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infobae.com · hace 10 horas · Erica Bianquet

Cuando lo saludable era tamaño cassette

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Me subí al trend de los 80. Me vi con esa estética que hoy vuelve a aparecer en las redes. Y mientras miraba la imagen pensé: si vamos a viajar al pasado, ¿por qué no mirar también qué pasaba con nuestra alimentación?

Los años 80, y después los 90, trajeron muchos cambios a la mesa. Empezaron a ganar espacio los productos diet y, más tarde, los light. La margarina escaló posiciones como una alternativa que parecía más saludable que la manteca y el salvado vivió su momento de gloria. Los edulcorantes, que ya existían desde mucho antes, empezaron a instalarse cada vez más en el consumo cotidiano. Después llegarían con más fuerza los cereales para el desayuno, los yogures descremados y las galletitas con fibra. De a poco, las góndolas se fueron llenando de productos que ya no se elegían solamente por gusto o practicidad: ahora también había una promesa de salud detrás.

Eran tiempos de cassette, de rebobinar con una birome y de dietas que casi tenían nombre y apellido según sus calorías: la de 1500, la de 1800. Esa mirada también llegaba a los consultorios. Algunas recomendaciones se incorporaban, otras se discutían. Como profesionales de la salud trabajamos con la evidencia disponible, que cambia con el tiempo.

Muchos de esos productos formaron parte de las recomendaciones de la época. Con los años, la ciencia avanzó y algunas miradas también cambiaron. Aprendimos que “light” no es sinónimo de saludable, que no todas las grasas son malas y que agregar fibra a un producto tampoco lo transforma automáticamente en una buena elección. Décadas después, las cuentas son otras: hablamos de gramos de proteína, carbohidratos, horas de ayuno o pasos por día. Pero ningún número, por sí solo, define una buena alimentación.

Algo parecido pasó con los alimentos. Algunos de aquellos siguen en nuestra mesa, otros perdieron protagonismo y muchos fueron reemplazados por nuevas estrellas.

Porque si algo no cambió desde los 80 hasta hoy es nuestra fascinación por los alimentos de moda. Cambian los envases y las promesas: “enriquecido con”, “fuente de”, “con fibra”, “con vitaminas”, “con probióticos”. Hoy tenemos góndolas enteras de productos “con proteína”, yogures y postres hiperproteicos, bebidas vegetales, cúrcuma en todas sus versiones, semillas de chía, kombucha o productos que hasta hace unos años casi nadie consumía.

No significa que sean malos ni que no puedan formar parte de una alimentación saludable. Pero que algo esté de moda o prometa beneficios no lo vuelve imprescindible. Mirar lo que comíamos en los 80 también ayuda a poner en perspectiva lo que hoy parece extraordinario. Por eso, con los alimentos de moda, prefiero esperar un poco antes de subirme al trend.

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