Malvinas: la memoria laborista de una negociación inconclusa
Existe una página de la historia de la cuestión Malvinas que pertenece a la memoria diplomática del Partido Laborista británico, que hoy gobierna el Reino Unido bajo el liderazgo del primer ministro Andy Burnham. En diciembre de 1965, durante la gestión del primer ministro Harold Wilson, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Resolución 2065 (XX) y dos años después, bajo el mismo gobierno laborista, se iniciaron las negociaciones bilaterales que culminaron en el Memorándum de Entendimiento acordado en agosto de 1968. Ambos acontecimientos muestran que existió en Londres una disposición formal de negociar con Argentina la soberanía de las Islas Malvinas.
La Resolución 2065 (XX), aprobada sin ningún voto en contra, reconoció expresamente la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e invitó a ambos gobiernos a negociar una solución teniendo en cuenta los intereses de la población de las islas. A partir de 1966 se inician las negociaciones pertinentes entre Buenos Aires y Londres y, durante 1967 y 1968, se avanzó hasta incorporar de manera explícita la cuestión de la soberanía. En marzo de 1968, el ministro de Estado para Asuntos Exteriores, lord Chalfont, explicó al Parlamento que el objetivo encarado con la Argentina era poner fin a la controversia.
El resultado de ese proceso se concretó por iniciativa británica en un Memorándum de Entendimiento. El documento acordado en 1968 comenzaba registrando que las negociaciones se habían desarrollado “en un espíritu amistoso y cooperativo” y conforme con la Resolución 2065 (XX). El segundo punto establecía como finalidad común avanzar rápidamente en medidas prácticas destinadas a promover la libertad de comunicación y movimiento entre el continente y las islas, con el propósito de crear condiciones para transferir la soberanía teniendo debidamente en cuenta los intereses de la población.
El aspecto más significativo del documento aparecía en el punto cuarto. Allí se acordaba que el Reino Unido reconocería la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas a partir de una fecha próxima a determinar. Esa fecha debía fijarse después de que ambos gobiernos establecieran los criterios relativos a los intereses de los isleños, considerando la cuestión como puente y no como obstáculo.
En noviembre de 1968, la Argentina –que estaba dispuesta a suscribir el texto– sostuvo que los derechos, salvaguardias y garantías de los habitantes eran de “extremo interés” y manifestó la disposición de preservar las costumbres, las entidades educativas y religiosas, idioma, la protección de la propiedad privada, el régimen de tierras y un estatus específico de los habitantes incluyendo la posibilidad de instituciones de administración local. En diciembre de ese año, el embajador argentino ante la ONU afirmó que la Argentina estaba preparada para otorgar garantías efectivas destinadas a proteger los intereses de la población de las islas.
Aunque los negociadores en el más alto nivel habían aprobado formalmente el documento definitivo, circunstancias de política interna británica terminaron bloqueando su implementación. La filtración de las negociaciones, según el Foreign Office, provocó una reacción en el Parlamento y en la prensa que llevó al primer ministro Harold Wilson en diciembre de 1968 a establecer un impasse en su ejecución. Casi seis décadas después, aquella negociación cerrada plantea una pregunta legítima al laborismo británico actualmente en el gobierno: ¿por qué no recuperar la lógica diplomática de entonces y empezar a dar ejecución al Memorándum de Entendimiento?
La pregunta es oportuna por cuanto las negociaciones de 1966-1968 demuestran que 10 Downing Street consideró correcto y posible acordar la transferencia de la soberanía y alcanzar términos aptos en beneficio de los intereses isleños. Rescatar ese antecedente significaría recordar que la negociación diplomática, el multilateralismo y la búsqueda de una solución definitiva con la Argentina también forman parte de la historia británica de Malvinas. A veces recuperar la memoria es volver a encontrar un camino.
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