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clarin.com · hace 9 horas · Clarin.com - Home

Estrada, la Constitución y la libertad

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El día del profesor que celebramos el 17 de septiembre en homenaje al educador, político y constitucionalista católico José Manuel Estrada es una ocasión propicia para recordar y reflexionar algunos aspectos de su vida y sus ideas. Especialmente porque su pensamiento, anclado en la segunda mitad del siglo XIX, ilumina muchos de los desafíos que enfrentamos como sociedad en el presente. Su agenda es, de alguna manera, también la de nuestro tiempo. Dos aspectos del legado de Estrada resultan especialmente resonantes en nuestros días.

El primero es su énfasis en la noción de sociedad educadora y la relevancia que le dio a la libertad educativa. En un contexto de centralización estatal de la educación, Estrada recordó que el centralismo es siempre ineficaz y potencialmente despótico, pues olvida el rol fundamental que tienen las instituciones educativas no estatales y las familias. Como otras grandes metas sociales, una educación extendida no es el logro de una burocracia centralizada, sino el fruto de la vitalidad de la acción social libre y comprometida, que lleve a “adaptar los elementos sociales, tomados en su capacidad colectiva, al tipo de las instituciones libres, cuyo resorte es la aptitud universal para el gobierno propio”.

Los recientes resultados de las pruebas PISA nos invitan a reflexionar sobre las limitaciones que poseen las políticas educativas pensadas e implementadas exclusivamente “desde arriba”. Inspirados en Estrada, podemos enfrentar los actuales desafíos educativos de nuestro país favoreciendo el pluralismo educativo, la autonomía escolar y la participación activa de las familias en la educación.

El segundo aspecto que quiero destacar es la importancia de que la libertad se apoye en la efectiva realización del orden constitucional. Estrada fue consciente de que no hay libertad sin Constitución, por lo que dedicó muchos años a formar ciudadanos desde su cátedra de derecho Constitucional. Sin embargo, vivir bajo un orden constitucional que formalmente establezca libertades y organice el gobierno, es condición necesaria pero no suficiente. La libertad de enseñar y aprender consagrada en el artículo 14 de nuestra Constitución es un valioso punto de partida qué, no obstante, requiere de una efectiva traducción en normas y acciones para realizarse. Estrada sufrió en carne propia el cercenamiento a su derecho constitucional a enseñar, cuando tuvo que hacer frente a la intolerancia que las autoridades de la época profesaron contra sus más profundas convicciones. Ante la encrucijada de mantener su cátedra, pero al precio de dejar de lado sus convicciones, eligió perder su lugar como profesor antes que entregar su libertad para enseñar.

La vida y la obra de Estrada nos recuerdan que la libertad educativa basado en el derecho constitucional de enseñar y aprender siempre tuvo enemigos. En el actual contexto universitario, caracterizado por la politización extrema de la discusión educativa, recuperar el pensamiento de Estrada en general y sobre el rol del profesor en particular, resulta hoy especialmente necesario. Cesado en su cátedra en 1884 por sus desacuerdos con el gobierno, se despidió de sus alumnos con palabras tan inspiradoras como vigentes: “De las astillas de las cátedras destrozadas por el despotismo, haremos tribunas para enseñar la justicia y predicar la libertad”.

Guillermo Jensen

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