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lanacion.com.ar · hace 7 horas · Jorge Liotti

El día que el Gobierno se asomó al abismo

LA NACION

El 21 de septiembre de 2025 amaneció nublado; llovía con intermitencias. No lucía como el inicio de la primavera. Pero sí parecía una metáfora meteorológica para el arranque del día más difícil de Javier Milei en el poder. El domingo en el que verdaderamente se asomó al precipicio, del que fue rescatado al día siguiente, 14 minutos antes del desastre, por el tuit milagroso de Scott Bessent. Esa tarde desapacible en la que se debatieron hasta las ideas más insospechadas para evitar el derrumbe del Gobierno.

Esa semana había terminado de la peor manera para la administración libertaria. El dólar había superado los $1500, el Banco Central había intervenido con US$678 millones en un solo día y el riesgo país se había disparado a 1500 puntos. La turbulencia financiera había recrudecido después de la derrota por 13 puntos en la provincia de Buenos Aires dos semanas antes, y el ministro Luis Caputo no lograba regenerar confianza en el mercado.

“Nosotros no nos vamos a mover del programa. Vamos a vender hasta el último dólar en el techo del programa”, declaró, y todo empeoró ante la sensación de que estaba dispuesto a jugarse las reservas. Las bandas cambiarias que se habían acordado con el FMI cinco meses antes estaban a punto de desbordarse.

Ese fin de semana Milei adelantó al sábado el habitual encuentro dominical que comparte en Olivos con amigos y economistas cercanos. El domingo tenía programado viajar a Nueva York para participar de la Asamblea de la ONU, aunque después postergó hasta el lunes su salida ante la trascendental cumbre que sobrevendría.

Milei ensaya con "La banda presidencial" antes de presentarse en el Movistar Arena

Según los registros oficiales, ese sábado fueron a la quinta de Olivos los integrantes de la banda musical con la que se presentaría el 6 de octubre en el Movistar Arena. Alrededor de las 3 de la tarde se reunieron para ensayar Fernando Mezzina (tecladista), Hernán Scarfo (guitarrista), Germán Marzullo (productor), María Elizabeth Kella (cantante), Marcelo Duclos (bajista), Alberto Benegas Lynch (baterista y diputado), y su hermano Joaquín (guitarrista y senador). Se quedaron hasta las 10 de la noche.

Es poco probable que en esas horas se haya hablado de economía, pero en la cena se superpusieron con Juan Carlos de Pablo. También se sumó la diputada Lilia Lemoine, y en algún momento pasó Magalí Bianco, la secretaria de Milei. No parecía el preámbulo de lo que se avecinaba.

El domingo de primavera Milei convocó temprano a Olivos al intérprete oficial, Walter Kerr, presumiblemente para mantener conversaciones internacionales relacionadas con su viaje a EE.UU. Al mediodía se reunió dos horas con Guillermo Francos para hablar del panorama electoral. Pero el diálogo más importante no sería presencial.

Los hechos posteriores indicarían que en algún momento de esa mañana Milei y Caputo se habrían comunicado para evaluar las posibles medidas a tomar antes de la apertura de los mercados el lunes. Las acciones aplicadas hasta entonces para frenar la corrida habían resultado infructuosas y la presión sería insostenible sin un golpe de timón. Allí surgió la habilitación para avanzar con la medida más inesperada para el gobierno libertario: la posibilidad de reinstaurar un cepo cambiario.

Luis Caputo habla con Javier Milei

¿Qué indicios hay de esa conversación? Que apenas pasado el mediodía del domingo una serie de funcionarios y asesores recibieron un mensaje para reunirse por la tarde en el Ministerio de Economía con el objetivo de analizar acciones urgentes. Pocos supieron en ese momento que lo que se iba a discutir allí era cómo instrumentar el cepo cambiario y cómo comunicarlo del modo menos traumático posible. Los que estaban al tanto se sorprendieron al saber que Milei le había dado a Caputo su aval a esa eventual decisión, en caso de no encontrar alternativas. Probablemente nunca lo admita en público. Pero cinco testigos presenciales que pidieron reserva de fuente relataron la secuencia de hechos a LA NACION.

Entre las 4 y las 5 de la tarde fueron llegando al Palacio de Hacienda el equipo económico y el plantel comunicacional de Santiago Caputo. No estaban Karina Milei ni los Menem, quizás un retrato de cómo se manejaba el poder hasta entonces. Milei permaneció en Olivos.

Federico furiase y Martín vauthier

Toda la acción se concentró en el quinto piso, donde está el despacho del ministro, pero distribuida en dos salas. En la primera se dio la discusión de fondo. Allí estaban Toto Caputo, el presidente del Banco Central, Santiago Bausili; el secretario de Política Económica, José Luis Daza; quien era el secretario de Finanzas, Pablo Quirno; el entonces director del Banco Central Federico Furiase, y los directores del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) Martín Vauthier (hoy en el BCRA) y Felipe Núñez. También se sentó allí Santiago Caputo, quien estaba acompañado por su asesora Macarena Alifraco. Entrando y saliendo circulaban dos hijos del ministro de Economía.

