Vaca Muerta, minería y agro invierten, pero la metalurgia no despega: la industria espera un derrame que aún no llega
Vaca Muerta avanza, la minería suma proyectos y el agro mantiene inversiones en tecnología y equipamiento. Sin embargo, esa dinámica todavía no alcanza para sacar a la metalurgia argentina del terreno negativo.
Los últimos datos de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA) muestran una paradoja: algunas de las actividades que concentran buena parte de los proyectos de inversión del país no están logrando traccionar, al menos por ahora, una recuperación equivalente en sus proveedores industriales.
En agosto, la actividad metalúrgica cayó 6,1% interanual y 3,9% frente a julio, mientras acumula una contracción de 5,6% en lo que va del año.
Pero el dato más llamativo aparece al mirar qué ocurre dentro de las principales cadenas de valor. La producción metalúrgica vinculada con Petróleo y Gas retrocedió 4,4% interanual; Minería, 6,4%; y la cadena Agrícola, 7,9%. Al mismo tiempo, Bienes de capital, uno de los rubros más ligados a decisiones de inversión, sufrió una caída todavía mayor: 11,1% interanual.
Elio Del Re, titular de ADIMRA, aseguró a PERFIL que “El dato de agosto preocupa porque la caída ya alcanza prácticamente a todos los sectores, incluso a algunos que venían mostrando mayor dinamismo, como agro y energía. El principal problema sigue siendo la debilidad de la demanda y la falta de señales claras de recuperación.”
La pregunta que deja ese cuadro es evidente: ¿por qué los grandes proyectos no se traducen en una mejora más fuerte de la industria metalúrgica local?
Para Federico Pablo Vacalebre, economista y docente de UCEMA, una parte de la explicación está en los tiempos, pero no alcanza para entender el fenómeno completo.
“Sí, el rezago temporal es una parte, pero no explica todo. También hay un problema de cómo está compuesta la inversión y cuánto de esa inversión se traduce efectivamente en demanda para proveedores locales”, explicó.
Según Vacalebre, actividades como Vaca Muerta, la minería y parte del agro son muy intensivas en capital, pero eso no significa que cada dólar invertido se transforme en un aumento equivalente de producción industrial argentina.
“Una porción relevante de los equipos, tecnología y bienes de capital puede provenir del exterior o de proveedores muy especializados. Entonces, una inversión grande no necesariamente implica, peso por peso, un aumento equivalente de producción metalúrgica local”, señaló.
Ese punto ayuda a explicar por qué pueden convivir dos realidades que, a primera vista, parecen contradictorias: grandes proyectos de inversión por un lado y una metalurgia agregada que sigue en contracción por el otro.
Vacalebre introduce además otra diferencia importante: el derrame no es homogéneo dentro del propio sector metalúrgico.
“Algunos proveedores vinculados directamente con energía o minería pueden estar creciendo, mientras el promedio de la metalurgia sigue cayendo porque otros segmentos, como consumo, construcción o maquinaria, continúan débiles”, explicó.
Los números de ADIMRA reflejan esa heterogeneidad. El mayor retroceso por cadena de valor en agosto se registró en Consumo Final (-9,6%), seguido por Construcción (-8,2%) y Agrícola (-7,9%). También cayeron minería, petróleo y gas, energía eléctrica, alimentos y bebidas y automotriz.
Entre los proveedores, las bajas alcanzaron a Construcción (-9,3%), Consumo Final (-8,8%), Agrícola (-6,5%), Automotriz (-4,7%), Petróleo y Gas (-4,5%), Alimentos y bebidas (-3,5%), Minería (-3,4%) y Energía Eléctrica (-2,1%).
Por eso, aun cuando algunos nichos ligados a Vaca Muerta o a proyectos mineros puedan mostrar mayor actividad, el efecto todavía no alcanza para modificar el resultado general.
Aparece además otro problemaasociado, en tanto para captar la demanda de los grandes proyectos, las propias empresas metalúrgicas necesitan invertir.
Eso implica incorporar tecnología, financiar capital de trabajo, ampliar capacidad y cumplir con estándares técnicos específicos.
“Para que la inversión de esos sectores termine generando nueva capacidad industrial local, las empresas proveedoras tienen que decidir invertir, financiar capital de trabajo, incorporar tecnología y cumplir estándares técnicos”, planteó Vacalebre.
Y agregó: “Con demanda interna débil y condiciones financieras todavía exigentes, ese proceso puede demorarse incluso aunque existan grandes proyectos de inversión”.
Su conclusión es que el fenómeno no debería leerse simplemente como una ausencia de derrame.
