Hacinamiento, falta de servicios y viviendas precarias: casi 4 de cada 10 hogares tienen déficit habitacional
Casi cuatro de cada diez hogares argentinos presentan algún tipo de déficit habitacional. En concreto, 6.479.825, equivalentes al 40,67% del total, se encuentran en esta situación. El problema no se limita a la falta de viviendas: también comprende situaciones de hacinamiento, deficiencias de infraestructura y servicios básicos, y condiciones materiales inadecuadas.
Así surge de un análisis realizado por el Centro de Estudios Económicos Urbanos de la Escuela de Economía y Negocios de la Universidad Nacional de San Martín (CEEU-UNSAM) y Saint-Gobain, sobre la base de los datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022.
La mayor parte del déficit corresponde a hogares que cuentan con una vivienda, pero viven en condiciones que requieren mejoras.
Del total de hogares afectados, 686.925 —el 4,31%— presentan déficit habitacional cuantitativo, lo que significa que necesitan una vivienda nueva. Dentro de este grupo, 233.286 hogares se encuentran en situación de co-hogar, mientras que otros 464.508 habitan viviendas cuya calidad material las vuelve irrecuperables.
El componente más extendido es, sin embargo, el déficit cualitativo, que alcanza a 6.272.765 hogares. Allí aparecen problemas como el hacinamiento, las conexiones deficientes a servicios básicos, instalaciones inadecuadas y materiales que pueden ser mejorados.
Según el informe, 4.054.250 hogares —el 25,45%— tienen conexiones deficitarias a servicios básicos, mientras que 2.387.157 hogares, el 14,98%, presentan algún grado de hacinamiento. A su vez, 1.842.292 hogares tienen instalaciones inadecuadas.
El informe también permite observar una transformación del problema habitacional durante los últimos años. Entre 2010 y 2022, el déficit cuantitativo cayó de 1.317.819 a 686.925 hogares, una reducción del 47,9%. Su peso sobre el total de hogares pasó del 10,8% al 4,3%.
Pero esa mejora convivió con un aumento del déficit cualitativo. La cantidad de hogares en esta condición creció un 36,1%, lo que indica que el acceso a una vivienda no necesariamente implicó acceder a una vivienda adecuada.
El informe advierte, además, que las comparaciones entre 2010 y 2022 deben interpretarse con cautela debido a las diferencias metodológicas utilizadas para medir las condiciones deficitarias en ambos censos.
En este sentido, el problema habitacional aparece cada vez más asociado a la calidad de las viviendas y al acceso a infraestructura y servicios, además de la cantidad de unidades disponibles.
Por otra parte, el trabajo destacó que cerca de 4 millones de viviendas nuevas se construyeron entre 2010 y 2022. El sector privado construyó un promedio anual de 180.000 viviendas entre 2010 y 2019 mientras que el sector público aportó alrededor de 26.300 unidades por año.
“Con estos datos, se infiere que el 38% de las viviendas construidas no se encuentra claramente atribuida a un sector específico subrayando la relevancia de la autoconstrucción y la informalidad en el panorama habitacional argentino. La oferta habitacional formal se concentra en áreas urbanas como el Gran Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, que albergan alrededor del 63% de la población del país”, sostuvo.
El déficit no afecta de la misma manera a todo el territorio argentino. Las diferencias entre provincias son marcadas.
Santiago del Estero, Chaco y Formosa son las jurisdicciones con mayores niveles de déficit habitacional: en las tres, más del 55% de los hogares presenta algún tipo de carencia. En el extremo opuesto se encuentra la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con un 13,70%, seguida por Tierra del Fuego, Córdoba y Chubut, con porcentajes de entre 25,73% y 28,20%.
La dimensión cualitativa explica buena parte de estas diferencias. En la mayoría de las provincias, el principal problema está relacionado con las conexiones a servicios básicos. En Santiago del Estero, por ejemplo, el 42,95% de los hogares presenta conexiones deficitarias, mientras que en Chaco el indicador llega al 42,01%.
También existen fuertes diferencias dentro de los grandes centros urbanos. Entre los principales aglomerados analizados, el déficit habitacional total va desde el 23,27% en el Gran Córdoba hasta el 42,14% en el Gran Buenos Aires. En este último caso, el déficit cualitativo alcanza al 41,21% de los hogares.
El informe plantea que la problemática debe ser entendida desde una perspectiva más amplia que la construcción de nuevas unidades. Una vivienda adecuada implica condiciones de habitabilidad, acceso a servicios, seguridad de tenencia, asequibilidad, ubicación, accesibilidad y adecuación cultural.
En Argentina, además, el acceso a servicios básicos continúa siendo una de las principales dificultades. Aunque el 85% de los hogares accede al agua potable mediante la red pública y otro 10,4% lo hace mediante bomba a motor, solo el 61,7% cuenta con conexión a una red pública de desagüe cloacal.
La situación también está atravesada por la desigualdad en el acceso a la propiedad. El informe señala que más del 34% de los hogares que habitan viviendas particulares no son propietarios. Entre ellos, 3.341.956 hogares son inquilinos. Además, apenas el 44,7% de los nuevos hogares registrados entre los censos de 2010 y 2022 son propietarios de su vivienda.
El impacto tampoco se distribuye de manera homogénea entre los grupos de población. El estudio estima que el 59,7% de las personas de hasta 14 años vive en hogares con déficit habitacional, 12 puntos porcentuales por encima del promedio de la población argentina.
Frente a este escenario, el estudio plantea la necesidad de políticas que combinen construcción, mejoramiento de viviendas, acceso al suelo, infraestructura y financiamiento.
La propuesta apunta a una mirada integral de la problemática: “No se trata solo de construir más viviendas, sino de garantizar calidad, accesibilidad y sustentabilidad”, sostiene el documento.
Entre las líneas de acción señaladas aparecen el fortalecimiento de la inversión pública en vivienda, la regulación del mercado inmobiliario, el acceso a financiamiento, la regularización de situaciones de informalidad y la promoción de construcciones sostenibles.
En la misma línea, un informe del Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda Argentina (Ofava) asegura que “el déficit habitacional muestra una persistencia estructural que se mueve menos que los ciclos económicos argentinos”, aunque sí reacciona ante shocks puntuales, como ocurrió con la pandemia.