Paisaje encantado
“¡Ya estoy contigo! Suave es la noche, acaso esté la Reina Luna ya en su trono”. El verso de John Keats es la invocación a la penumbra en su “Oda a un ruiseñor” y se vuelve materia visual en la propuesta de Silvana Muscio, titulada Suave es la noche. Es un ensayo instalativo donde el paisaje cede su nitidez geométrica para dar lugar a una experiencia puramente perceptiva. A través de registros de atardeceres y amaneceres, el destello solar deja de ser un factor de claridad plena y se transforma en una transición cromática hacia lo incierto.
El título arrastra un doble eco literario que la autora subvierte con lucidez. Si por un lado remite a la opulencia trágica y al desencanto moderno de la novela de Scott Fitzgerald, por el otro devuelve a la raíz poética de Keats. Pero mientras el escritor estadounidense tradujo la sombra en un conflicto de la mirada social, Muscio prefiere la literalidad botánica y umbría del romanticismo. No hay drama urbano ni decadencia en estas tomas, sino una austeridad orgánica que se refugia bajo el amparo crepuscular. Esta atmósfera encuentra un correlato en una puesta en escena teatral e íntima. El espacio, configurado con sutiles cortinados, envuelve al visitante y altera la escala de la sala. En el corazón del montaje, una de las obras principales se proyecta de forma directa sobre una tela, decisión que diluye los límites rígidos del encuadre tradicional.
Es allí donde el soporte técnico altera su propia lógica. Frente a la quietud biológica, se postula otro sentido mediante la materialidad de piezas capturadas y reproducidas en pantallas de iPads. Emerge una contradicción fundamental entre el tiempo y la velocidad de los dispositivos. El brillo de cristal imanta el ojo hacia una oscuridad que exige una desaceleración total que deja paso, aunque trabajoso, a que las formas y los colores se adhieran a la retina.
La muestra curada por Irene Gelfman puede verse en Ungallery, Ministro Brin 1335, La Boca