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“No es que las inversiones no derramen. El derrame puede ser parcial, concentrado y más lento que la propia inversión. Por eso puede convivir un boom de proyectos en sectores puntuales con una metalurgia agregada todavía en contracción”, resumió.
Por su parte, la economista Natalia Motyl plantea una interpretación más dura. A su juicio, el problema no pasa sólo por los tiempos de maduración de las inversiones, sino también por la composición de esas inversiones y el peso de los bienes importados.
“El problema de fondo es que la dinámica de inversiones en hidrocarburos y minería está funcionando como un esquema de enclave”, sostuvo.
Según Motyl, una parte importante del equipamiento, los módulos y los bienes de capital que demandan los nuevos proyectos proviene del exterior, lo que reduce el impacto sobre la cadena industrial argentina.
“Al final del día, el dólar que entra por inversión se vuelve a ir para financiar proveedores del exterior, dejando afuera a la red de valor industrial de la Argentina”, afirmó.
La economista puso especialmente el foco en la competencia de fabricantes chinos de bienes de capital y equipamiento industrial, que operan con mayores escalas de producción.
A eso, sostuvo, se suma un tipo de cambio real que favorece el ingreso de productos importados frente a empresas locales que enfrentan una elevada carga impositiva y mayores costos internos.
En Buenos Aires, donde la actividad metalúrgica cayó 7,3% interanual, las empresas consultadas mencionaron entre los factores que explican el deterioro a los menores pedidos y la competencia importada.
Para Motyl, la dificultad no se limita al precio del producto importado. También incluye las condiciones de financiamiento.
“Mientras un competidor chino opera con financiamiento blando y subsidios estatales, la pyme argentina lidia con volatilidad, costos altos en dólares y falta de liquidez”, señaló.
Desde esa perspectiva, para que las inversiones en energía y minería tengan un efecto mayor sobre la industria manufacturera sería necesario fortalecer el desarrollo de proveedores locales.
“Sin esquemas de incentivos ni desarrollo de proveedores locales, este modelo primario extractivo va a seguir creciendo de espaldas a la industria manufacturera nacional”, advirtió Motyl.
La paradoja entre grandes proyectos y debilidad manufacturera se vuelve todavía más visible cuando se observa la utilización de las fábricas.
En agosto, la metalurgia trabajó con apenas 39,6% de utilización de su capacidad instalada, 5,2 puntos porcentuales menos que un año atrás. ADIMRA ubicó ese nivel entre los más bajos de su serie histórica y lo comparó con los valores registrados en la salida de la pandemia de 2020.
En términos concretos, significa que seis de cada diez unidades de capacidad productiva permanecieron sin utilizar.
“La producción metalúrgica continúa sin mostrar una recuperación significativa, demostrado en que seis de cada diez unidades de capacidad productiva permanecieron sin utilizar y no permite vislumbrar un horizonte de recuperación”, advirtió Elio Del Re, presidente de ADIMRA.
El dirigente también puso el foco sobre un problema que comienza a crecer dentro de las empresas.
“La demanda continúa mostrando comportamientos heterogéneos entre los distintos sectores productivos y esta situación también comienza a reflejarse en la capacidad financiera de las empresas: el 10,3% de las firmas metalúrgicas registra atrasos en sus obligaciones”, señaló.
Al respecto, indicó: “Que el 10,3% de las empresas registre atrasos y que la mayoría no espere aumentar la producción es una señal de alerta. Si esta situación se prolonga, puede generar mayores tensiones financieras y también sobre el empleo. Por eso es clave recuperar actividad, financiamiento e inversión para evitar que se deterioren capacidades industriales construidas durante muchos años.”
En tanto, desde la Asociación de Industriales de la Provincia de Buenos Aires (ADIBA), su presidente Silvio Zurzolo advirtió que la crisis industrial combina varios frentes al mismo tiempo, aunque identificó a la caída de las ventas como el principal problema. A eso sumó la competencia desigual con productos importados, la elevada carga impositiva local y las dificultades de las pymes para reponer materia prima y sostener el nivel de producción.
“Hoy la pyme industrial está buscando financiamiento para pagar los sueldos, para poder comprar materia prima y seguir produciendo”, señaló Zurzolo. Y alertó que la recesión puede derivar en un problema financiero y laboral más profundo: muchas empresas intentan preservar el empleo todo lo posible, especialmente en el interior bonaerense, pero cuando ya no logran sostenerse “lo más probable es que aguanten todo lo que puedan y que un día bajen la persiana y cierren”.
Para el dirigente empresario, la salida requiere un esquema de largo plazo. “Necesitamos políticas de Estado”, planteó, con un programa de productividad sostenido en el tiempo que permita mejorar la competitividad y dar previsibilidad a la industria.