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perfil.com · hace 1 hora · Federico Nagierner

El proceso desinflacionario inquieta al Gobierno y plantea interrogantes de cara a 2027

Javier Milei

La inflación volvió a desacelerarse en agosto y marcó 1,7% mensual, pero el dato también dejó expuesto el límite que enfrenta el proceso de desinflación. A fines de 2025, el presidente Javier Milei había anticipado que para este mes el índice iba a “empezar con cero”, pero finalmente la inflación quedó por encima de ese objetivo.

Ahora, el interrogante que aparece entre los economistas es si se trata de una demora dentro de un proceso que todavía puede profundizarse o si la economía encontró un nuevo piso en torno al 1,5%-2% mensual.

La inflación se desaceleró al 1,7% en agosto, pero quedó lejos del 0 que esperaba Milei

El dato de agosto, además, no puede leerse solamente a partir del número general. La composición muestra que todavía conviven factores transitorios con componentes de mayor persistencia. Los estacionales ayudaron a contener el índice, mientras que los servicios y los precios regulados continúan ejerciendo presión.

La inflación núcleo fue de 1,8%, los regulados avanzaron 2,2% y los estacionales cayeron 0,9%, mientras que las canastas básicas aumentaron 2,6%, bastante por encima del IPC. En ese escenario, la última etapa de la desinflación aparece como la más compleja y, al mismo tiempo, como una variable cada vez más relevante para las perspectivas económicas y políticas del Gobierno hacia 2027.

INDEC

En diciembre de 2025, Milei había pronosticado que para agosto de 2026 la inflación sería “cero coma algo” y que el dato mensual, por lo tanto, iba a comenzar con cero. “Para mitad del año que viene o agosto, la inflación va a pasar a ser de cero coma algo, seguro va a empezar con cero”, había afirmado el Presidente durante una entrevista en el canal de streaming Carajo.

En esa misma oportunidad, había sostenido que la desaceleración primero se observaba en los precios mayoristas y que luego iba a trasladarse al IPC. “Lo que verdaderamente está pasando con la inflación en Argentina está en el Índice de Precios Mayoristas. El programa está funcionando muy bien y se va a reflejar en el IPC, tarda un poco más”, había señalado.

El dato de agosto mostró que ese proceso todavía no alcanzó el ritmo que había proyectado el Gobierno. Sin embargo, entre los analistas no aparece la idea de un quiebre de la estrategia económica, sino una discusión diferente: cuánto más puede bajar la inflación a partir de ahora y cuánto esfuerzo requerirá llevarla desde la zona del 2% hacia el 1% mensual.

Julián Neufeld, economista de Fundación Libertad y Progreso, destacó que uno de los aspectos más relevantes del dato de agosto fue justamente aquello que no ocurrió: no hubo un shock puntual que explicara el movimiento general del índice.

“A principio de año el IPC tenía protagonistas, como la carne o los combustibles, cambios de precios relativos que se acomodaban y después se diluían. En agosto la suba está repartida”, explicó.

A su entender, esa composición muestra que el proceso de desinflación entró en una etapa diferente. La inflación de fondo responde ahora, en mayor medida, al comportamiento de los precios regulados y a la interacción entre la oferta y la demanda de pesos, mientras que el tipo de cambio aparece como una variable a monitorear de cerca.

Neufeld remarcó que las subas recientes del dólar pueden trasladarse especialmente a alimentos y bebidas no alcohólicas, el rubro con mayor ponderación dentro de la canasta general y también en las canastas utilizadas para medir pobreza e indigencia.

La advertencia es relevante porque, una vez que desaparecen los shocks transitorios, la baja del IPC depende cada vez más de la persistencia de los precios y de las expectativas.

Para Facundo Beltramone, economista de Fundación Libertad, la corrección de los precios relativos que acompañó al programa económico permitió recomponer rentabilidades, incentivos y señales de mercado, pero también ralentizó la caída del índice general.

Desde comienzos de 2024, los bienes aumentaron cerca de 190% y la inflación núcleo 222%, mientras que los servicios y los regulados lo hicieron alrededor de 415% y 416%, respectivamente.

Esa heterogeneidad permite explicar buena parte de la dinámica de estos dos años: no todos los precios se movieron al mismo ritmo y, por lo tanto, tampoco la inflación podía desacelerarse de manera uniforme.

Beltramone considera que el superávit fiscal y el control de los agregados monetarios siguen siendo los fundamentos centrales de la estabilidad, pero identifica un desafío adicional para los próximos meses: la indexación.

Las jubilaciones se actualizan con el IPC de dos meses atrás, el techo de la banda cambiaria incorpora inflación pasada con rezago y parte de los precios regulados continúa ajustándose sobre parámetros retrospectivos. A medida que la inflación baja, esos mecanismos pasan a tener un peso relativo mayor y pueden dificultar que el índice perfore de manera sostenida el 1% mensual.

Para Nicolás Parreira, economista y director de Grupo Sigma, el 1,7% de agosto también se explica por un factor más estructural. “Por más que tengamos hoy una política monetaria contractiva, hay componentes del IPC que siguen ajustándose por fuera de la dinámica de emisión”, señaló.

El economista mencionó entre ellos a las tarifas de energía y gas, el transporte, la salud privada y los alquileres, que cuentan con esquemas de actualización que continúan moviéndose mes a mes.

Cuánto aumentarán jubilaciones, pensiones y AUH de ANSES tras el dato de inflación de agosto

“El índice no puede llegar a 0% mientras convivan estos ajustes y mientras la economía siga corrigiendo precios relativos que quedaron atrasados”, sostuvo.

