Hora de repaso
Esto ocurrió a comienzos del siglo XIX en el Reino Desunido, mucho antes de que Gales, Irlanda y Escocia se independizaran y nuestro Virrey JGM Primero recuperara las Islas Malvinas con el celestial auxilio del Emperador Naranja del Norte. Cierto sector del emprendedorismo británico encontró lo que podríamos denominar “un nicho de mercado” en la provisión de cadáveres para estudio en las clases de anatomía de las facultades de medicina. Como la demanda era mayor que la oferta, ya que la Corona británica no ajusticiaba a la suficiente cantidad de criminales, entró en acción un grupo de cuentapropistas que el vulgo llamó ladrones de cadáveres, aunque ellos se llamaban a sí mismos Resurreccionistas, así con mayúsculas.
Desde luego, lo único que hacían estos Resurreccionistas era excavar de noche en los cementerios y afanarse los cadáveres que, pago mediante, entregaban para su descuartizamiento en las mesas de disección. El único milagro verdadero era que volvieran mercadería trocable en valores contantes y sonantes un producto al que nunca antes se le había asignado precio, salvo el afectivo, y solo para sus deudos. La palabra aceleracionismo, tan de moda en nuestros tiempos, sonaba como música en sus oídos, porque entraban en acción la noche misma del entierro, antes de que aconteciera la natural corrupción de la carne. Eran metódicos, casi científicos. Usaban palas de madera para amortiguar el sonido que podía alertar a la vigilancia, y una vez que llegaban a la tapa la rompían sigilosamente y extraían limpiamente el cadáver, desentendiéndose de su prenda y de sus joyas, porque la ley consideraba punible la apropiación de valores mensurables en los mercados tradicionales, pero no la carne humana. Lo extraño, lo anacrónico, dirían nuestros libertarios, era que algo que carecía de precio poseyera de pronto un costo de circulación. De hecho, algunos Resurreccionistas hasta pensaron en montar agencias de detectives de robos cadavéricos, poniéndose de ambos lados del mostrador. Primero el robo, luego la ficción de la búsqueda, y el lucro subsiguiente con la recuperación. Pero no nos desviemos del recto camino. Lo jugoso se develará la semana próxima.