IA, Robótica y Biotecnología, la nueva fase del modelo chino
En 1978 China era una de las naciones más pobres, subdesarrolladas y aisladas del mundo. De la mano del nuevo liderazgo de Deng Xiaoping, China inició el proceso de Reforma y Apertura, enfocado en dejar atrás el fallido modelo colectivista de Mao Zedong y avanzar hacia una progresiva apertura económica -no política- para atraer capitales extranjeros.
La fórmula de Deng se cimentó sobre lo que ahora se conoce como el “viejo trío”: producción de textiles, muebles y electrodomésticos. Fue la base que permitió el rápido despegue económico y convirtió a China en “la fábrica del mundo”, desde fines de la década de 1980 en adelante. La clave: manufactura intensiva de baja complejidad industrial y mano de obra barata. El famoso “Made in China”, que llevó al país a crecer a “tasas chinas” por encima del 10% anual.
Con China ya afianzada como una superpotencia económica, durante los últimos 20 años el “viejo trío” fue superado paulatinamente en importancia por el “nuevo trío”: autos eléctricos, baterías de litio y paneles solares. En la narrativa oficial se lo suele presentar como el paso de manufactura barata a manufactura “verde y tecnológica”. Lo interesante de esta etapa es que significó el inicio de las fricciones comerciales y la creciente competencia tecnológica con EEUU.
A la par de las infructuosas guerras comerciales lanzadas desde Washington para intentar contener el avance chino, surgieron las acusaciones de “competencia desleal” y “sobreproducción”. Lo cierto es que China se consolidó como el líder global en dichos sectores, no sólo por la posibilidad de producir en grandes cantidades, sino ante todo por calidad y precio.
Sin embargo, ahora China avanza a pasos agigantados hacia el dominio de una nueva frontera de innovación tecnológica, infinitamente más relevante por su impacto, no sólo en la economía internacional, sino también para el futuro del orden global. Se trata del “próximo nuevo trío”: inteligencia artificial (IA), robótica y drogas innovadoras, también llamadas “de nueva generación”.
El impacto global de las empresas chinas vinculadas a estos sectores es impresionante. Y se trata mayormente startups privadas. Los robots humanoides de Unitree sorprendieron al mundo con sus danzas en la Gala del Año Nuevo Chino, en febrero pasado. En tanto, semanas atrás se realizaron en Beijing los primeros juegos mundiales de robots, en el cual se batieron varios récords de humanos. En tanto, empresas de IA como DeepSeek, Moonshot y MiniMax están eclipsando a sus competidoras del Silicon Valey con modelos ultra avanzados de IA generativa, pese a las restricciones impuestas por EEUU. En cuanto a las drogas innovadoras, los avances son igualmente impactantes: Laboratorios de biotecnología chinos están revolucionando la medicina con el diseño de drogas originales, especialmente para tratamientos oncológicos y enfermedades raras.
Esta realidad nos lleva a plantearnos: ¿está Argentina prestando debida atención a lo que representa China, no sólo como socio comercial, sino también como líder en innovación tecnológica a nivel global? ¿Vamos a prescindir de la posibilidad de asociarnos con empresas chinas por ideología, cediendo ante presiones externas sobre nuestra soberanía? Vale una última aclaración: todo va tan rápido que no disponemos de mucho tiempo para pensarlo y decidirlo.
Polítólogo (UCA) y Mg. en Políticas Públicas (FLACSO). Docente universitario (UCA). Director de Diagnóstico Político.
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