Juan Ignacio Abuchdid: “Nunca vi un incentivo a invertir tan grande como el actual”
Juan Ignacio Abuchdid empezó a trabajar en el mercado financiero en 1999 y no se movió más del rubro. Estudió Economía Empresarial en la Universidad Torcuato Di Tella, hizo carrera en sociedades de Bolsa y fundó el Grupo IEB, que hoy preside. En 27 años, dice, nunca vio una disciplina fiscal ni monetaria como la actual, ni un incentivo a invertir tan grande.
Esa afirmación ordena buena parte de la conversación. Abuchdid se define optimista, cree que la Argentina atraviesa un cambio de matriz económica con ganadores y perdedores inevitables, y sostiene que tanto el mercado como los empresarios le asignan al riesgo político una probabilidad bastante mayor a la real. La incertidumbre electoral, dice, explica más que la coyuntura por qué se desaceleró el crecimiento y por qué el crédito no despega.
También habla de la morosidad, que a su juicio ya tocó su pico, de las tasas que cobran los bancos por los créditos personales y del fondo de asistencia laboral (FAL). Y deja una advertencia para sus colegas empresarios. Los márgenes que dejaba la inflación alta no vuelven más.
—Mirá, la verdad que yo estoy optimista. Estamos transitando un momento de cambios estructurales muy importantes, y los logros en estabilidad macroeconómica son fundamentales para un crecimiento sostenido y de largo plazo. Mi nivel de preocupación es bajo. Se habla mucho del riesgo de incertidumbre política, pero yo creo que tanto el mercado como los empresarios le están asignando una probabilidad mayor a la real. Siempre existen riesgos; creo que son más bajos de lo que la mayoría piensa.
—Se habla de una economía a dos velocidades, con una macro ordenada y una micro complicada, sobre todo en el conurbano.
—En todo cambio de matriz económica existen ganadores y perdedores. La velocidad de readecuación es lo que define el nivel de sufrimiento de los sectores menos beneficiados. Cuando neteamos la baja de actividad de las industrias perjudicadas contra el aumento de las beneficiadas, el resultado es positivo, porque la economía está creciendo. Naturalmente uno escucha las quejas de los sectores a los que les va mal, porque a los que les va bien están ocupados trabajando. No hay que mezclar sensaciones a nivel prensa con realidades.
—¿No le preocupa que los sectores a los que les va mal sean de mano de obra intensiva?
—No. La construcción, por ejemplo, es mano de obra intensiva y vino sufriendo los últimos dos años. No obstante, ahora está empezando a crecer. En tanto se mantenga el superávit fiscal, la baja en las tasas y la desaceleración de la inflación, eso reactiva el crédito y a todos estos sectores. Hoy el crédito es la variable fundamental para que las industrias terminen de reconvertirse a una ecuación más competitiva. Los empresarios se tienen que terminar de convencer de que los márgenes absurdos que se obtenían en esquemas hiperinflacionarios no van más, y de que esos modelos no sirven en ningún lado del mundo. Para ganar dinero hay que competir, hay que ser eficiente, hay que apostar a un país donde es más difícil ganar plata. Ganar plata en un país con un riesgo país de 1000 o 2000 puntos es muy fácil, porque se gana a expensas de la pobreza. En un país con un riesgo país de 400 puntos es mucho más difícil. Hay que cambiar el chip.
—Lo que pasa es que en 2023 los pesos no tenían ningún valor, había cepo y una emisión completamente desmedida. Las empresas y las personas nos sacábamos de encima los pesos en los pocos mercados disponibles. Si tenías poca plata, ibas y comprabas latas de atún de más. Y si tenías más plata, construías. Cuando comparás con el consumo de 2023, que tenía ese componente de desprecio al peso, el consumo real, sin ese condimento, es el que hay hoy. Esas empresas iban a terminar todas quebradas. Eso iba a estallar en una hiperinflación y la pobreza iba a llegar al 85%. Llegó a 57%. Nada mal.
—A principio de año se esperaba que la economía creciera 3,5%, según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, y hoy el mercado estima 2,1%. ¿Por qué crece más despacio?
—El REM es una proyección de lo que puede llegar a ocurrir, no necesariamente de lo que va a ocurrir. Creo, como te decía al principio, que el riesgo político está sobreponderado. Muchos empresarios se pusieron más conservadores porque la Argentina viene de una historia en la que cada dos años nos encontramos con una dicotomía enorme, y lo peor para las decisiones empresariales de mediano y largo plazo es la incertidumbre. Venimos con esa dinámica desde las elecciones de 2015, una tras otra, donde tenemos que elegir entre el cielo y el infierno para el mundo de los negocios.
—Es una corrección de más de un punto del producto en un año no electoral. ¿Tanto se equivocaron?
