El círculo rojo y la defensa argentina
En Sudamérica existe una larga tradición de “industries run by militaries” es decir, industrias manejadas por militares. Este fenómeno ocurrió durante todo el siglo XX, cuando las ideas nacionalistas, estatistas y hasta socialistas imperaban impactando en las elites militares de cada país. Muchas industrias nacieron del impulso y la iniciativa de destacados militares sudamericanos en la siderurgia, el petróleo y la fabricación de aviones, buques, pólvora, municiones y vehículos militares.
Cada país tuvo su propia matriz y evolución, pero en todos, con mayor o menor intensidad, esta visión constituyó un valor cultural organizacional en casi todas las fuerzas armadas sudamericanas dando lugar a una postura anticapitalista y reacia al sector privado y –sobre todo- creando una tendencia a autoabastecerse bienes y servicios, con poca vocación para tener una mayor interacción con la economía del país y con una pobre conexión funcional interagencial e interfuerzas generando burocracias excesivas, superposiciones de funciones operativas y logísticas, ineficiencias presupuestarias y una baja calidad del gasto de defensa.
Bajo estas circunstancias, hoy, en Argentina existen Fabricaciones Militares, el astillero TANDANOR y la fábrica de aviones FAdeA. Todas empresas estatales. De igual modo y en ese orden, Chile tiene FAMAE, ASMAR y ENAER; Perú FAME S.A.C., SIMA Perú y SEMAN Perú y; Colombia INDUMIL, COTECMAR y CIAC. Brasil es el único país que rompe con éxito la lógica sudamericana de vinculación de la defensa con el capitalismo generando, en unos 30 años, un poderoso clúster industrial de defensa en cabeza de la líder aeroespacial mundial EMBRAER y otras compañías privadas como Mac Jee y Taurus, entre otras.
A pesar de esta apertura tan exitosa, Brasil sigue teniendo empresas estatales siguiendo el modelo señalado como IMBEL, AVIBRAS y EMGEPRON. Las garras del estatismo son muy difíciles de arrancar aún teniendo a EMBRAER como ejemplo quien, durante el 2025, alcanzó ingresos por 7.577,5 millones de dólares y un beneficio neto de 359 millones de dólares, concretando la entrega global de 244 aeronaves y cerrando pedidos firmes por 31.600 millones de dólares.
Por otro lado, el Elite Quality Index 2026 elaborado por la universidad suiza de Saint Gallen relevó el poder de la elite económica de 151 países y su capacidad de generar valor para el desarrollo de su país. Los que tienen el mejor índice son: Singapur, Estados Unidos, Japón, Suiza, Suecia, Corea del Sur, Países Bajos y Alemania. China está en la posición 11. Israel está en el 14 y Turquía en el 63. En este rating Argentina terminó en el puesto 104 pero en el 2024 estaba en el puesto 70. Chile ahora está en el puesto 32, Brasil 54, Perú 67 y Colombia 76.
A pesar de que Chile tiene el círculo rojo con la mejor calificación sudamericana, su industria de defensa está en manos militares, bajo propiedad estatal y el valor que genera a su economía es muy bajo. Lo mismo ocurre con Perú y Colombia con parámetros inclusive peores. Pero a pesar que la elite económica de Brasil es peor calificada que la de Chile en esta medición y sí bien ella tiene parte de la industria de defensa bajo su poder ésta aporta mucho más valor al crecimiento económico sostenible del Brasil que lo que los militares hacen en Chile, Perú y Colombia.
La industria de defensa brasileña tiene una participación en el PBI brasileño del 4% y sostiene 2,9 millones de empleos directos e indirectos (2025). No hay nada similar así en Argentina porque la participación de su industria de defensa en el PBI es insignificante y con números de generación de empleo directo e indirecto marginales.
Entonces, esta industria, ahora, enfrenta un escenario catastrófico entre la mala performance de la elite económica del país, su situación patrimonial en manos del Estado, la continuidad de una visión militar anticapitalista y la falta de una política y estrategia de seguridad nacional y de defensa que indique un camino a seguir, tal como sí se hizo en el ámbito nuclear, desde la Secretaría de Asuntos Nucleares, este año, cuando por fin pudieron establecer una gobernanza profesional para liderar un cambio hacia el capitalismo en la empresa Nucleoélectrica Argentina S.A. y en el clúster nuclear del país.
Hoy, la industria de defensa argentina (al contrario de lo que ocurre en el mundo) no es negocio para nadie. Los interesados extranjeros huyen al tomar nota de la realidad. Todo languidece. El caso más patético es FAdeA. Nadie puede exigirle al círculo rojo argentino que se inmole por la industria de defensa y si bien ésta es una oportunidad a futuro para la inversión, la innovación y la competencia; todo depende de un conjunto de cambios estructurales que están ausentes y sin perspectiva de realizarse.
El Estado debe tener dinero para comprar bienes y servicios a esta industria, darle fortaleza interna y así generar un perfil de exportación sustentable como ocurre en Brasil. Esto no implica un gasto de defensa mayor al 1% del PBI.
La defensa de un país no se mide solo por las armas que tiene para una guerra que puede afrontar en una hipótesis. Se mide también por su impacto en la economía del país. En tiempos de paz, es más relevante su participación en el PBI y la mano de obra directa e indirecta que genera en la sociedad que la cantidad de soldados, marinos y pilotos que pueda poseer.
Hoy, no hay nadie con estos conceptos en el Estado argentino. Ni siquiera los tiene un Presidente que dice ser pro capitalista.
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