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perfil.com · hace 4 horas · Javier Calvo

Curioso viraje K con la Justicia, por Javier Calvo

Javier Calvo

La capacidad de asombro en la política argentina nunca se agota. Sobre todo en episodios que transcurren por debajo del radar público. En esta oportunidad, lo protagonizó el kirchnerismo: pasó años denunciando lawfare y ya respaldó el 96% de las designaciones judiciales que impulsó el controvertido pero astuto ministro de Justicia de Javier Milei, Juan Mahiques.

Lo sorprendente del viraje, nunca blanqueado ni explicado por la dirigencia K, escala porque sucede al mismo tiempo que la jefa del espacio, Cristina Fernández de Kirchner, apeló ante una comisión de la ONU por su condena a prisión e inhabilitación para ejercer cargos públicos. Y su hijo hasta armó esta semana con La Cámpora un acto para denostar la investigación por el intento de asesinato de su madre.

La flagrante contradicción quedó más expuesta hace unos días, cuando el bloque kirchnerista en el Senado votó a favor del ascenso como camarista federal en Comodoro Py de Pablo Yadarola, juez en Lomas de Zamora.

El aval K a Yadarola generó chispazos internos, en especial desde medios y comunicadores que adhieren con fervor a la supuesta persecución judicial de la que sería objeto la expresidenta. CFK está condenada por corrupción en Vialidad, enjuiciada ahora por los Cuadernos de las Coimas y aún sin fecha por lavado en Hotesur-Los Sauces.

Como era previsible, Yadarola cumplió con las expectativas. Integrante del inolvidable e impune viaje de magistrados y funcionarios a Lago Escondido -entre ellos el propio Mahiques y su papá Carlos, camarista de Casación-, el recién ascendido se apuró en hacer los deberes.

Antes de dejar su juzgado en Lomas, archivó la famosa causa de las valijas sin controlar en Ezeiza, que llegaron en un vuelo privado de la firma de Leonardo Scatturice, cercano a Santiago Caputo, aparente lobista en EE.UU. y con recientes inversiones llamativas en Argentina y contactos viscosos.

El caso Yadarola provocó cuestionamientos a la bancada K en el Senado que sólo fueron respondidos con chicanas, como hizo la legisladora Juliana Di Tullio.

Bajo estricta reserva, otros senadores explican que cumplieron con una estrategia pensada de reemplazo exprés: con el ingreso de Yadarola, salió eyectado uno de los camaristas del lawfare, Leopoldo Bruglia.

El argumento es atendible pero luce frágil. Por un lado, si esa fue la línea de acción, por qué ningún representante K en la Cámara Alta, empezando por el jefe de bloque José Mayans, la expuso en público. Por el otro, la promoción de Yadarola no dependía del voto kirchnerista, le bastaban con los de los libertarios y aliados.

Hay otra inconsistencia, mucho mayor. Central, se podría decir. Yadarola está lejos de ser el único sapo que se tragó el kirchnerismo a la hora de tratar los pliegos de ascensos judiciales que envió Mahiques: de 177 que se aprobaron, los K votaron a favor en más de 170. Y quedan aún pendientes casi una treintena, para completar las vacantes disponibles en el Poder Judicial, que llegaron a significar el 35% del cuerpo.

Por ejemplo, entre algunos de los nombres que recibieron el auxilio K para ascender en su carrera judicial figuran:

Tomás Rodríguez Ponte: designado como magistrado en Lomas de Zamora e histórico secretario en el juzgado federal de Ariel Lijo, en Comodoro Py.

Ana Juan: nueva jueza federal en Hurlingham, de larga carrera en Py, donde llegó a ser secretaria de la Cámara Federal. Ah, su marido es Marcelo Martínez De Giorgi, también de Py y de la escudería Lijo.

Pablo Wilk: como secretario del juez de Quilmes, Luis Armella, fue puesto en la mira por los K por participar de la “Gestapo judicial” contra sindicalistas durante el macrismo. Va a un tribunal oral en La Plata.

Las especulaciones internas están a la orden del día, aunque pocos desean hablar

Diego Manauta: ascendió a la Cámara del Trabajo después de una amplia trayectoria en el estudio de Julián De Diego, el histórico asesor laboral de empresas. Al igual que Manauta, las otras cuatro designaciones en la misma Cámara fueron pro sector privado, también con apoyo K.

Es cierto que hubo un puñado de rechazos del cristianismo en algunos pliegos. Votaron en contra de postergarles la jubilación al ya mencionado Carlos Mahiques y al camarista laboral Víctor Pesino, que convalidó la aplicación inmediata de la reforma mileísta.

Tampoco estuvieron a favor de la promoción de Emilio Rosatti (hijo del presidente de la Corte Suprema), María Sosa (secretaria del juez federal Julián Ercolini), Javier Cosentino (que intervino en la causa de Oil Combustibles de Cristóbal López) y Pablo Bertuzzi (ratificado como camarista federal).

Sin embargo, son contadísimas excepciones que confirman la regla. Una regla que se contrapone con todo el relato medular del kirchnerismo respecto a la persecución de la que es objeto por parte del Poder Judicial. Del lawfare a “hacete amigo del juez”.

Para tratar de entender semejante mutación, se podría apelar cuanto menos a dos dimensiones de análisis.

Una es la habilidad de Mahiques, miembro de la familia judicial (en el amplio sentido de la figura), para negociar y obtener lo que ningún otro ministro de Justicia reciente logró: copar con rapidez y casi sin rispideces el enorme abanico de lugares disponibles en un área esencial del sistema, junto a su viceministro y amigo, Santiago Viola, apoderado legal de LLA.

¿Ese récord de ascensos se logró porque se eligió a los mejores? Amén de la ironía, la sospecha fundada es que son los más conectados y convenientes, si se tienen en cuenta los enormes saltos en el orden de mérito de la mayoría de los concursos.

Tampoco hay que desmerecer en este proceso el valor de los vínculos de confianza de Mahiques con varios de los referentes judiciales del peronismo, kirchneristas incluidos. El senador Eduardo ‘Wado’ de Pedro y su fiel Gerónimo Ustarroz son dos de ellos. También tiene puentes tendidos con Juan Mena, su par en la Provincia de Buenos Aires, hombre de CFK más que de Axel Kicillof, y Diego Molea, expresidente del Consejo de la Magistratura.

Hay que sumar a esta lista de interlocutores habituales de Mahiques a Juan Manuel Olmos, que intenta venderse como renovador e influye en la política porteña -sobre todo en la judicial- desde hace décadas, cuando actuaba en nombre de Alberto Fernández. De hecho, previo a asumir como ministro de Milei, Mahiques pidió licencia como Fiscal General de la Ciudad y promovió 130 nombramientos, acordados con Olmos.

Una segunda conjetura implica hacerse una pregunta básica: ¿por qué este cambio de actitud en el kirchnerismo? Las especulaciones internas están a la orden del día, aunque pocos desean hablar. Descreen de que sea un intento de CFK por mejorar su situación judicial. O la de Máximo, que está imputado en Hotesur, aunque reconocen el interés por quién ocupará la vacante del tribunal que los juzgará próximamente, el TOF 5.

Esas mismas fuentes intuyen además que puede haber una intención de participar en futuras zanahorias que amaga con ofrendar el pícaro de Mahiques: quedan por cubrir dos vacantes en la Corte, la jefatura de la Procuración General (a la que quiere postularse) y de la Defensoría.

“Bocatto di cardenale” para que la política negocie y acuerde fuera de las luces públicas y de los discursos inflamados.

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