Otro abrazo partido
El germen de todo lo que sucede en “El ser querido”, la nueva película de Rodrigo Sorogoyen recién estrenada en España, viene tatuado en su primera escena monumental: el reencuentro de Esteban y Emilia, padre e hija, después de 13 años sin verse. Él es director de cine y vuelve al país con un proyecto en el que quiere ofrecerle a ella un protagónico.
Sorogoyen toma una decisión de puesta de escena crucial: los reúne en un restaurante y esa es la primera vez que se ven Javier Bardem y Victoria Luengo, los actores que darán piel a sus criaturas. Escondidas las cámaras, no hay claqueta y se ha ocultado todo lo que suene a set. La comida se rueda, sin cortes, durante una hora y media a lo largo de la cual ambos dirán las 10 páginas de diálogo.
El resultado es sobrecogedor. Allí están la sorpresa y la desconfianza que realza el montaje. Planos contra planos muy cortos urden una tela sensible que delata el más mínimo gesto; no hay dónde esconderse y la potencia de ese duelo promete lava: queremos más.
Durante el rodaje de la película en la que Emilia decide trabajar (“una historia de gente que no puede mirarse a los ojos”, definirá Esteban hablando sin querer de la que comparten), se construirá la película que vinimos a ver y si el juego de metacine era un riesgo que podía volver muy cerebral el planteo (hay cambio de texturas, blanco y negro…), las actuaciones memorables, la intensidad que cobra lo que se cuenta y los recuerdos disímiles que ambos personajes guardan de los mismos hechos tejen una asimetría dolida y hostil que ordena las fichas a favor de la emoción.
“¿Tú eres consciente de lo que ha supuesto para mí que no estés en mi vida?”, le pregunta en el clímax Emilia a su padre. No valen allí los premios del director oscarizado, que al dejar el país cortó lazos con la hija que nadie sabía que existía. Esa llaga es una deuda. Esteban tiene una nueva familia, hijos pequeños, afectos que no la incluyen.¿Se puede restañar ciertas heridas?
Escogerá cada quien su pliegue predilecto. El mío es una escena sin diálogo en la que imagen y música expresan los años de ausencia de ese padre tóxico. Mientras él desayuna con sus dos niños rubísimos, Emilia entra sin verlos y se pasea por el buffet. Esteban la espía al sesgo, avergonzado casi, mientras escucha un corte de la banda sonora de la peli que acaban de enviarle. Su hija es la heroína valiente de la historia que los involucra y crece con cada paso.
Quiso el azar que cuando el director de “As bestas” trabajaba en "El ser querido", el noruego Joachim Trier estrenara la muy recomendable “Valor sentimental”, que parte de una anécdota similar. Pero las armas expresivas escogidas por los cineastas son distintas y componen un ejemplo cabal de cómo el argumento no agota la riqueza oscura que puede deparar una historia. Regalarse ambas arroja luz sobre ese músculo extraño, siempre salvaje y contradictorio, que es el corazón humano.
Periodista y poeta, construyó una carrera a ambos lados del Atlántico. Es autora de cinco libros de poemas, entre ellos, "Riesgos de la noche" y "Monstruos privados", ambos publicados por Alción. [email protected]
Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín