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infobae.com · hace 21 horas · Diego A. Estevez

Triunfo parcial de la AfD de Alice Weidel y colapso de la CDU gobernante

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La ultraderechista Alice Weidel ganó este domingo, pero no se adjudicó Alemania. Friedrich Merz, en cambio, perdió bastante más que dos elecciones regionales.

Las primeras proyecciones dibujaron una Alemania políticamente dividida. En Mecklenburg-Vorpommern (Mecklemburgo-Pomerania Occidental), AfD se apunta primera con alrededor del 38%, en una carrera muy ajustada con el SPD. En Berlín, el paisaje es otro: Die Linke (La Izquierda) gana ampliamente; la CDU queda segunda y AfD, aunque mejora respecto de 2023, tercera con entre el 14% y el 16%, según las proyecciones de hoy lunes de madrugada.

Para Weidel hay champagne. Su partido más que duplica el 16,7% conseguido en Mecklenburg-Vorpommern en 2021 y avanza también en la cosmopolita Berlín. Pero 14-16 no es 38. La jornada demuestra simultáneamente la potencia extraordinaria de AfD en el Este y los límites que todavía encuentra cuando intenta convertir esa ola oriental prosoviética en una mayoría política alemana.

En Mecklenburg-Vorpommern, la CDU de Merz obtiene alrededor del 5%. Es el peor resultado de los democráticos en cualquier elección regional desde la fundación de la República Federal, en 1949, luego de finalizada la guerra.

Merz no intentó maquillarla: habló de un “desaster” (desastre) y admitió que el resultado no podía embellecerse. Pero inmediatamente anunció que seguirá adelante y acelerará las reformas.

Es comprensible: cuando el partido que gobernó Alemania durante buena parte de su historia aparece rozando el 5% en un Land (estado federado), la velocidad deja de ser una preferencia y comienza a parecer una necesidad.

La crisis tampoco nació esta noche. Tras el desastre previo de Sajonia-Anhalt, los ocho Ministerpräsidenten (gobernadores) de la CDU consideraron necesario publicar de antemano una declaración conjunta respaldando a Merz. El canciller incluso canceló su viaje a Nueva York para la Asamblea General de Naciones Unidas porque su presencia era requerida en Berlín.

Y existe ya disidencia explícita. Clara von Nathusius, tesorera de la Junge Union (Juventud Democristiana), dijo hace una semana que con este canciller “ya no se pueden ganar elecciones”.

¿Caerá Merz antes de Navidad? No hay elementos para afirmarlo. Pero la pregunta ha dejado de ser una fantasía periodística y entra en el terreno de lo plausible.

El canciller alemán Friedrich Merz

Aquí reaparece inevitablemente Markus Söder, Ministerpräsident de Baviera y presidente de la CSU.

Söder respalda públicamente a Merz. Hace apenas una semana aseguró que la CSU “de ninguna manera” participará en un derribo del canciller. Preguntado por una posible rebelión dentro de la propia CDU, respondió con exquisita precisión bávara: “De la CDU no soy responsable”.

Una frase para guardar. Porque Söder ha abierto simultáneamente otra discusión. Su diagnóstico sobre la estrategia utilizada contra AfD es brutalmente sencillo:

“Das Konzept Brandmauer ist gescheitert”: “El concepto del Brandmauer (cordón sanitario) ha fracasado”.

No propone gobernar con AfD. Propone combatirla políticamente. Utilizando una metáfora futbolística, reclamó entrar más en los Zweikämpfe (en la gambeta) y confrontar directamente sus propuestas: “Veamos si pueden hacerlo mejor”.

En el Bundestag (Parlamento) le atribuyen, sin verificación, aquella deliciosa frase de que “a la ultraderecha hay que darle un buen derechazo”. Una pena: era magnífica. Pero con su formulación auténtica dice prácticamente lo mismo con bastante más sobriedad alemana.

Y los números explican la inquietud. La última encuesta nacional de YouGov, realizada entre el 11 y el 14 de septiembre entre 1.787 entrevistados, colocó a AfD en 29% y CDU/CSU en 18%. Es una encuesta, no una elección, y YouGov situaba a la Union por debajo del promedio de otros institutos. Pero once puntos son difíciles de esconder debajo de una alfombra.

Durante décadas, una porción importante de la maquinaria industrial alemana disfrutó de energía rusa abundante y relativamente barata. AfD propone ahora una receta seductoramente sencilla: levantar las sanciones energéticas, recuperar el gas ruso y normalizar la relación económica con Moscú.

Se abre una válvula en Rusia y, como por encanto, vuelven la BASF competitiva, las acerías, los automóviles baratos y aquella Alemania que parecía fabricar superávits comerciales con la misma facilidad con que fabricaba Mercedes.

Sólo existe un pequeño inconveniente. Por la reapertura de un tubo no respira Alemania. Respira por un tubo.