Agustín Romo, Daniel Parisini y Macarena Alifraco. Atrás, Lucas Luna, Juan Pablo Carreira y Tomás Jurado

En una sala contigua, pero con la puerta abierta y un ida y vuelta constante, orbitaban referentes de las Fuerzas del Cielo vinculados a la estrategia y la comunicación, como Agustín Romo, el Gordo Dan y Tomás Jurado, administrador de la cuenta El Peluca Milei. También estaba el hermano de Santiago Caputo, Francisco. Este grupo analizaba cómo traducir a la sociedad la amarga medida sin perder la épica libertaria. Se había estipulado que a las 9 de la noche habría un mensaje público y se trabajó con ese objetivo. La opción de más consenso era un anuncio en la sala de prensa. Sin embargo, nunca se convocaría a los medios.

Esa tarde en el Palacio de Hacienda se dio una áspera discusión sobre la instrumentación del cepo. No fue un intercambio meramente técnico; fue un debate existencial. Todos coincidían en que lo que estaba en juego era el futuro del Gobierno, pero mientras unos entendían que el mejor modo de eludir el precipicio era reinstaurar algún control de capitales que blindara las reservas, al menos hasta las elecciones de octubre, otros sostenían que Milei no podría defender ante la sociedad la contradicción en la que incurriría con una medida restrictiva de ese tipo.

“Si no ponemos un límite a la extracción de divisas, mañana nos llevan el dólar a $5000; nos van a esquilmar”, fue una de las explicaciones esgrimidas por el primer grupo, integrado mayormente por el ala más técnica de Economía, según relató un testigo presencial a LN. Furiase, Núñez y Vauthier habrían sido los más enfáticos en esta posición. A Daza lo retratan como el más inquieto; a Quirno, como el más calmo.

Luis Caputo llega a la Casa de Gobierno

En el medio estaba Luis Caputo, que no lucía totalmente convencido, pero por momentos admitía que no veía otra salida. Quería evitar el trago amargo, pero como retrató uno de los presentes, “hay momentos en los que el dogmatismo debe ceder ante el pragmatismo”. Tres fuentes coincidieron en señalar que incluso hubo un boceto escrito de la medida que se adoptaría. Otros lo minimizaron diciendo que fue una posibilidad entre otras. Ante la consulta de LA NACION, el ministro Caputo dijo que no haría comentarios sobre el tema, ni on the record ni off the record.

Santiago Caputo se oponía a la idea del cepo, convencido de que podía significar el principio del fin. El ala comunicacional planteó que una decisión así representaría la destrucción de la imagen de Milei y la pérdida absoluta de su identidad y de su narrativa. No veía la manera de anunciar sin dramatismo semejante terremoto. Además, implicaba deshacer una medida que se había tomado apenas cinco meses antes como parte del acuerdo con el FMI, y que había sido promovida como uno de los mayores éxitos de la gestión. Era un retroceso simbólico, pero también económico.

Santiago Caputo llega a la Casa Rosada

Fueron varias horas de discusión, de cálculos monetarios y de llamados telefónicos múltiples en todos los sentidos. La dinámica fue intensa aunque de a ratos algo caótica. Era comprensible por lo que estaba en juego. Un testigo describió: “Nadie estaba contento ahí. Era un velorio, pero con acción”.

En esos momentos surgió la idea de buscar un colchón de dólares en las liquidaciones del campo, que según una estimación que se hizo ahí podían aportar US$7000 millones. Caputo habló con los exportadores de granos y les propuso que compraran bonos en el extranjero, es decir que se sumergieran en el mundo financiero. La idea fue rechazada, pero con una contrapropuesta a cambio: introducir una baja temporal de las retenciones a cero.

El ministro no estaba entusiasmado con la alternativa, pero tampoco tenía demasiado margen, así que aceptó. Las conversaciones con los exportadores concluyeron en el atardecer del domingo con la convocatoria a una nueva reunión al día siguiente, ya más formal, para diseñar el nuevo esquema. La situación apremiaba tanto que la medida fue anunciada antes de estar redactada. La oficializó Manuel Adorni al día siguiente, a las 5.40, vía X. Todo antes de la apertura de los mercados.

Donald Trump saluda a Javier Milei en Davos

Sin embargo, la gestión más importante se estaba realizando por otro carril. En esas acaloradas discusiones de domingo en el Ministerio de Economía la única opción salvadora era una intervención excepcional del gobierno de Donald Trump. En los días previos se había mencionado la posibilidad de un paquete especial de asistencia pero hasta esas horas no había nada concreto todavía. Los teléfonos se recalentaron a puro vértigo.

Luis Caputo trabajó la línea del Tesoro, a cuyos funcionarios conocía de otras vidas. Recibía amabilidad pero no certezas ante la urgencia. El ministro trajinó incansablemente sabiendo que cargaba con la responsabilidad mayor de cualquier decisión. Gerardo Werthein, entonces canciller, estaba en Washington operando sobre la Secretaría de Estado. Y allí se sumó Santiago Caputo con su backchannel vía Leonardo Scatturice y el influyente operador Bob Citrone, una arteria que terminó siendo decisiva.

