Las Malvinas y los ministros de Economía: de aquella desestabilización con Roberto Alemann a este intento por estabilizar de Luis Caputo
Traumático. Así definió la Guerra de Malvinas el entonces ministro de Economía, Roberto Alemann. “Fue traumático ser ministro de Economía en tiempos de guerra”.
En una entrevista que otorgó en mayo de 2003, Alemann contó que desde el estricto punto de vista económico y a lo que hacía su tarea específica, “en ese tiempo hicimos lo que pudimos, manejamos las cosas con prudencia no creamos más daño del que ya se hacía de todas maneras. Por ejemplo la señora Thatcher inmediatamente después de la toma de Malvinas restableció los controles de cambio de la Segunda Guerra Mundial a la Argentina. Prohibió las importaciones de la Argentina, incluso de los barcos en camino, dañando a inocentes comerciantes que habían comprado esa mercancía. No pudieron desembarcar en Londres. Tuvieron que ir a Amsterdam a vender a mal precio. Yo tuve que tomar la medida de represalia pero no de esa barbaridad; los barcos en camino se ejecutan. Uno tiene que respetar derechos adquiridos ¿no? En fin, tuvimos muchísimos problemas en esos días”.
Alemann relató muchos de ellos en una conferencia de la Academia de Ciencias Económicas en agosto de 1982.
El ministro se enteró del inicio de la guerra en una reunión urgente de Gabinete, un día a las siete de la mañana. La política económica está al servicio de la política y Alemann no levantó la mano diciendo: “No tengo plata”. Obedeció, escondió fondos para que no los bloquearan y tomó medidas que iban en contra de sus ideas. (El economista Fernando Navajas contó varias veces que en 1982 estudiaba en Oxford y la universidad le ofreció un préstamo cuando comenzó el conflicto, ante un casi seguro bloqueo de su cuenta: “No hace falta, ya pasé por el banco y retiré la plata”, respondió).
La economía argentina salió de aquel conflicto con las cuentas en default y Alemann se retiró de su cargo cuando salió Galtieri.
“Adapté la economía a la guerra —contó el entonces ministro de Economía—, la financié con impuestos, no con endeudamiento ni con emisión. Con seis impuestos, con eso nos arreglamos. No costó mucho la guerra, adicionar a los gastos militares normales. Terminada la guerra, renunció Galtieri y renunció el Gabinete. Tan simple como eso. Desde entonces me negué, sistemáticamente, a aceptar ningún puesto público”. Alemann tuvo una oferta casi diez años después. Fue para ser ministro de Economía de Carlos Menem, cuando renunció Domingo Cavallo en 1996.
El resultado fiscal del sector público no registró un empeoramiento en 1982, el año de la Guerra de Malvinas. El déficit fiscal primario fue 3,7% del PBI, de hecho más bajo que el 5,4% de 1981, último año de José Martínez de Hoz. En 1983, último año del gobierno militar, subió a 6,4%. Si se toman en cuenta los intereses de la deuda, el déficit financiero total en 1982 fue 11,4%, similar al 11,3% de 1981 y 10,4% de 1983.
En cuanto a la inflación, esta se disparó luego del conflicto pese a que Alemann dijo que no financió el gasto con emisión. Cuando empezó la guerra era 3,1% mensual y en julio llegó a 16,3%. La inflación de 1982 fue 209,7% y en 1981 había sido 131,3%.
Hoy la situación para el actual ministro de Economía, Luis Caputo, es diferente. Al menos con estas dos variables: la Argentina retoma la cuestión Malvinas con las cuentas públicas equilibradas, sin necesidad de enfrentar por delante un ajuste ni tampoco los gastos de un conflicto militar, y por el otro lado con las perspectivas de que, al revés de 1982, la tasa de inflación esta vez irá para abajo. Se espera que la semana próxima el dato mensual empiece con 1%y hay que recordar que la última vez que en aquel entonces la inflación mensual había arrancado con 1 fue en 1974: desde ahí hasta 1985 (con el Plan Austral) la inflación nunca más empezó con 1.
La Argentina hoy no enfrenta una situación de default. Es cierto que no tiene acceso voluntario a los mercados internacionales de crédito y una mayor proporción de su población, sobretodo en el GBA, hoy vive en la pobreza.
Conclusión: las trayectorias de la economía del país cuando la cuestión Malvinas ocupa un lugar en la agenda pública son muy distintas a 1982. Por lo tanto, también lo son los desafíos y la agenda de trabajo de Alemann y Caputo: uno había agravado la estabilización de la economía, el otro está en plena tarea.
Los procesos decisiones enseñan que las autoridades no deben confundir hechos con deseos. Eso sucedió en 1982. La economía no solamente se encontraba en un estado delicado sino que la política no tomó en cuenta ciertas alertas. Esteban Takacs, embajador argentino en Washington cuando se produjo el episodio de Malvinas de 1982, contó que cuando el gobierno de los Estados Unidos se enteró del movimiento de fuerzas argentinas, Ronald Reagan habló con Galtieri y le dijo: “Frene” . Alexander Haig, entonces secretario de Estado, convocó a Takacs a su despacho el 1º de abril de 1982 y le dijo tres cosas: “Primero, no sabemos dónde quedan las Malvinas . Segundo, la cuestión de la soberanía no nos importa . Tercero, si hay guerra, estamos con Gran Bretaña . Por favor, informe estos tres puntos a las Fuerzas Armadas . ¿Necesita mi teléfono?” .
Trump dijo el otro día que sabía dónde están las Malvinas y Milei ya tiene su teléfono.
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