—Mirá, los economistas son expertos en equivocarse, y seguramente puede ser que lo estén haciendo ahora también. Fijate que si alguien piensa que en la elección del año que viene pudiera ocurrir un evento como el de las PASO de 2019, nadie va a tomar decisiones de inversión, se paralizan automáticamente. Y ese riesgo está totalmente sobreestimado, porque pese a los ruidos en los medios, el camino que se está adoptando es el de la estabilidad. No hace falta irte a Estados Unidos, a Europa o a Japón. Podés verlo en Chile, en Brasil, en Uruguay. Cuando este gobierno asume, estaban todos convencidos de que el dólar iba a valer entre $2000 y $3000. Cada día que pasa y eso no ocurre se construye un escalón más de credibilidad. Cada vez el superávit acumulado es más grande, cada vez el stock de reservas es más grande. Es como una bola de nieve que empieza despacito y va creciendo. Venimos acostumbrados a que en los cambios de gobierno, con el toque de una varita mágica, la economía va a estar bien. La cultura del trabajo y del esfuerzo se perdió en las últimas décadas, y eso no se recupera en dos años, ni en tres, ni en cinco. Desde que empecé a trabajar, en 1999, nunca vi una disciplina fiscal como esta, nunca vi una disciplina monetaria como esta y nunca vi un incentivo a invertir tan grande.
—A que abrís las redes sociales, abrís los medios y se habla de crisis. Yo no entiendo cómo se puede hablar de crisis en un país donde está creciendo el PBI. Esa negación de la realidad la entiendo desde un punto de vista mediático o político, pero no la comparto.
—Por supuesto. Pero cuando se habla de recesión se habla de la economía en general, no de un sector específico, porque hay sectores en recesión y otros en expansión. Cuando sumás todo, da expansión. Se debería decir que la economía está creciendo y que a algunos sectores todavía les va mal. Y sin dudas eso tiene injerencia. Cada vez menos, pero va a sesgar la opinión de mucha gente que ve la tele, escucha que dicen que hay recesión, no es economista y dice “ah, bueno, hay recesión”. Pero no hay recesión.
—Cristina Kirchner fue reelecta con el 54% de los votos y tenía a los medios en contra. ¿Cree realmente que lo que digan los medios tiene injerencia?
—Acá va a ocurrir lo mismo, no tengo dudas. Si las elecciones fueran mañana no hay ninguna posibilidad de que Milei no sea reelecto, en mi humilde opinión y sin ser político.
—Muchas. El FAL está muy peleado. Va a ser un combustible de financiamiento para un montón de proyectos. Es básicamente quitarle recursos al sector público y dárselos al privado, que demostró ser bastante más eficiente en administrarlos. Asimismo, le quita a las empresas un pasivo muy importante, el laboral, donde todos los empresarios sabemos que la industria del juicio es un disparate. Eso genera que estén más dispuestas a contratar y a invertir. Cuando mirás la proporción entre empleados registrados y empleados en la informalidad, es un disparate. La Argentina está muy enferma todavía. Necesita sanear el mercado laboral y el financiero, para que los dólares del colchón pasen al mercado de capitales.
—Veo estabilidad, no veo ningún tipo de sobresaltos, y te voy a explicar por qué. Ya tuvimos el ejemplo de lo que piensa el mercado si hubiera una elección adversa para el oficialismo. Lo vimos en septiembre de 2025 y en agosto de 2019, con devaluaciones o saltos abruptos en la tasa que después generan consecuencias muy negativas. En este último caso, la primera víctima fue la tasa, y la consecuencia fue la mora, que impactó seis meses después, porque los movimientos de tasa llegan a la economía real con un lag. El Banco Central y el equipo económico reaccionaron muy bien. Hacia el año que viene va a estar mucho más robusto que hoy.
—No, no veo que sea un problema. Ya tocó su pico. La tasa subió y después volvió a bajar. No hubo impacto en el tipo de cambio, pero sí uno muy fuerte en la tasa, y eso generó el descalabro en la mora. Así como el pico de septiembre por el descalabro político fue y volvió, la mora va a ir y va a volver, porque es el espejo de eso. Veo una economía mucho más ordenada y más sólida para enfrentar cualquier incertidumbre política el año que viene, con más reservas. Y ya vimos que, si esa incertidumbre se intensificara, la Argentina supo conseguir un aliado muy importante. Si seguimos con el superávit y la estabilidad macroeconómica, yo no veo riesgos.
—Usted habla de la importancia del crédito, pero todavía hay bancos que ofrecen tasas de 64% para créditos personales.
—Los bancos, al igual que todas las industrias que no están teniendo un buen pasar, tienen que entender que hoy los spreads son más bajos, las ganancias son más bajas y hay que invertir más. Tener créditos personales a tasas del 64% con tasas de referencia del 20% o del 22% me parecen rentabilidades excesivas. Este 64% que vos pensás que es alto y yo también, el año pasado era 80%, el anteaño pasado era 100% y el anterior, 200%. Estuvieron años acostumbrados a ganar spreads altísimos en economías inflacionarias, con una contraprestación que era la pobreza. Hoy la ecuación cambió. Hay que invertir, ganar menos y producir más cantidad. Hay que prestarle a más gente y, en vez de cobrar 64%, cobrarle 30%; en vez de ganar 40 puntos de spread, ganar 10, pero generar más volumen. Ahí es adonde tiene que ir el mercado, y si no va más rápido es, entre otras cosas, por la percepción de riesgo político.
—Yo no concibo que un empresario prefiera ganar spreads más altos en un país más injusto, más volátil y con mayor pobreza. Me parece que el empresario, además de querer ganar plata, quiere vivir en un país sano. El que quiera volver a eso no me parece un empresario, sino un tipo con cero valor.
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