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infobae.com · hace 5 horas · Javier Cubillas

1.000 días de gestión le dan la razón a Rothbard

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El análisis económico demuestra que las regulaciones crediticias, el atraso cambiario y la asfixia fiscal impiden una reactivación real. No hay lugar para medias tintas: o avanzamos hacia la libertad económica o caemos al estatismo de siempre en algo peor que el estancamiento. La trampa de la economía paliativa, a 1000 días aproximados de gobierno, por los “parches” del Estado sólo posponen la crisis y le dan la razón a Rothbard

La economía argentina está en un momento decisivo. En medio de los esfuerzos por ordenar las cuentas vuelve a aparecer una vieja y conocida postal de la política: la tentación del “intervencionismo paliativo o populista”.

Esa idea de que, ante los costos inevitables del reordenamiento el Estado puede y debe intervenir para “suavizar” el impacto con parches sectoriales nos hace recordar a un nuevo fracaso reformista. Recurrir a estas recetas no es inofensivo, es el primer paso para caer de nuevo en una trampa que ya conocemos muy bien y que el costo político es perder credibilidad entre propios y darle la razón al peronismo.

En su obra, Poder y Mercado, Murray Rothbard demuestra con claridad que cuando el Estado interviene para alterar la tasa de interés o forzar el crédito, ya sea con líneas subsidiadas del Banco Nación o usando fondos previsionales como el FGS, rompe una señal clara para el mercado. Al bajar el costo del dinero artificialmente o a la fuerza o direccionar recursos públicos hacia sectores elegidos a dedo (como el automotor o la vivienda) el gobierno reemplaza el criterio del mercado por el de un burócrata.

El resultado es destructivo: se vuelve imposible calcular costos reales y se malgasta la asignación de recursos masivamente. Querer “reanimar” la economía con parches crediticios no resuelve la recesión y sólo distorsiona los precios y estira la posibilidad temporal de un despegue que siendo sinceros ya no tiene calendario disponible, que sirva de prueba cabal, para que la curva de crecimiento sostenible ocurra bajo este mandato.

Otro punto crítico es la peligrosa combinación de costos internos en aumento con un tipo de cambio controlado o anclado. Mantener el dólar pisado o manipulado funciona, en los hechos, como un control de precios encubierto.

Los números son claros: mientras los precios industriales suben al 1,7% mensual, los servicios y costos internos crecen al 3,1% (IPC). Si en este escenario el dólar se ajusta por debajo de la inflación real, los productores privados ven destruidos sus márgenes de ganancia. Esto no es la saludable competencia de libre mercado sino una destrucción directa causada por el forceps estatal sobre los costos del sector privado. Pisar, no implica movernos.

La teoría de Rothbard, además, nos da una clave muy simple para entender la tensión actual: cada vez que el Estado interviene y cobra impuestos divide a la sociedad en dos grupos. Por un lado están los que pagan los impuestos (el sector productivo que sostiene todo) y por el otro lado, los que viven de esos impuestos.

Esta grieta se ve clarísima hoy en la brecha entre unos pocos sectores altamente rentables y la realidad asfixiante de las economías regionales y las pymes industriales. Retenciones, impuestos elevados y tarifas en dólares son cargas insostenibles para el que produce.

La mora en su cadena de pagos en más de 4.000 industrias y la crisis en 9 economías regionales demuestran que el peso del Estado sigue aplastando al privado. El libre mercado supone acuerdos voluntarios, en cambio nos sigue demostrando bajo el gobierno actual que la intervención estatal impone un juego donde uno gana sólo si le saca al otro. Esta demostración de realidad no es bajo gobierno populista que se vive nuevamente.

La gran lección de la escuela austríaca es que la llamada “economía mixta” no dura para siempre. No hay un punto medio estable, el sistema termina yendo hacia la libertad pura o hacia el estatismo total. Cada control que se pone genera nuevos problemas y los políticos socialistas quedan frente a la misma opción: o eliminan la regulación original o agregan más controles para tapar los parches anteriores.

Si la estabilización actual se frena a mitad de camino manteniendo el cepo, el control al crédito y la enorme carga impositiva, la frustración social va a continuar creciendo. Y ese descontento será aprovechado por los de siempre para exigir la vuelta del estatismo, el proteccionismo y el gasto desmedido sin responsabilidad por sus efectos distorsivos.

Sintetizando un punteo o análisis de algunas dimensiones entre muchas que otros expertos en economía y política podrán sumar, y con más datos de respaldo aún, llegamos a la conclusión que para consolidar un camino de crecimiento real hay que dejar que las tasas y el crédito reflejen el ahorro real de la gente sin maniobras de los bancos ni de fondos públicos.

Hay que avanzar de una vez por todas al sinceramiento cambiario dado que el atraso del dólar frente a los costos internos está ahogando al campo y a la industria. La única salida duradera es unificar el mercado y sacar el cepo por completo. ¿Se está a tiempo?

Además, sostener el control de gasto razonable y eliminar dobles impuestos: Hay que quitar urgente las retenciones y bajar radicalmente o eliminar ingresos brutos, para dar aire a las pymes y devolverles competitividad. Este último es el desafío de las provincias.

Finalmente, explicar las cosas como son implica darle veracidad al cambio de rumbo de gobierno y, aun cuando sea contraintuitivo, explicar bien es gobernar y esto supone comunicar con honestidad que la recuperación no sale de parches estatales sino de sacarle las cadenas del Estado en todos sus niveles a los sectores productivos.

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