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clarin.com · hace 10 horas · Clarin.com - Home

¿Y si Argentina fuera Canadá?

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Por décadas, la lista de países prometedores y más señaladamente “europeos” en el nuevo mundo incluyó a Canadá, Australia y Argentina. Impulsada por Donald Trump, Canadá avanza hoy decidida hacia una estrecha alianza política, social y cultural, quizás militar, con Europa, mientras la propia Europa habla ahora de sumar a Australia y Nueva Zelanda. ¿El plan? Crear un polo de poder que resista las presiones de Estados Unidos y China, y las amenazas de Rusia.

Ya nadie habla en Europa de aliarse políticamente con Argentina. Lo que histórica, cultural, social y económicamente siempre tuvo sentido dejó de tenerlo. Abrazada y entregada a Trump, Argentina no sólo no aprovecha su profundo vínculo con el continente, sino que critica a Europa, se burla de ella y la instala como símbolo de “la decadencia”. Si se atiende a la historia y la conformación de Argentina, burlarse de la decadencia de Europa (o de países en decadencia) es burlarse de nosotros mismos.

En otras épocas de Argentina, sin dejar de cuidar el vínculo con Estados Unidos, una alianza política y social con Europa hubiera sido natural y provechosa. Ahora es inviable. Si se firmó el acuerdo de libre comercio con la UE fue por cuestiones estrictamente comerciales, no por una pasión europeísta por parte de Javier Milei.

Es también cierto que Europa demoró una eternidad en entender las puertas que se le abrían al otro lado del Atlántico: firmó el acuerdo de libre comercio con el Mercosur porque Trump la acosó y descalificó de todos los modos imaginables, y se acercó a Canadá gracias a las amenazas del inquilino de la Casa Blanca.

El contraste hoy entre Argentina y Canadá, dos vastos países poco poblados y muy ricos en recursos naturales, ubicados en los dos extremos de América, es evidente.

Pese a tener una enorme frontera con Estados Unidos, Canadá busca autonomía estratégica acercándose a una Europa que sigue apostando por algo demodé: democracia y sociedades libres. Lo dijo en el Foro de Davos el primer ministro Mark Carney, tan economista como Milei: “Si no estamos sentados a la mesa, estamos en el menú“.

¿Cuál es el menú argentino? Somos pasta, pizza, helado y asado, mucho más que hamburguesas; somos fútbol, no fútbol americano. Pero hoy estamos en el otro menú, en esa carta que incluye petróleo, gas, minerales, tierras raras y vastas extensiones de tierras, reservas de agua y energía. El menú lo tiene EE.UU., y elige platos a placer, la mera idea de cierta autonomía estratégica y de un proyecto a largo plazo es una ilusión del pasado.

Con Brasil, la gran potencia vecina, el país amigo y (aún) socio, la relación política está destruida, a la espera de que el país gire también a la derecha. ¿Y si no lo hace? ¿Y si Trump pierde en noviembre y de a poco su poder se apaga? ¿Y si Europa profundiza en Francia y Alemania su giro a la ultraderecha?

Todo puede pasar, Marruecos ya puso brutalmente en evidencia la fractura interna del viejo mundo. Pero Europa mantiene hoy, pese a todo, una cierta idea de sí misma, como decía uno de sus fundadores, Jean Monnet. Lo mismo, incluso con más fuerza, se puede decir de Canadá. ¿Cuál es, en cambio, la idea de Argentina?. Entre Estados Unidos (inevitable) y China (inevitable también) hubo siempre otro mundo con el que cultivar, un entorno política y socialmente afín a Argentina. Pero esa puerta europea está cerrada por un buen tiempo, mientras Argentina decide qué es, de dónde viene y adónde va. w

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