Los datos muestran, además, que los estudiantes más perseverantes son también los que más disfrutan aprender cosas nuevas —una prueba más de que motivación intrínseca y logro no son variables independientes, sino que se retroalimentan— y que las mujeres reportan sistemáticamente mayores niveles de perseverancia que los varones.
El tercer elemento que vale la pena rescatar es el sentido de pertenencia a la escuela. PISA es claro en este punto: cuanta más adherencia siente un estudiante hacia su escuela, mejores son los vínculos que construye, más seguro se siente, y eso potencia tanto la motivación como la curiosidad y una mentalidad de crecimiento.
La buena noticia es que la mayoría de los estudiantes argentinos reporta sentir que pertenece a su escuela, con mejora respecto de 2022, aunque esta tendencia es más marcada entre los varones. El sentido de pertenencia no solo alimenta las ganas de aprender: es también lo que sostiene a un estudiante cuando la escuela se vuelve difícil, cuando el contenido es exigente o el desempeño no acompaña.
¿Por qué importa todo esto para pensar la escuela que queremos? Porque PISA no deja lugar a dudas sobre un punto central: allí donde los estudiantes se sienten apoyados por sus docentes, se vuelven más curiosos, más perseverantes y sienten mayor pertenencia hacia su escuela.
Estas actitudes no son un rasgo fijo de personalidad con el que cada chico llega o no llega a la escuela: son terreno fértil para la intervención docente, tanto a través de estrategias didácticas concretas como, sobre todo, del vínculo que cada adulto de la escuela construye con sus estudiantes.
Los resultados de aprendizaje de PISA nos obligan, con razón, a revisar qué estamos enseñando y cómo. Pero la otra PISA nos recuerda que el aprendizaje no ocurre en el vacío: ocurre en estudiantes que sienten curiosidad o no, que persisten o se rinden, que sienten que pertenecen o que están de paso. Si de verdad queremos revertir la caída en los aprendizajes, probablemente tengamos que empezar por ahí: por construir escuelas donde valga la pena ser curioso, donde perseverar tenga sentido, y donde cada estudiante sienta, todos los días, que hay un adulto de la escuela que lo tiene en cuenta.
Mucho se ha hablado en las últimas semanas sobre el pobre desempeño de los estudiantes, a lo largo y ancho del mundo, en las evaluaciones PISA. Argentina no ha estado ajena a la preocupación por la caída en los aprendizajes: el país ha caído en Lectura respecto de 2022, aumentando la proporción de estudiantes (de 55% a 60%) que no alcanzan el nivel satisfactorio. Las diferencias entre cuartiles de ingresos también indican que persiste la segmentación socioeconómica y la influencia de las condiciones de origen en las oportunidades de aprendizaje. En términos generales, Argentina se encuentra por debajo del promedio de la OCDE y por debajo del promedio de América Latina, superada por Chile, Uruguay, Costa Rica, Brasil, México, Colombia y Perú.
En Matemática, los resultados son aún más desalentadores: contra el 34,9% de la OCDE, en Argentina el 75,8% de los estudiantes se encuentra en el Nivel 1 o menor (el valor más alto desde que se mide), y sólo el 0,4% alcanza el nivel de desempeño más alto, muy similar al promedio de América Latina. En esta disciplina también se mantienen marcadas diferencias por cuartil de ingreso.
• Sin embargo, poco se ha hablado de los otros elementos que releva PISA. En principio, la actitud de los estudiantes respecto del aprendizaje. También releva 5 índices que es interesante tener en cuenta:
Dos índices se relacionan con la motivación extrínseca para aprender, es decir, la motivación dada por el gusto mismo y deseo de aprender (a diferencia de la motivación extrínseca, que tiene que ver con la necesidad de desempeñarse bien en las evaluaciones, al temor dea las consecuencias negativas, etc.). Por un lado, el índice de perseverancia; por el otro, el índice de curiosidad.
Respecto de la perseverancia, no se presentan diferencias significativas respecto del promedio de la OCDE. En el índice de curiosidad, nos encontramos por debajo del promedio, a diferencia de países de la región tales como Colombia, Chile, Costa Rica, Guatemala, México, Perú y Uruguay.
PISA relevó esto a través de preguntas específicas como por ejemplo, en qué medida le gusta al estudiante aprender cosas nuevas. En términos globales, se reporta una caída en los niveles de curiosidad respecto de 2022. Argentina no es la excepción. La única pregunta en la que hubo una tendencia opuesta es en qué medida creen que son más curiosos que las personas que conocen, lo que captura no sólo lo que piensan de su entorno sino fundamentalmente el concepto que tienen de sí mismos. Esto nos lleva a preguntarnos el por qué de esa brecha: por qué, si la evidencia de la menor curiosidad es clara, los estudiantes sienten que son más curiosos que antes respecto de sus conocidos.
Un dato interesante es que los estudiantes de grupos más desaventajados reportan mayores niveles de curiosidad que sus pares de contextos más favorecidos, y esto es así en general en los países y economías participantes.
La perseverancia tiene que ver con el esfuerzo sostenido para conseguir un logro. Aquí las preguntas versaron, por ejemplo, sobre en qué medida pueden concluir una tarea que empezaron, si aumentan sus esfuerzos cuando la tarea es desafiante, si se rinden frente a actividades largas.
Aquí también hubo un descenso generalizado en el mundo respecto de 2022, aunque en Argentina se mantuvo prácticamente igual, sin diferencias significativas respecto del promedio de la OCDE.
Los estudiantes que reportan mayor perseverancia, son también los que disfrutan de aprender cosas nuevas. Aquí vemos también cómo la motivación intrínseca opera en favor de la consecución de logros.
También los datos muestran que las mujeres tienden a reportar mayores niveles de perseverancia que los varones.
Otro de los múltiples aspectos evaluados respecto de la actitud del estudiante al aprendizaje es el sentido de pertenencia a la escuela: según lo que concluye PISA,cuanto mayor es la adherencia a la escuela, mejores relaciones se construyen y el estudiante se siente seguro, lo que potencia la motivación, la curiosidad y el desarrollo de una mentalidad de crecimiento. Aquí es gratificante el hallazgo de que los estudiantes en su mayoría reportan sentir que pertenecen a su escuela (con mejoría desde 2022), aunque en los varones esta tendencia es más fuerte (consistentemente entre los países evaluados). El sentimiento de pertenencia no sólo hace que el estudiante quiera aprender, sino que también continúe perseverando cuando la escuela se vuelve difícil.
¿Cómo contribuimos a promover, desde las escuelas, mayor curiosidad, mayor perseverancia y mayor pertenencia a las escuelas? Acá el informe de PISA es contundente: allí donde los estudiantes se sienten apoyados por sus docentes, los estudiantes se vuelven más curiosos, más perseverantes y más cercanos a la escuela. Es decir, estas actitudes pueden ser activamente desarrolladas por los docentes no sólo implementando estrategias didácticas concretas, sino fundamentalmente convirtiéndose en un adulto relevante en el crecimiento de sus estudiantes.