En ese sentido, Parreira consideró que el dato de agosto refleja justamente esa dinámica: los regulados marcan un piso, los estacionales aportan un alivio puntual y la inflación núcleo continúa desacelerándose, aunque todavía se mantiene lejos de cero.

“El 1,7% de agosto no sorprende por el número, sino por su composición”, explicó. Según su análisis, el dato respondió en buena medida a ajustes acotados en energía, transporte y prepagas, y a la corrección de turismo e indumentaria después del invierno, más que a una desinflación plena de toda la canasta.

“La núcleo, en 1,8%, indica que la tendencia es real, pero no está cerrada: los servicios siguen siendo el principal foco de persistencia”, sostuvo.

Hacia adelante estima que, sin el aporte negativo de los estacionales, la inflación mensual probablemente se mantenga en una zona cercana al 1,6%-2%.

La discusión tiene además una dimensión política. La baja de la inflación fue uno de los principales activos del Gobierno durante el primer tramo del mandato, especialmente hasta mayo de 2025. Ahora, el desafío consiste en sostener esa mejora durante los próximos meses mientras la economía intenta recuperar actividad y salarios reales.

Santiago Casas, economista jefe de EcoAnalytics, remarcó que el 1,7% de agosto fue una buena noticia, pero no una sorpresa: el dato ya estaba descontado por los analistas de mercado y, por lo tanto, no modificó las expectativas sobre el plan económico.

La señal más preocupante, según Casas, estuvo en las canastas básicas, que aumentaron 2,6% en el mes, bastante por encima del IPC general.

Al mismo tiempo, el economista destacó la heterogeneidad de la inflación: los regulados avanzaron 2,2%, la núcleo se ubicó en 1,8% y los estacionales cayeron 0,9%. “Seguimos esperando que la desaceleración inflacionaria sea lenta y sinuosa”, explicó.

Para el Gobierno, esa trayectoria tiene una importancia adicional porque se cruza con la actividad económica. Casas señaló que, en un contexto de fragilidad, que los precios continúen desacelerándose evita un escenario todavía más adverso: una combinación de inflación alta y actividad débil.

Inflación

Hernán Letcher, economista y director del CEPA, puso el foco sobre la evolución acumulada de los precios y el impacto que tuvo la inflación sobre distintos rubros.

“En los últimos once meses, desde las elecciones para acá, se perciben incrementos muy significativos” en alimentos, carne vacuna, servicios, transporte público y combustibles. En ese período, la inflación acumuló 30,9%, mientras que la carne subió 50%, los servicios 50,7%, el transporte público 49,3% y los combustibles 45,9%.

El economista también señaló que el acumulado de inflación de 21,3% en los primeros ocho meses del año más que duplicó la estimación de 10,1% contemplada por el Gobierno en el Presupuesto.

En cuanto a septiembre, Letcher identifica a la debilidad del consumo como uno de los principales factores que explican la evolución de los precios. A eso se suma la intención oficial de mantener estable el dólar: en la primera semana del mes, el tipo de cambio avanzó apenas 0,1%, incluso con intervenciones oficiales.

También incidió la decisión del Gobierno de mantener, de hecho, congelados los precios de los combustibles, lo que contribuye a contener una fuente adicional de presión sobre el índice.

La evolución de la inflación núcleo muestra por qué la discusión empieza a ser más compleja. Después de ubicarse en 3,2% en marzo, pasó a 2,3% en abril, 1,9% en mayo, 1,6% en junio y 1,8% tanto en julio como en agosto.

La tendencia general sigue siendo descendente, pero la velocidad de la baja empezó a moderarse. El desafío ya no consiste en bajar desde tasas de inflación extremadamente altas, sino en conseguir que los componentes más persistentes acompañen la desaceleración.

Desde el CEPEC remarcaron justamente ese punto: “No hay caso, el 0% todavía está lejos”. Según el organismo, aunque el dato de agosto es favorable para el Gobierno, que la inflación núcleo haya quedado por encima del nivel general muestra que “la desinflación todavía no es un proceso completamente consolidado”.

El diagnóstico coincide con la advertencia de Parreira: mientras existan mecanismos de actualización en tarifas, transporte, salud privada y alquileres, y mientras continúe la recomposición de precios relativos, será difícil pensar en una inflación cercana a cero.

La baja de la inflación fue uno de los principales activos económicos del Gobierno durante el primer tramo de su mandato. Pero el escenario cambia cuando la discusión deja de ser cómo reducir una inflación de dos dígitos para pasar a cómo atravesar el último tramo y llevarla por debajo del 1% mensual.

Ese objetivo es relevante también por su vínculo con la actividad y los salarios. El Gobierno necesita que la recuperación económica se consolide y que la mejora del poder adquisitivo pueda acompañar esa recuperación de cara a 2027. Una desinflación demasiado lenta podría limitar ese proceso, mientras que una eventual aceleración tendría un costo directo sobre el salario real y las expectativas.

Por ahora, los analistas no proyectan un regreso de la inflación a tasas mucho más elevadas. La discusión está en otro lugar: si el índice podrá seguir descendiendo o si permanecerá durante varios meses dentro de una zona cercana al 1,5%-2%.

El 1,7% de agosto confirma que el proceso desinflacionario continúa, pero también muestra que la última milla puede ser mucho más difícil. Después de haber conseguido sacar a la economía de niveles de inflación significativamente más altos, el Gobierno enfrenta ahora un desafío distinto: demostrar que puede seguir bajando los precios sin generar nuevas tensiones cambiarias, tarifarias o de actividad.

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