El Banco de Japón subió la tasa a su nivel más alto en 31 años, pero las dudas sobre el yen persisten
El ritmo acelerado de las subas busca contrarrestar el alza en los precios que produjo la guerra en Medio Oriente. Sin embargo, enfrenta disidencias internas y del gobierno de Sanae Takaichi.
Tal como esperaba el mercado, el Banco de Japón (BoJ) subió las tasas a su nivel más alto en 31 años este viernes. Si bien el gobernador del organismo, Kazuo Ueda, aseguró que la entidad entró en una nueva etapa centrada en evitar que la inflación supere su objetivo, la disidencia interna a la hora de tomar la decisión perjudicó al yen, ya que se mostró menos agresivo que otros bancos centrales.
Esta suba, que se produce apenas tres meses después del último incremento, rompe con la tradición de aumentar las tasas dos veces al año que comenzó a partir de 2024. Tras esta última decisión de incrementar la tasa 25 puntos básicos, los tipos de interés se ubican en 1,25%, su nivel más alto desde septiembre de 1995.
Desde Porfolio Personal Inversores (PPI) remarcaron que el comunicado que acompañó la suba afirmó que se "está dispuesto a seguir empujando el costo del financiamiento hacia arriba, sumándose al resto de los bancos centrales que enfrentan presiones inflacionarias alimentadas por el salto del crudo".
Sin embargo, también remarcaron que en la conferencia de prensa Ueda "evitó cualquier compromiso explícito sobre el ritmo" de las subas de tasas.
Ueda afirmó que, con una inflación subyacente cercana al 2%, el enfoque del BoJ dejó de ser impulsar los precios al alza — ya que Japón históricamente padeció de deflación — y pasó a ser el de prevenir un repunte de la inflación. "Si se materializan los riesgos de que la inflación subyacente supere el 2%, eso podría tener un impacto negativo en la economía de Japón", declaró en una rueda de prensa posterior a la decisión.
"Cuando le consultaron sobre la posibilidad de un movimiento de 50 puntos básicos o de subas en reuniones consecutivas, respondió que todo depende de cómo evolucionen las condiciones de precios y que existen varias posibilidades", explicó PPI sobre los dichos de Ueda.
Sobre el tipo de cambio, "mencionó que guían la política mirando cómo la volatilidad cambiaria puede afectar la inflación doméstica, no para controlar los movimientos de la moneda ni para estabilizarla en un rango determinado". Y recalcó que el organismo pretende actuar de forma preventiva para evitar verse obligado a tomar medidas drásticas que podrían desestabilizar los mercados financieros.
El jefe de Economía de Japón de Oxford Economics, Shigeto Nagai, y el economista principal, Norihiro Yamaguchi, explicaron que además de los riesgos de que la inflación subyacente supere el objetivo del 2% por el conflicto en Medio Oriente, se justificó el aumento citando "el auge de la inteligencia artificial y la debilidad del yen".
Y agregaron: “El BoJ está haciendo cada vez más hincapié en estos riesgos al alza y parece más abierto a subir las tasas a un ritmo más rápido que antes, dada la dinámica cambiante de la inflación. La presión de Estados Unidos parece haber reducido los obstáculos políticos para las subidas de tasas".
Sin embargo, el mensaje "hawkish" de Ueda no logró mejorar el desempeño del yen en comparación al dólar. Al contrario, la moneda se debilitó, cayendo 1,2% en las últimas horas, hasta los 157,89, y acercándose nuevamente a la barrera simbólica de 160. La última vez que superó esa cifra, disparó la intervención en conjunto que el gobierno japonés hizo con el Tesoro de EEUU a fines de julio.
El problema para el BoJ es que si bien estuvo endureciendo su política monetaria durante el último tiempo, lo está haciendo a un ritmo más lento al de sus contrapartes de Estados Unidos, la Unión Europea y Reino Unido. "El comunicado ofreció pocas señales adicionales de una postura más restrictiva que respaldaran las posiciones alcistas sobre el yen", afirmó el Banco ING.
Plantearon que sigue observando "riesgos al alza" para el yen, con la posibilidad de un retroceso hacia los 160 por dólar en las próximas semanas "si los precios del petróleo se mantienen elevados y la Fed vuelve a subir las tasas ya en octubre".
A eso se le sumó la disidencia de Toichiro Asada y Ayano Satoa la decisión de subir las tasas esta madrugada, argumentando que el organismo debía mantener la calma a la hora de aumentar los costes de endeudamiento. Una postura que le restó peso a las declaraciones "hawkish" de Ueda.
No es una coincidencia que Asada y Satoa fueron nombrados por la primera ministra, Sanae Takaichi, conocida por su política fiscal expansiva. Desde ING plantearon que "su disidencia podría dificultar que la junta llegue a un consenso sobre otra subida este año".
Y señalaron que esa situación "pone de manifiesto la resistencia frente al ritmo más rápido de aumentos de tasas en más de tres décadas y sugiere que podrían actuar cada vez más como un freno a un mayor endurecimiento monetario".
En Oxford Economics plantearon que si bien "es poco probable" que el BoJ dude en subir nuevamente la tasa de política monetaria "para contrarrestar la presión del yen más débil", otra subida hasta el 1,75% "será una decisión más delicada, ya que la tasa de política monetaria se acercaría a la tasa de equilibrio".
Además, remarcaron que el gobierno de Takaichi "también estará interesado en frenar la normalización de las tasas". Sin embargo, también reconocieron que "si persiste el reciente aumento de los precios del petróleo, existe el riesgo de que la economía japonesa caiga en una estanflación leve".
En ese caso, Oxford Economics consideró que la autoridad monetaria podría tener que elevar aún más la tasa de política monetaria hasta el 2% para julio de 2027 "a fin de contener las expectativas de inflación, especialmente si el yen se debilita aún más".
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