La productividad, la demografía, la inmigración descontrolada, la inversión, la baja productividad, el atraso digital y tecnológico, la regulación insoportable y la competencia china tienen la desagradable costumbre de no circular por gasoductos.

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Eso tampoco significa que el precio de la energía sea irrelevante. Todo lo contrario: Europa llega al invierno con reservas de gas excepcionalmente bajas y precios sometidos a fuertes tensiones. Alemania es particularmente vulnerable. Precisamente por eso la propuesta rusa resulta políticamente tan atractiva: ofrece una respuesta comprensible a un problema auténtico.

Uno puede imaginar a Kirill Dmitriev sonriendo en la oligárquica Rublyovka, en las afueras de Moscú.

La imagen no sale completamente de la literatura. Una investigación de la Fundación Anticorrupción fundada por Alexéi Navalny atribuyó al entorno familiar de Dmitriev una mansión de unos 1.500 metros cuadrados en Barvikha, valorada en aproximadamente 1.250 millones de rublos y formalmente registrada a nombre de su suegra. Es una alegación de esa investigación, no una constatación judicial.

Desde semejante escenario, el sueño geopolítico debe resultar tentador: Alemania regresando al gas ruso, AfD sentada a la mesa y Nord Stream 2 emergiendo otra vez del fondo del Báltico.

Y Dmitriev tiene motivos para sonreír. Es jefe del Russian Direct Investment Fund (RDIF) y representante especial de Putin para la cooperación económica internacional. Reuters informó que se prepara un posible encuentro en 2027 entre Dmitriev y dirigentes de AfD para discutir el regreso del gas ruso. Los organizadores incluso contemplan la eventual presencia del “duo dinámico todo terreno” Jared Kushner y Steve Witkoff si previamente existe un marco de paz para Ucrania. Eso último es una aspiración de los organizadores: no prueba que Kushner o Witkoff hayan aceptado participar.

No hacen falta samovares, cortinas de terciopelo rojo ni conspiraciones nocturnas.

La convergencia de intereses está a plena luz del día. Moscú quiere recuperar mercado e influencia económica. AfD sostiene que restablecer la energía rusa ayudaría a recuperar la competitividad. Una Alemania industrial angustiada por sus costos proporciona el público perfecto.

Y en medio aparece nuevamente Nord Stream 2, probablemente el gasoducto más famoso de la historia por el gas que nunca llegó a transportar comercialmente.

La posibilidad de capital estadounidense tampoco pertenece a una novela de espionaje. El inversor estadounidense Stephen P. Lynch manifestó interés en adquirir el activo. El canciller ruso Lavrov afirmó después que Estados Unidos pretendía hacerse con el control de los gasoductos, aunque no presentó pruebas de semejante plan oficial.

No existe evidencia pública de que Donald Trump haya ordenado a Lynch —o a algún amigo— comprar Nord Stream 2. Mucho menos de que exista un testaferro operando por encargo presidencial.

Pero el escenario merece atención porque la paradoja sería formidable: gas ruso, una tubería ruso-alemana y una etiqueta estadounidense pegada encima.

 La colíder del AfD, Alice Weidel

La Unión Europea aprobó eliminar progresivamente las importaciones de gas ruso para 2027; Nord Stream 2 AG ha demandado a la UE contra esa legislación. Además, quedan las sanciones, la certificación alemana, Gazprom, contratos y regulación europea. Solo una de las líneas de Nord Stream 2 permanece intacta.

La próxima gran cita institucional de la CDU será la Bundesversammlung (Asamblea Federal), que elegirá al presidente alemán el 30 de enero de 2027. Después comienza una primavera electoral despiadada: Saarland y Schleswig-Holstein, 18 de abril; Nordrhein-Westfalen, 25 de abril; Bremen, 30 de mayo; Niedersachsen, 26 de septiembre. Las próximas elecciones federales ordinarias corresponden a 2029.

El congreso federal ordinario de la CDU ya se celebró en Stuttgart los días 20 y 21 de febrero, cuando Merz fue reelegido presidente partidario con 91,2%. Su problema ahora no es ganar otro congreso: es conservar autoridad suficiente para llegar fortalecido al próximo ciclo electoral.

Puede celebrar Mecklenburg-Vorpommern. Puede celebrar el avance berlinés. Puede exhibir el 29% de YouGov. Pero 14-16% en Berlín sigue sin ser alrededor del 38% en Mecklenburg-Vorpommern, y AfD continúa encontrando enormes dificultades para transformar primeras posiciones electorales en gobiernos debido al rechazo de los demás partidos a coaligarse con ella.

Por eso el triunfo de Alice Weidel es parcial. El desastre de la CDU es bastante menos ambiguo.

Y debajo del Báltico vuelve a aparecer Nord Stream 2, convertido por algunos en una suerte de flauta mágica de acero capaz de devolver a Alemania la prosperidad perdida.

El problema es bastante más prosaico. Por un tubo puede volver a pasar gas. Por un tubo no vuelve a pasar la Historia.

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