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perfil.com · hace 7 horas · Alicia Bañuelos*

La tragedia educativa, veintiséis años después

El uso del celular estará prohibido en las aulas bonaerenses.

En 1999, Guillermo Jaim Etcheverry publicó La tragedia educativa. La tesis central del libro era incómoda entonces y sigue siéndolo hoy: la mayoría de los argentinos cree que el sistema educativo es un desastre, pero cree al mismo tiempo que la escuela a la que va su hijo es maravillosa. Le enseñan yoga, computación, inglés. Tiene un lindo patio. Los maestros son buena gente.

El problema de la educación, en la Argentina, siempre es de otro. PISA 2025 acaba de publicar los datos que permiten medir, por primera vez con precisión global, hasta dónde llega esa ilusión.

Los números para Argentina son conocidos: 367 puntos en matemática, 389 en lectura, 393 en ciencias. Una brecha de casi cinco años de escolarización respecto del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en matemática. El peor resultado de la serie histórica nacional en esa materia. El 76% de los estudiantes está por debajo del nivel básico, ese umbral mínimo que la OCDE define como la capacidad de interpretar una situación simple en términos matemáticos. Tres de cada cuatro chicos no llegan a eso.

Pero hay un dato global del informe que desmonta con precisión quirúrgica el argumento del "mi escuela es la excepción".

Los que más perdieron fueron exactamente los hijos de los padres que celebran la escuela que enseña yoga y computación; los que van a los colegios con lindo patio; los que tienen buena conexión a internet"

En los países de la OCDE, la brecha de rendimiento entre estudiantes favorecidos y desfavorecidos se redujo entre 2022 y 2025. Podría sonar como una buena noticia. No lo es. El informe aclara el mecanismo: la reducción no se produjo porque los desfavorecidos mejoraron, sino porque los favorecidos cayeron más. En ciencias, los desfavorecidos se mantuvieron estables mientras los favorecidos perdieron 8 puntos. En lectura, los desfavorecidos cayeron 4 puntos y los favorecidos, 20. En matemática, los favorecidos perdieron 14 puntos y el cambio entre los desfavorecidos no fue estadísticamente significativo.

La igualación es hacia abajo. Los que más perdieron fueron exactamente los hijos de los padres que celebran la escuela que enseña yoga y computación. Los que van a los colegios con lindo patio. Los que tienen buena conexión a internet y celular propio desde los doce años. La paradoja que Jaim Etcheverry describió en 1999 tiene hoy una dimensión nueva: el problema, en 2025, es especialmente de los que estaban convencidos de que no era su problema.

¿Por qué cayeron más los favorecidos? El informe apunta varias direcciones. La proporción de lectores apresurados, estudiantes que escanean textos en lugar de leerlos y fallan en la comprensión profunda, casi se duplicó entre 2018 y 2025, y se concentra más en los sectores con mayor acceso a dispositivos. Los estudiantes que no usan chatbots de inteligencia artificial para sus tareas superan en rendimiento a los que sí los usan. El acceso a la tecnología, sin las competencias lectoras para procesarla, no suma. Resta.

La ironía adicional en el caso argentino: el 52% de los alumnos usa chatbots al menos una vez por semana para estudiar, frente al 46% de la OCDE. El 41% los usa para resumir textos que debería leer. El 32% para redactar textos que debería escribir. La herramienta más sofisticada del siglo XXI está siendo usada, en buena medida, para evitar las dos competencias que más cayeron.

Hay otro dato que complica cualquier relato simple sobre responsabilidades. Los estudiantes argentinos evalúan muy bien a sus docentes: el 78% dice que el profesor muestra interés en el aprendizaje de cada uno, por encima del 69% de la OCDE; el 79% que da ayuda extra cuando se necesita, contra el 73% promedio. Argentina supera la media global en los tres indicadores de apoyo docente que mide PISA.

La caída en matemática lleva seis ediciones consecutivas sin un solo rebote, atravesando todos los gobiernos desde 2006"

El problema no es que los docentes no se esfuercen. Es que se esfuerzan en un sistema que no les dio las herramientas correctas, con un método de enseñanza de la lectura que lleva treinta años produciendo los mismos resultados, en aulas donde el 58% de los alumnos reporta que el ruido y el desorden interrumpen la mayoría de las clases. La tragedia no tiene un culpable. Tiene una arquitectura.

El 14% de los estudiantes argentinos del cuartil socioeconómico más bajo logró ubicarse en el cuarto superior de rendimiento de su propio país. La OCDE los llama 'académicamente resilientes'"

Tampoco tiene un gobierno responsable. Los chicos de 15 años que rindieron PISA 2025 nacieron en 2010. Hicieron primero a tercero de primaria con Macri, cuarto a sexto y primero de secundaria con Alberto Fernández, segundo a cuarto de secundaria con Milei. La caída en matemática lleva seis ediciones consecutivas sin un solo rebote, atravesando todos los gobiernos desde 2006. El que intente apropiarse del problema para culpar al anterior miente dos veces: una por lo que dice, otra por lo que oculta.

Y sin embargo, hay un número que el informe menciona casi al pasar y que merece ser dicho en voz alta. El 14% de los estudiantes argentinos del cuartil socioeconómico más bajo logró ubicarse en el cuarto superior de rendimiento de su propio país. La OCDE los llama "académicamente resilientes".

El promedio de la OCDE es 12%. Argentina está dos puntos por encima. Son chicos que aprendieron pese a todo: pese al ruido, pese a la pobreza, pese al método, pese a los gobiernos. No alcanzan para compensar el desastre. Pero sí alcanzan para recordar que el desastre no es inevitable.

En 2020, veintiún años después, Jaim Etcheverry volvió con un segundo libro: Educación. La tragedia continúa. El título ya lo decía todo. PISA 2025 llegó cinco años más tarde para confirmar, con número y todo, que la tragedia tampoco distingue entre la escuela con campo de deportes y la escuela sin calefacción. Ya no es el problema de otro. Ya llegó a la escuela maravillosa.

Embajada de Rusia en Bs As 20260206