El mundo nos ayuda, pero el camino no es lineal
Si bien la agenda global sigue siendo un torbellino, centrada esta semana en la pulseada del secretario del Tesoro de Estados Unidos por moderar la curva de rendimientos de la deuda, lo cierto es que, por ahora, la combinación de los precios de la energía y un riesgo emergente que se mantiene relativamente aislado de este movimiento y de los coletazos de la guerra y la geopolítica sigue favoreciendo a la Argentina.
Los datos del sector externo de julio, con importaciones frenadas y exportaciones que se mantienen cerca de USD 9.000 millones por mes, sostienen un superávit mensual por encima de USD 2.000 millones y elevan la proyección de balanza comercial para el año a la zona de USD 26.000 millones, con otros USD 10.000 millones de superávit en los cinco meses que quedan del año.
En este contexto, y frente a colocaciones de deuda privada y de provincias en el mercado que se ralentizan, pero están lejos de frenarse, el BCRA sigue comprando menos dólares, pero compra. Van casi USD 14.000 millones desde que arrancó el programa de compras a principios de año y la acumulación de reservas netas en la definición del FMI alcanza casi USD 9.000 millones, superando los USD 8.000 millones incluidos en el acuerdo con el Fondo.
Sin embargo, a pesar de esta bonanza del sector externo, la normalización financiera observada desde la elección de octubre pasada se tomó un impasse. El índice de riesgo país superó los 500 puntos básicos después de haber tocado los 400 un mes y medio atrás, y la tasa forward —la implícita en extender de octubre de 2027, un día después de la elección, a noviembre de 2028 la deuda en dólares del Tesoro emitida localmente— saltó al 15,4% anual, luego de haberse ubicado en 11% un mes y medio atrás.
Recordemos que el programa financiero presentado cierra si se logra extender el horizonte más allá de octubre de 2027. Una fecha de la cual todavía estamos lejos, pero a la que indefectiblemente nos vamos acercando, con encuestas que empiezan a mostrar el daño de una economía dual, con muchos sectores que no terminan de arrancar; una enorme incertidumbre sobre la oferta electoral; y, en el último mes, mayores dudas sobre la posibilidad de que el Gobierno pueda suspender las PASO. Ahí aparece la tensión.
Los dólares están y el sector externo ayuda, pero el mercado empieza a incorporar un calendario político que se acerca y una economía real que sigue mostrando dificultades.
En el medio, el intento de sostener el dólar con un techo de $1.500, después del corrimiento de junio, restringiendo la liquidez del sistema, empezó a impactar sobre las tasas de interés, aun con una inflación que en agosto habría vuelto a caer un escalón: nuestro Relevamiento de Precios Minoristas apunta a 1,5%, con la inflación núcleo en 1,8%. La caución, que se había mantenido en torno al 20% desde fines de febrero, empezó a subir hasta tocar el 30%. La suba impactó sobre el costo de fondeo del Tesoro y del sistema financiero y comenzó a trasladarse a las tasas activas más cortas; las largas nunca habían descomprimido.
Esto último, y su impacto sobre la mora de las personas, sigue siendo una de las trabas del programa en una economía donde los ingresos formales se mantienen estancados, el empleo formal sigue cayendo y la política fiscal —sobre todo en la Nación— se ve obligada a un mayor ajuste del gasto frente a una caída en la recaudación que, corregida por el calendario de pagos del impuesto a las Ganancias, ya lleva 12 meses consecutivos.
Las provincias, en su mayoría, vienen sorteando la caída de la recaudación apelando al endeudamiento, que en parte está siendo direccionado a financiar obra pública con vistas al calendario electoral.
Frente a esto, días atrás, el BCRA devolvió liquidez al sistema, las tasas descomprimieron y esta semana el dólar rompió en forma controlada el techo de $1.500, para ubicarse en torno a $1.512. A la venta de cobertura vía deuda indexada al dólar se sumó esta semana la venta de cobertura en A3. La inyección de liquidez descomprimió las tasas de interés y luego el Tesoro refinanció el 96% de los fuertes vencimientos de pesos de fin de agosto, aunque a plazos más cortos.
Falta mucho, pero los movimientos de los últimos días nos recuerdan que el camino a 2027 no va a ser lineal. La pregunta del millón es si el armado político y las encuestas pueden o no acotar la volatilidad financiera y su impacto sobre la economía y la inflación a medida que nos adentremos en el año electoral.
La otra pregunta es si, en esa transición, el secretario del Tesoro estadounidense, hoy ocupado en otra pulseada dentro de un gobierno que enfrenta elecciones de medio término en octubre, va a volver a estar disponible —como en septiembre pasado— para actuar como prestamista de última instancia si hiciera falta.
La autora es profesora de Economía en IAE Business School y directora de la consultora EcoGo. Esta nota se publicó en el IEM de agosto de 2026 del IAE, Escuela de Negocios de la Universidad Austral