El problema mayor era que no tenían una devolución clara de Scott Bessent, quien en abril, una semana después de su visita a Buenos Aires, había dicho que “si la Argentina lo necesita, en caso de un shock externo, y si Milei mantiene el rumbo, estaríamos dispuestos a utilizar el ESF (Fondo de Estabilización Cambiaria) para suavizar el ajuste”.

Scott Bessent y Luis Caputo

La intensificación de estas gestiones derivó en la decisión de posponer el anuncio de las medidas hasta el día siguiente a la espera de una respuesta. La consigna era aguardar una señal a la primera mañana del lunes, y si no llegaba, comunicar todo antes de las 10. La fatídica noche del domingo se cerró tarde, cerca de las 2 de la mañana, con una promesa desde Washington de que había habido avances, pero sin precisiones.

La resurrección llegaría el lunes temprano. Alrededor de las 7 de la mañana hubo indicios más nítidos de que se avecinaba un importante pronunciamiento de la administración Trump, pero en el Gobierno aún no tenían letra fina. A las 9.46, apenas 14 minutos antes de la apertura del mercado, se iluminó la cuenta de Scott Bessent en X: “Argentina es un aliado de importancia sistémica para Estados Unidos en América Latina, y el Departamento del Tesoro está dispuesto a hacer lo que sea necesario dentro de su mandato para apoyar a Argentina. Todas las opciones para la estabilización están sobre la mesa. Estas opciones pueden incluir, entre otras, líneas de swap, compras directas de divisas y compras de deuda pública denominada en dólares estadounidenses a través del Fondo de Estabilización Cambiaria del Tesoro”.

Argentina is a systemically important U.S. ally in Latin America, and the @USTreasury stands ready to do what is needed within its mandate to support Argentina.All options for stabilization are on the table. 1/4

La sensación predominante de todos los que habían estado bregando por ese mensaje salvador fue de alivio. Se desechó definitivamente el ingrato anuncio del cepo y se impuso un compromiso tácito de que el que tema quedara en el olvido. Había que dar vuelta la página de la angustia y capitalizar la ayuda externa más importante que haya recibido el país de la principal potencia mundial. Lo que vino después es conocido: un swap de US$20.000 millones, una intervención directa en el mercado cambiario y un mensaje de apoyo casi diario durante semanas del propio Bessent. El sorprendente triunfo electoral de Milei en octubre le permitió al Gobierno volver a ponerse de pie y retomar su propia senda. Fue un punto de inflexión para el Gobierno, y para el país.

Exactamente un año después de aquel fin de semana electrizante, las huellas de ese episodio se pueden rastrear en la obsesión del equipo económico por blindar el programa de las turbulencias del próximo año electoral. Cualquier cosa con tal de evitar otra situación terminal. En parte por eso Caputo se ha ocupado especialmente por dar señales de certeza.

En lo que va de este año el Banco Central acumuló más de US$14.000 millones de reservas. En julio el ministro anunció su programa financiero hasta el fin del mandato de Milei para dar seguridad de pago de todos los vencimientos venideros. Cada vez que puede resalta los dólares que ingresan por las exportaciones. En el presupuesto que envió esta semana también incluyó la posibilidad de un endeudamiento total por más de US$30.000 millones.

Santiago Bausili ante el Senado de la Nación

Al mismo tiempo brega por dar tranquilidades políticas a partir de un acuerdo más sólido con los gobernadores que se transforme en un aval legislativo firme. Está convencido de que el elevado riesgo país no se corresponde con los fundamentals económicos sino con el ruido político, que se anticipó demasiado. Y eso termina inquietando a los ahorristas, que en julio compraron US$3143 millones, un incremento del 52,2% respecto de junio.

En todos los círculos económicos y diplomáticos hay una pregunta recurrente: ¿EE.UU. estaría dispuesto a otorgar una nueva ayuda económica el año próximo al gobierno de Milei, en el caso de que sea tan necesario como en 2025? La respuesta es incierta, pero con Trump todo es posible.

Pesan algunos factores para ser escépticos. Por un lado, la posibilidad de una derrota republicana en las elecciones de noviembre. Por otro, el Bessent de hoy luce menos potente y más desafiado por los mercados porque sus anuncios de recompra de deuda no lograron frenar las presiones cambiarias.

La embajada norteamericana en el 205 aniversario del Día de la Independencia de los Estados Unidos

Para quienes piensan que el verdadero responsable de la ayuda a la Argentina fue el secretario del Tesoro, estos son datos insoslayables. Pero los que aseguran que siempre es Trump el que mueve los hilos aseguran que de ningún modo abandonará a su aliado argentino si percibe que está en un trance o que su reelección corre riesgos. Incluso si vuelve a ser criticado por concesivo por la oposición demócrata, como ocurrió el año pasado.

Esta semana Milei hará su visita número 19 a EE.UU. para participar de la Asamblea de la ONU. Hace un año, ese viaje fue un paseo triunfal tras el salvataje norteamericano. Ahora tendrá la oportunidad de refrendar sus lazos con la administración Trump. El hombre que lo rescató cuando todo parecía oscurecerse.

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