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clarin.com · hace 23 horas · Clarin.com - Home

Por qué Milei cometió un error al decir que la ONU no hizo nada por Malvinas

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En su tercer discurso como presidente ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Javier Milei lanzó este miércoles acusaciones como pocos jefes de Estado hicieron contra el organismo multilateral. Lo trató de “organización inútil” que solo sirve para alimentar “una casta de parásitos, fatalmente arrogantes, disfrazados de burócratas bienintencionados”.

Y aunque manejó con suspicacia el subrayado sobre las contradicciones del Reino Unido cuando apoya la autodeterminación de las Islas Malvinas, pero no la de Escocia, Gales e Irlanda del Norte, lanzó acusaciones históricas contra las Naciones Unidas que merecen ser aclaradas. Porque contienen errores y hasta falacias, al igual que lo que dijo sobre supuestas “políticas sanitarias por encima de la evidencia científica y la soberanía de los Estados” durante la pandemia del coronavirus.

Dijo: “Y como si fuera poco, una organización que se propuso defender la soberanía territorial de sus miembros decidió mirar para el otro lado respecto a la situación de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes”.

Sin embargo, varios especialistas consultados por Clarín advirtieron que la obligación de solucionar las controversias por medios pacíficos entre dos Estados no le corresponde a la Asamblea General, la llamada UNGA/AGNU.

Las únicas resoluciones obligatorias de las Naciones Unidas son las del Consejo de Seguridad, que vela por la paz y la seguridad, bajo el capítulo VII de la Carta del organismo, según lo establecido en su artículo 25. No así las de la Asamblea General.

Entonces, no corresponde que la Asamblea sustituya a los Estados en la búsqueda de una salida concreta. Su función, en el caso de la disputa de soberanía por las Islas Malvinas, fue la de definir el encuadre internacional de la cuestión y señalar que la descolonización exige resolver la disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido mediante negociaciones.

La responsabilidad de transformar ese marco en una solución efectiva recae, desde entonces, sobre las partes.

Por eso no resulta consistente reprochar a las Naciones Unidas una supuesta falta de atención cuando la Argentina dejó de impulsar el tratamiento de Malvinas ante el plenario de la Asamblea General hace décadas y circunscribió su consideración al Comité Especial de Descolonización desde fines de los años 80. La excepcionalidad actual de Malvinas no responde, por lo tanto, a que la Asamblea General se haya negado a tratarla, sino a que no se ha promovido de manera sostenida su regreso a ese foro.

Decir que la ONU no se ocupó de Malvinas también es desconocer que existen varias resoluciones que instan a la Argentina y al Reino Unido a negociar de manera pacífica su conflicto de soberanía.

Las resoluciones “madres” de la Asamblea General de las Naciones Unidas que en buena parte favorecieron el reclamo argentino son:

-La 1514 (XV) de 1960, que habla de Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales. Y establece el principio de descolonización, pero resalta la defensa de la integridad territorial por encima de la libre determinación en casos donde se quiebra la unidad territorial de un Estado. Es un argumento clave de Argentina sobre la expulsión de la gobernación nacional por parte de fuerzas militares británicas en 1833.

-La 2065 (XX) de 1965: Es la primera resolución específica que hace alusión a Islas Malvinas, reconoce oficialmente la existencia de una disputa de soberanía entre el Reino Unido y la Argentina, a los que invita a establecer negociaciones sin demora para encontrar una solución pacífica al diferendo. Y hace alusión -como después la Constitución Nacional de 1994- a los intereses de los habitantes de las islas Malvinas y no a los deseos o la libre determinación, como dijo erradamente el presidente Milei en uno de sus discursos del 2 de abril.

-La 31/49 de 1976: es la que exhorta a las partes a abstenerse de adoptar decisiones unilaterales que impliquen introducir modificaciones en la situación del archipiélago mientras sigan pendientes las negociaciones recomendadas por la ONU. La explotación pesquera y de hidrocarburos que están realizando los isleños y británicos de facto sería un caso de violación a esta resolución.

Si Milei quisiera repetir las resoluciones históricas que obtuvieron sus antecesores en la Asamblea General de la ONU en 1960, 1965 o 1976, entre otras, debería poner a la Cancillería, y a sus diplomáticas a trabajar con cada uno de los 193 miembros del organismo para que voten a favor por la Argentina en algún objetivo.

Por ejemplo, la pequeña isla Mauricio sostuvo durante décadas que el Reino Unido había separado ilegalmente las islas Chagos de su territorio antes de concederle la independencia. Llevó la cuestión al plano jurídico internacional. Y en 2017 consiguió que la Asamblea General de la ONU pidiera una opinión consultiva a la Corte Internacional de Justicia. Y fue ganando todas las instancias hasta que recuperó la soberanía, lo que no significa que los estadounidenses y británicos se vayan de la isla Diego García, que es parte del archipiélago de Chagos.

El Reino Unido se negó sistemáticamente a cumplir con las resoluciones, aunque hay que reconocer que, hasta que la dictadura argentina resolvió la reconquista por la vía militar en 1982, hubo voluntad británica de negociar aspectos como los acuerdos de comunicación de los años setenta, interrumpidos.

Después de la guerra de 1982, las resoluciones favorables a la Argentina ante la Asamblea fueron perdiendo fuerza, si se quiere, apoyos, porque el escenario global también cambiaba. Hubo varias, hasta que, a fines de los 80, principios de los 90, el escenario de triunfo quedó muy reducido al Comité de Descolonización, el llamado C24:

Este es el que sigue apoyando a la Argentina por consenso una resolución que ratifica los términos de la Resolución 2065 e insta a la reanudación del diálogo bilateral. Reino Unido envía a los isleños, y estos defienden su derecho a la autodeterminación.

Natasha Niebieskikwiat

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