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perfil.com · hace 6 horas · Rodrigo Lloret

El peligroso mensaje de Bullrich y el fantasma de las primarias que hunden presidentes

Rodrigo Lloret

Hay una regla no escrita en la política, que la historia confirma con cierta incomodidad: cuando un presidente en ejercicio, técnicamente disponible para la reelección, es desafiado dentro de su propio espacio, la afrenta no se explica por una crisis sino que es su síntoma. Para decirlo de manera más explícita: nadie le disputa la candidatura a un presidente exitoso. La competencia interna aparece solo cuando la economía se resiente, cuando la gestión pierde consenso social o cuando el electorado que llevó al poder a ese mandatario empieza a mirarlo con desconfianza. En todo eso es en lo que está pensando Patricia Bullrich por estas horas.

En Estados Unidos, país en el que las primarias tienen mayor antecedente, el ejemplo es elocuente: los presidentes que llegaron a una elección con una interna significativa, terminaron derrotados en la elección presidencial, sin importar que le hayan ganado a su contrincante interno. George H. Bush triunfó en la batalla republicana frente a Pat Buchanan en 1992 pero luego perdió ante Bill Clinton la presidencial. Jimmy Carter resistió el desafío de Ted Kennedy en 1980 pero cayó ante Ronald Reagan. Gerald Ford sobrevivió por muy poco a Ronald Reagan en la interna republicana de 1976 pero fue superado por Carter. Y Lyndon Johnson, el caso inaugural de esta serie, ni siquiera llegó a competir: después de un magro triunfo como candidato en la primaria de New Hampshire de 1968 contra Eugene McCarthy —49% a 42%, un resultado humillante para un presidente en funciones—, anunció que no buscaría la reelección y los demócratas perdieron frente a Nixon.

La Argentina tiene su propio caso de manual, aunque con una variante particular: el desafío no vino de un rival declarado dentro del propio espacio, sino de la evidencia acumulada de que la candidatura del presidente en ejercicio era inviable. Alberto Fernández sostuvo durante meses la ambigüedad sobre si buscaría la reelección, llegando a decir en octubre de 2022 que se podría bajar de la contienda “si es necesario para ganar”. El 21 de abril de 2023 formalizó esa exclusión, en un mensaje grabado de siete minutos, invocando la crisis económica. La decisión, además, estuvo atravesada por una variable poco difundida en su momento: la negociación con el FMI y una señal reclamada desde Washington para destrabar asistencia financiera, en un contexto en que su candidatura agudizaba la interna del Frente de Todos y generaba un impacto negativo en los mercados. El paralelo con Johnson es directo: un presidente que no pierde formalmente una primaria, pero que la sola perspectiva de competir expone tan claramente el desgaste de su gestión, que la salida ordenada termina siendo la opción menos costosa.

¿Cuál será el camino que tomará ahora Bullrich: desafiará a Milei en una primaria oficialista? Es la pregunta que más se repite por estas horas dentro del Gobierno y la oposición. El caso de la senadora es meticuloso: por el momento, no hay una primaria en juego, sino la construcción de una diferenciación de cara a 2027. Pero la estrategia obedece a la misma lógica de fondo. La crisis de gestión de La Libertad Avanza abre espacio para que una figura del propio espacio empiece a marcar distancias cada vez más visibles. Cuando alguien le pregunta directamente a Bullrich, la experimentada dirigente ensaya una respuesta diplomática: “Si una escudería tiene problemas en una carrera, los problemas no se solucionan con un cambio de piloto”. No es necesario consultarle a Bullrich si ella se asume como un piloto dispuesto a ganar la carrera.

Patricia Bullrich profundiza la grieta con Javier Milei con una canción de Lali Espósito

Esta semana profundizó su gesto de distanciamiento mediante un video difundido en X, donde se la ve trabajando en su despacho junto a sus asesores mientras suena de fondo el tema “No me importa”, del álbum “No vayas a atender cuando el demonio llama”, que Lali Espósito sacó en 2025. Lali es, precisamente, la artista con quien el Presidente mantiene un enfrentamiento público desde 2023. La publicación llegó en un contexto de tensión interna máxima, luego de que la senadora cuestionara al Ejecutivo por la falta de coordinación en torno al Presupuesto y los cambios vinculados con discapacidad, además de reclamar por las asimetrías del RIGI y pedir que la reducción de impuestos alcance a más empresas, pymes y sectores productivos. “Lo hicimos para llamar la atención en redes. No hay que darle otra lectura”, explican cerca de la senadora. “Nos parece interesante vincular a Patricia con artistas populares, como ya lo habíamos hecho antes con temas de Tita Merello o Madonna”, completan. Curiosamente, todos esos momentos para “llamar la atención en redes” permitieron mostrar autonomía con Milei. “No me tomen por tonta”, advirtió Bullrich, por si quedaban dudas.

