La visita de León XIV trae al presente las profecías de Don Orione
En el itinerario de la visita del Papa León XIV a la Argentina, uno de los lugares previstos por el cronograma del viaje es un complejo asistencial donde reside una multitud de discapacitados con graves problemas físicos y mentales que no han encontrado acogida en ningún lugar de la sociedad. Son los últimos de los últimos que, según una promesa evangélica, serán los primeros.
Este lugar de dolor situado en Claypole, en el corazón del conurbano, es un fruto de la ardiente caridad de sentido social de San Luigi Orione, el sacerdote italiano que inició su vocación de servicio a los más desamparados con san Giovanni Bosco, el fundador de la congregación salesiana. Inspirado en su paisano José Benito Cottolengo, años más tarde Orione fundó la Pequeña Obra de la Divina Providencia, hoy extendida por diversos países.
El Cottolengo de Claypole fue promovido por el santo durante su estancia en la Argentina (donde vivió alrededor de tres años). Finalmente, murió en 1940 y fue canonizado en 2004 por san Juan Pablo II.
No han faltado las especulaciones políticas alrededor de la visita del Papa León XIV ni tampoco las que han considerado esta circunstancia para vincularla también a una intencionalidad partidaria o al menos a reinterpretarla políticamente, toda vez que se han descubierto casos de corrupción precisamente relacionados con fondos públicos destinados a atender la discapacidad.
Ciertamente en el Cottolengo no se respiran aires electorales ni ninguna otra cosa que no sea la más pura misericordia con quienes están marcados por el sufrimiento del dolor humano en sus más concretas expresiones. Es el escenario de una fiesta del amor cristiano.
En su última visita al país, Orione viajó con el cardenal Eugenio Pacelli, futuro Papa Pío XII, a la sazón legado pontificio al Congreso Eucarístico Internacional que se realizó en Buenos Aires en octubre de 1934. Pacelli fue recibido con todos los honores por un masón, el entonces presidente Agustín Pedro Justo. El Congreso configuraría el escenario de una explosión de religiosidad que sorprendió a la misma jerarquía eclesiástica.
La prensa clandestina. Según un comentario en voz baja que nunca fue reconocido abiertamente por las autoridades eclesiásticas, le eran atribuidas a Don Orione unas predicciones de hondo dramatismo relacionadas con la vida nacional. Algunas de ellas las formuló durante su estancia porteña con motivo del Congreso eucarístico. Las profecías eran conocidas sólo en el ámbito de la Pequeña Obra de la Divina Providencia.
En su última visita al país, Orione viajó con el cardenal Eugenio Pacelli, futuro Papa Pío XII y egado pontificio al Congreso Eucarístico Internacional que se realizó en Buenos Aires en octubre de 1934"
Las predicciones se divulgaron de boca en boca, pero adquirieron popularidad al ser publicadas en panfletos que circularon subrepticiamente entre los opositores al régimen. Estos libelos eran escritos de corte subversivo y formaron parte de una prensa clandestina que era leída secretamente en ambientes antiperonistas.
Los panfletos representaron una versión local de la literatura prohibida por el régimen comunista en la Guerra Fría, que circulaba secretamente mediante copias de factura casera conocida como Samizdat.
Las predicciones se divulgaron de boca en boca, pero adquirieron popularidad al ser publicadas en panfletos que circularon subrepticiamente entre los opositores al régimen"
Todavía está por escribirse una historia de los panfletos, cuya naturaleza es un recurso que en toda guerra que se precie cumple una función complementaria del lenguaje de las armas. Recuérdese la llamada Guerra de Zapa, que San Martín organizó valiéndose de rumores para desorientar a las fuerzas realistas con motivo del cruce de la Cordillera de Los Andes, o más recientemente Liberty, la radio por la que, mediante la voz femenina de Silvia Fernández Barrio, los servicios de inteligencia trataron de convencer a los soldados británicos de la legitimidad de los derechos argentinos durante la campaña de Malvinas.
El relato era escalofriante y describía la profanación y destrucción de templos, a la que se sumaría el derramamiento de sangre..."
El esquivo final feliz. Según Enzo Giustozzi, un reconocido biblista y uno de los fundadores de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, que fue miembro de la congregación orionita, las profecías del fundador se interpretaron en clave antiperonista al ser utilizadas para bombardear las conciencias de la población con el anuncio de una inexorable secuencia de hechos que, según ellas, culminaría nada menos que con el ajusticiamiento del jefe político, supuestamente el mismo Juan Domingo Perón.
El relato era escalofriante y describía la profanación y destrucción de templos, a la que se sumaría el derramamiento de sangre en un crescendo que, en el más puro estilo de las tragedias griegas, la historia era rematada con un final rimbombante en el que el todopoderoso presidente de la nación sería ahorcado. La salvación, según el santo, iba a provenir del centro de la República. El centro geográfico de la Argentina es la provincia de Córdoba, que fue el punto de ignición del golpe militar.
Finalmente, el mensaje preanunciaba una Argentina cristiana y floreciente, referenciada como la luz del mundo, pero esta última parte, al menos, no fue así. Ese destino peraltado que como los oasis parece alejarse cuando los argentinos nos ilusionamos que sucederá, continúa siéndonos esquivo. Es un futuro dorado que los argentinos entre suspiro y suspiro todavía estamos esperando.