Por qué estamos mal si estamos tan bien (el acoso de la realidad sobre el relato oficial)
Todas las encuestas conocidas en las últimas semanas que preguntan sobre la situación económica de las personas ubican en un rango de entre el 60% y el 70% a quienes dicen estar peor que antes; y entre un 50% y un 60% a quienes suponen que dentro de un año estarán igual o peor que hoy.
Por qué si estamos tan bien como el Gobierno asegura, se siente tan distinto. Por qué las personas todavía no perciben los beneficios de “la mayor revolución económica de la historia de la humanidad”. Por qué si el mundo admira al Presidente, como dice el Presidente, un porcentaje tan elevado de argentinos no advierte que esa admiración esté derramando en una mejor calidad de vida. ¿Será una cuestión de mala comunicación oficial para mostrar sus logros o será que no hay forma de mostrar bien lo que está mal?
Los últimos índices económicos parecen sustentar el malestar que las encuestas registran…
En el segundo trimestre del año, el PBI descendió el 0,6% con respecto al trimestre anterior. El consumo privado retrocedió 2,4% y el consumo público, un 2,3%. La inversión cayó otro 0,8%.
Lo de la inversión es preocupante. Acumula cinco trimestres de contracción y un desplome de 11% frente a un año atrás. ¿Por qué la inversión sigue bajando cuando el Gobierno impulsa un RIGI con resguardos legales para los inversores y amplios beneficios impositivos con los que no contaron quienes vinieron invirtiendo hasta ahora en el país?
Lo más curioso es que la inversión actual está un 14% por debajo de la que hubo en el tercer trimestre de 2023, cuando el país no solo era gobernado por “los malditos y asquerosos kukas”, sino por “el peor gobierno de la historia”, el de Alberto Fernández.
¿Cómo hay que leer semejante caída? ¿Antes los inversores confiaban más que ahora, cuando gobierna alguien aplaudido por empresarios nacionales e internaciones? De hecho, el actual nivel de inversión ronda el 17% del PBI, un número similar al de la pandemia.
Si en las próximas elecciones el Gobierno va a usar el “fantasma kuka” para conseguir el voto de quienes temen volver al pasado, se tiene que asegurar bien de que la comparación con ese pasado le resulte favorable.
La gestión anterior atravesó dos años de pandemia con empresas paralizadas o semiparalizadas y un tercer año de sequía que le hizo perder US$ 7.000 millones a las arcas del Estado y US$ 20.000 millones al sector agroexportador.
Las estimaciones privadas pronostican para julio una caída de la actividad económica superior a la del último trimestre. El nuevo Presupuesto 2027 corrigió a la baja el crecimiento final del PBI de 2026, situándolo en el 3%, cuando en el anterior Presupuesto preveía un 5%. Incluso, el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central pronostica un crecimiento de solo 2% (la proyección original era de 3,5%). Un módico aumento sustentado fuertemente en el auge de la minería, el agro y la intermediación financiera.
Menos empleo y salarios. Otra comparación ingrata es la de la desocupación. Esta semana el Indec también informó que volvió a crecer. Ahora se colocó en el 7,9%, representando a más de 1,8 millones de personas sin empleo. Cuando Milei asumió, ese porcentaje era de 6,1%. Y cuando el país salió de la pandemia, la desocupación trepaba al 6,8%. Un 16% menos que la actual.
En cantidad de personas, las últimas cifras que aparecen en la página oficial del Ministerio de Capital Humano señalan que en diciembre de 2023 había 13.364.000 trabajadores (entre asalariados del sector público y privado, empleados de casas particulares, autónomos y monotributistas) y en la actualidad hay 12.773.000. Lo que representa una pérdida total de 591.000 empleos.
… Entre el 60% y el 70% de las personas dicen estar peor que antes y prevén que eso no mejorará
La otra cara del desempleo es el cierre de empresas: fueron 31.300 en los mil días de Milei.
Como un símbolo del momento, el lunes pasado una parrilla que se dispone a abrir sus puertas en Berazategui publicó un aviso para contratar a quince empleados (cocineros, mozos, lavacopas). El sueldo promedio ofrecido fue de $ 800.000 brutos. La foto se hizo viral: hubo cinco cuadras de una cola que se prolongó por diez horas.
La crisis destruye empleos y poder adquisitivo. En el último trimestre medido, los salarios privados perdieron el 3,6% frente a la inflación. Los públicos nacionales perdieron el 2% en tres meses y 7% en un año.
Un combo que influyó en otra mala noticia conocida el viernes: la morosidad de las familias volvió a crecer (también subió la de las empresas). Es más del doble de la del año pasado y la mayor en dos décadas. Son más de 6 millones de personas que no pueden pagar sus deudas a tiempo.
La destrucción de puestos de trabajo se relaciona con otro de los índices conocidos esta semana, el del uso de la capacidad instalada de las industrias.
Un índice que refleja que cuanto mayor es el porcentaje de uso de las maquinarias existentes, más se está trabajando. Hoy, ese porcentaje cayó al 58,2%, representando una caída tanto intermensual como interanual.
En julio de 2021, en plena pandemia, ese porcentaje dio 64,1%. En julio de 2023, 65%.
Más ajuste. Hasta la inflación, que es el leitmotiv presidencial, manda señales contradictorias.
Durante toda su campaña 2023, Milei declaró que como no habría emisión monetaria ni déficit desde el primer día de su gestión (y la inflación, según él, es un fenómeno estrictamente monetario), el IPC inevitablemente llegaría a cero en los siguientes 18 a 24 meses.
Si de verdad no hay emisión, con superávit fiscal, con el dólar planchado y hasta con una crisis de consumo que puede funcionar como ancla natural frente a los aumentos de precios, ¿por qué la inflación no es cero? ¿Qué está fallando en el manual de esta escuela austríaca sui generis?
La inflación promedio anual entre los años 2003 y 2019 (gestiones kirchnerista y macrista) fue del 24%, si se toma en cuenta las mediciones privadas o del llamado IPC Congreso de la época en que el Indec estaba sospechado de influencia política (de lo contrario, el promedio anual descendería a 18%). Salvo durante la gestión Kirchner-Lavagna, después se alternaron años de déficit fiscal y emisión monetaria.
Se supone que esas distorsiones monetaristas hoy quedaron en el pasado. Sin embargo, este año la inflación terminará siendo del 30%. El triple de lo previsto en el Presupuesto 2026 y casi idéntica a la de 2025.
En julio, los precios mayoristas habían crecido el 0,8%, lo que fue aprovechado por Milei para decir que al final se cumplía su pronóstico del año pasado de que agosto daría con un cero adelante, aunque en realidad él siempre se había referido a la inflación minorista (que en agosto dio 1,7%). El problema es que la medición mayorista de agosto pasó de aquel 0,8% a más de 2%.
Aún faltan quince meses para que Javier Milei concluya su mandato. Todavía tiene tiempo para demostrar el éxito de sus dos grandes teorías. Que el circuito del ajuste permanente acabará con la inflación para luego generar desarrollo y empleo, en lugar de lo contrario. Y que debe terminar de destruir al Estado para que a los argentinos les vaya bien.
Si todo sale de acuerdo al plan, quizá pueda convencer a una mayoría de que necesitará otros cuatro años para concluir la obra que dice que Dios le encomendó.