← Volver
clarin.com · hace 19 horas · Clarin.com - Home

El FMI le giró plata a la Argentina 24 horas antes del 11-S: todo vino barranca abajo después

Google

El 11 de septiembre de 2001 el entonces presidente del Banco Central, Alan Greenspan, estaba en pleno vuelo de Europa a Estados Unidos. El piloto anunció que por mal tiempo tenía que aterrizar en Madrid. Entonces desde la cabina llamaron a Greenspan y la tripulación le informó lo que había ocurrido en Nueva York. Cuando la nave aterrizó, lo primero que Greenspan hizo fue comunicarse con las autoridades operativas de la Fed. Les dijo: “Por favor, ¡llenen los cajeros automáticos! Pongan billetes en todo Manhattan”.

Glenn Hubbard, economista de la Universidad de Columbia y entonces jefe del Consejo de Asesores Económicos de George W. Bush, contó “aquel día nuestro trabajo se concentró en los mercados aeronáutico y financiero. Las dos principales preguntas que nos hacíamos era qué pasaría con los precios de las pólizas de seguro y las bolsas al otro día que abrirían”.

Hubbard recordó que se empezó desde la Casa Blanca con una batería de medidas para contrarrestar la actividad de los terroristas en los mercados del transporte además del aeronáutico y servicios financieros. “Claramente no previmos un ataque como el 11-S, no veo cómo alguien podría haber modelado algo así”, contó en el libro Cuando el Presidente llama. También Paul Blustein, en su último libro, Dollar King, detalla las medidas que se tomaron desde el mercado financiero.

John Taylor, un economista famoso por ser autor de una regla monetaria de la tasa de interés y los bancos centrales, era subsecretario del Tesoro en aquel entonces. Asumió justo tres meses antes del ataque a las Torres. En su libro Global Financial Warriors cuenta cómo, apenas tres meses después de asumir su cargo, pasó de gestionar crisis financieras en mercados emergentes a liderar una coalición global para rastrear y congelar los activos financieros de redes terroristas (como Al-Qaeda). Participó demás de 400 reuniones en lo que se conoce como Situation room, una sala en un sótano de la Casa Blanca.

Efectivamente uno de los temas que el Tesoro estadounidense más le dedicaba tiempo era a los sistemas financieros de los mercados emergentes y, entre ellos, la situación de la Argentina y la presión a la que estaba sometido la Convertibilidad. El FMI y el propio Tesoro habían salido a su rescate un año antes.

Como Greenspan, el 11 de septiembre, Taylor se encontraba fuera de Washington. Estaba en Tokio y con el espacio aéreo estadounidense completamente cerrado, la única manera de regresar de urgencia fue en un Hércules.

“Muchachos, lo siento pero Argentina pasó a ser la última prioridad en la lista de papeles que tengo arriba del escritorio”, dijo Taylor días después del 11 de septiembre. “Mi tarea ahora es rastrear financiamiento terrorista”. Taylor trabajaba codo a codo con el equipo económico argentino conducido por Domingo Cavallo, entre quienes estaban el secretario de Política Económica, Guillermo Mondino, y el secretario de Finanzas, Daniel Marx.

Argentina ocupaba por entonces una línea de trabajo en la agenda del Tesoro de EE.UU. Había una persona encargada del caso argentino (desk) en Washington y un representante en Buenos Aires. Todas las mañanas Natan Epstein, funcionario de Taylor, hablaba treinta minutos por teléfono con un funcionario del área de Investigaciones Financieras del Ministerio de Economía, para ver cómo se actualizaba el programa financiero. Claudio Loser, entonces director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, calculó que “había al menos 20 economistas siguiendo solo a la Argentina en ese entonces”. El predecesor del entonces secretario del Tesoro Paul O’Neill (había sido Larry Summers) había autorizado un paquete de casi US$40.000 millones para Argentina (blindaje) el año previo y el FMI había aportado US$14.000 millones de ese total. Encima ahora Cavallo pedía (al FMI) otros US$ 8.000 millones.

El FMI giró plata el 10 de septiembre. Ingresaron US$ 6.000 millones a las reservas. Los restantes US$ 2.000 millones serían a los pocos meses. Solo si el país cumplía las metas. Pero lo que vino después fue la frase de Taylor: “Argentina es la última prioridad”.

Apenas un mes antes, en agosto, el equipo económico había ido a Washington a negociar un apoyo del FMI. Marx, Mondino y también Federico Sturzenegger (entonces viceministro), Jorge Baldrich (Hacienda), Mario Blejer y Horacio Tomás Liendo. Hubo reuniones con el Tesoro y el FMI. Washington puso otra vez la dolarización arriba de la mesa.

Marx tenía agendada desde agosto una reunión para el 13 de septiembre con Taylor en EE.UU.. Llegó a Nueva York cuando el World Trade Center ardía aún. “Aterricé en un turbohélice en el Aeropuerto de La Guardia proveniente desde Baltimore. Nueva York era una ciudad fantasma. Me vinieron a buscar en una patrullero y fuimos a Nueva Jersey, donde estaban las autoridades del Tesoro para no estar en Manhattan”, recordó Marx. “De ahí fui a DC”.

Miguel Kiguel estaba en el Midtown el 11-S (había ido a dar una charla sobre Argentina y semanas más tarde se sumaría a Economía) vio un “desierto”. Otros argentinos que trabajaban en Wall Street y aquel día se hallaban en Nueva York eran Javier Timerman, Javier Kulesz, Gustavo Ferraro y Pablo Goldberg.

Stanley Fischer era el número dos del FMI al momento del ataque. Se fue del organismo en septiembre. Fischer había sido clave para el blindaje a favor del país. En su lugar quedó Anne Krueger. Hörst Kohler, director del FMI, y Krueger no tuvieron la misma paciencia con la Argentina.

Ezequiel Burgo

Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín

Newsletter Clarín