No es la primera vez que sucede. El episodio más nítido fue el cuestionamiento a Manuel Adorni. El 20 de mayo, Bullrich presentó de forma anticipada su declaración patrimonial en el Senado, convirtiéndose en la primera figura de peso de La Libertad Avanza en hacerlo. Lo hizo en medio del escándalo por el presunto enriquecimiento ilícito que involucraba al entonces jefe de Gabinete. La movida no fue casual: dos semanas antes había exigido públicamente que Adorni presentara “de inmediato” su propia declaración, mientras que Milei había intentado neutralizar el planteo diciendo desde Estados Unidos que Bullrich había “espoileado” una estrategia que ya estaba en marcha. Adorni, sin embargo, no presentó su declaración hasta varias semanas después. Cuando finalmente lo hizo, Bullrich volvió a cargar con dureza, calificando la demora como “una omisión ética”.

Pero no sólo se trata de diferencias inscritas en el marco de un posicionamiento moral. También las hay en el plano de la gestión económica, principal bandera libertaria. Bullrich fue la primera voz del oficialismo en admitir públicamente, el 8 de septiembre, que “algunos sectores de la economía están complicados” y mencionó específicamente industria, construcción y comercio, un diagnóstico que contradice el relato oficial del positivo derrame del ajuste. Antes también había expresado preocupación por “la velocidad” con la que los resultados macroeconómicos llegan a las familias y las pymes. Y lo hizo luego de que el propio Milei descartara la necesidad de introducir cambios al programa económico. Esta misma semana, el 17 de septiembre, volvió a cuestionar al Gobierno, esta vez por los recortes al presupuesto de discapacidad para 2027, apuntando contra el ministro Luis Caputo.

¿Cuál será el camino que tomará ahora Bullrich: desafiará a Milei en una primaria oficialista?

El patrón es claro: Bullrich reconoce el rumbo general del plan económico de La Libertad Avanza, insiste en que “la dirección es la correcta” pero se permite señalar los costos sociales y sectoriales del programa, para construir un perfil propio en el que se permite discernir pero sin romper. Es exactamente el tipo de movimiento que la ciencia política, en la teoría, y los políticos más avezados, en la práctica, asocian con un precandidato que se prepara para una eventual sucesión: ni lealtad ni ruptura, pero con una acumulación paciente de diferencias verificables.

Es importante aclarar, que Milei no es Alberto Fernández ni tampoco Lyndon Johnson. Alberto tenía un poder erosionado en términos políticos, con una interna a cielo abierto con el kirchnerismo, y la pandemia de 2020 había terminado con su capital simbólico. Mientras que Johnson llegó a las elecciones de 1968 con una guerra en Vietnam que no podía ganar ni terminar, una economía asfixiada y una base demócrata fracturada entre halcones y palomas. En cambio, Milei llega a sus primeros mil días con una aprobación elevada, aunque estancada en torno al 42% según Poliarquía, pero con una desaprobación del 52% que se muestra en aumento. Y el problema para el Presidente es que su mayor desafío es interno. Lo que se evidencia en una cada vez más clara erosión entre sus propios votantes y los de Bullrich. De hecho, desde hace semanas, hay encuestas que ya lo empatan o lo ubican por debajo de la senadora.

Barbara Norrander es una destacada politóloga estadounidense y profesora emérita de la Universidad de Arizona, donde dictó cátedras de Gobierno, Partidos Políticos y Elecciones y Comportamiento Electoral. Su aporte a la teoría política se centra, precisamente, en analizar el desafío que enfrenta un presidente en ejercicio durante interna partidaria. En La primaria imperfecta, Norrander sostiene que un presidente que es amenazado internamente queda herido de muerte porque es el propio electorado de base el que se pone en discusión y en ese contexto la derrota empieza a ser una posible salida. Para entender las palabras de Norrander, quizá solo basta con citar a Lali, como lo hizo Bullrich esta semana: “Nunca fui lo que querían de mí y no me importa. Siempre están los que estuvieron ahí, el resto sobra. Y las cosas que me pueden decir ya no me importan”.

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