El valor de los títulos norteamericanos revela el alto grado de capitalización de EE.UU.
¿Por qué aumentan desde hace más de 1 año los rendimientos de los títulos del Tesoro de EE.UU.? Frente a esta cuestión central aparecen dos respuestas: una de ellas ampliamente favorecida por la prensa especializada internacional sostiene que los Treasuries, sobre todo a 10 años, tienen un rendimiento cada vez más elevado como forma de atraer a inversores cada vez más reticentes.
En este momento cuando el petróleo tiene un valor de US$ 100/barril esta argumentación aparece altamente factible.
La otra versión, expresada en forma nítida y reiterada por el Secretario del Tesoro Scott Bessent, afirma que los rendimientos de US$ 5/US$ 6 son la consecuencia directa de la fenomenal capitalización que está experimentando la economía estadounidense, de lejos la primera del mundo.
A todo ésto, hay que sumarle el impacto pro-innovación provocado por el proceso generalizado de desregulación del sistema productivo y de servicios, ante todo el financiero, que es varias veces superior a su significado estrictamente económico.
Lo fundamental aquí - como en todo – es el brutal impulso que esta bomba desregulatoria provoca en la economía entera a través del acicate que desata los animal spirits estadounidenses, que es la pasión por invertir, consumir e innovar.
Ahora hay que sumar otro nuevo y gran episodio histórico, que es el crecimiento de excepción que ha experimentado EE.UU. en el último año y medio (segundo mandato de Donald Trump) cuando alcanzó una expansión de 3% anual en 2025, que trepó a 4,9% anual en el 4° trimestre de ese año.
Hay una particularidad de enorme importancia en este crecimiento de excepción, que es el impulso provocado por la irrupción de la Inteligencia artificial (IA), lo que significa que ha logrado fusionar con la IA más de 40% de su estructura productiva y de servicios, previéndose cubrir el 100% en 2031, o quizás antes.
Esta semana los rendimientos de los Treasuries treparon 0,2 puntos porcentuales, lo que llevó al “título estrella” de la Reserva Federal por encima de 4,95% por primera vez en 3 años. Si se mantiene en este nivel significativamente elevado, sería la primera vez que esto ocurre desde la crisis financiera internacional 2007/2008.
El grado de confianza de la dupla Trump/Bessent en la fortaleza de la economía norteamericana y en la potencia intacta del dólar como la divisa dominante de la economía global la revela la promesa hecha esta semana por Trump de dar a cada norteamericano adulto – unos 275 millones de personas – un “dividendo” personalizado de US$ 5.000 si los republicanos mantienen el control del Congreso en las elecciones del 3 de noviembre.
El costo fiscal de este “bono” o “dividendo” ascendería a US$ 1,2 billones (3,5% del PBI) como una forma de distribuir los beneficios del “extraordinario éxito económico que experimenta Estados Unidos”.
Respecto a los bonos emitidos por el Tesoro norteamericano, Trump y Bessent desafían a sus adversarios a que se atrevan a apostar contra el dólar, en el momento en que éste inequívocamente es la divisa hegemónica de la economía global, o también el grado de “dolarización” que tiene el mundo en el día de hoy.
“Yo soy ahora la Caja”, sostiene Bessent, lo que ratifica una vez más que la hegemonía del dólar es el gran instrumento de poder que tiene hoy Estados Unidos en el mundo.
El mercado de bonos estadounidenses asciende a US$ 32 billones y experimenta, al igual que la economía norteamericana, una especie de “fiebre” que revela su excepcional vitalidad. Representa la fase más aguda de la transición entre una economía basada en Internet a otra sustentada en la IA, que es el principal instrumento de realización de la 4° Revolución Industrial, que está en marcha en el mundo entero y cuyo eje y punto de partida se encuentra en EE.UU.
Esta es la situación del sistema financiero internacional en el mundo de hoy, en plena transición entre dos regímenes financieros, económicos y tecnológicos completamente distintos.
Por eso es que hay una superabundancia de dólares en el mercado global, y el control de sus flujos está en manos de EE.UU.
En suma, esta inmensa masa de capitales que circula en el mundo bajo la denominación de dólar estadounidense se ha volcado a financiar la 4° Revolución Industrial, que es la digitalización y automatización de todo lo productivo y de servicios a través de la Inteligencia artificial.
El arma más poderosa que tiene Estados Unidos hoy, por encima de las que posee el Pentágono y el Comando Central (CENTCOM), es el dominio irrestricto que tiene del dólar estadounidense en el sistema financiero internacional, como lo está experimentando en este momento a su pesar Irán. Junto con el bloqueo riguroso que le ha impuesto a sus puertos y barcos la armada norteamericana, el dólar cumple un papel crucial en la tarea de “asfixiar” metódica y acumulativamente a la economía iraní.
Este es la carta de triunfo de EE.UU. en la guerra con Irán, todo ésto en un conflicto de carácter prolongado que perjudica más a la superpotencia norteamericana que a la República Iraní, debido al rechazo de la opinión pública estadounidense a todas las aventuras en el exterior de carácter prolongado.
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