Las omisiones de Milei para no mencionar a sus aliados más incómodos en el reclamo por las Malvinas
“Les pedimos a quienes son amigos de la Argentina que no miren para otro lado cuando se vulnera nuestra soberanía y se llevan nuestros recursos”. Sin hacer nombres propios, en un tramo de su discurso por cadena nacional, Javier Milei tal vez les envió un mensaje encriptado a algunos de sus principales aliados por el avance de la exploración de hidrocarburos en las profundidades del Atlántico del Sur, a la altura de las islas Malvinas.
¿Por qué Milei no mencionó al israelí Benjamin Netanyahu o al chileno José Antonio Kast? ¿O por qué el Presidente tomó a gusto solo un recorte de la frase de Donald Trump y evitó cualquier referencia a posibles inversiones militares y petroleras de Estados Unidos en la región?
En sus reiteradas visitas a Israel, Milei parece haber desconocido los avances del proyecto Sea Lion, cuyo financiamiento principal (un 65%) proviene de la empresa israelí Navitas Petroleum, que cotiza en la Bolsa de Tel Aviv, donde comprometió recientemente a fondos de inversión de Estados Unidos para sumarse a la aventura petrolera en las Malvinas a partir de 2028.
Amit Kornhauser, CEO de Navitas, en una presentación ante inversores en abril pasado, sostuvo: “Cabe señalar también que el proceso de toma de decisiones de inversión se completó sin ninguna interferencia por parte del gobierno de Argentina y con el apoyo total del gobierno de las Malvinas e Inglaterra. De las declaraciones recientes del presidente de Argentina, Milei, se puede entender que apoya el derecho a la autodeterminación de los habitantes de las Malvinas y no ve esto como un asunto político a tratar”.
Es decir, Milei rezó en el Muro de los Lamentos y fue homenajeado por Netanyahu en el Parlamento israelí, pero no se le ocurrió abrir gestiones para frenar una iniciativa que ya lleva 15 años en marcha y que el CEO de la empresa, hace apenas cinco meses, dijo que hasta entonces no había habido objeciones por parte del gobierno argentino.
En su última visita a Jerusalén, Milei reforzó su alineamiento con el Estado judío y se abrazó a Netanyahu en el momento de mayor cuestionamiento global al primer ministro israelí. Netanyahu afronta cuestionamientos de sus aliados en el gobierno israelí y está aislado diplomáticamente, acusado de crímenes de guerra y violación del derecho internacional humanitario en la franja de Gaza. Con él, y también con Trump, Milei tuvo más de una oportunidad para conversar sobre lo que planteó en su mensaje por cadena nacional por las operaciones de compañías de sus países en el Atlántico Sur. Entre las empresas y las personas en la mira por el Gobierno, hay norteamericanos e israelíes.
El jueves, antes de grabar su discurso, Mieli estuvo por unas horas en Chile. Reivindicó allí el legado económico del dictador Augusto Pinochet, que fue decisivo durante el conflicto bélico de 1982. Durante la guerra, el régimen chileno mantuvo oficialmente una posición de neutralidad, aunque con el tiempo se conocieron archivos secretos que revelaron que hubo una ayuda al Reino Unido en lo relativo a la inteligencia, el uso de radares y hasta apoyo logístico desde territorio chileno.
En su fugaz paso por Santiago de Chile, Milei fue recibido por el presidente Kast, que afronta una crisis interna por haber endurecido la política migratoria, con medidas que incluyen fuertes restricciones para organizar reuniones o hasta moverse libremente.
El mismo día que Kast estuvo con Milei, el diario local El Mercurio informó sobre un acuerdo entre la localidad chilena de Punta Arenas y el gobierno isleño para abrir a partir de noviembre una ruta comercial marítima. Hoy solamente existe una, y es la que une Montevideo con Puerto Argentino. Este nuevo apretón de manos entre Chile y el gobierno isleño también se pasó por alto en las conversaciones que el Presidente mantuvo con su par chileno, según el comunicado oficial. ¿Milei calló por desconocimiento o para no alterar un vínculo estratégico en su afán de ser el líder de la derecha regional? Kast intentó ayer minimizar el episodio al decir que se trató de un acuerdo que corrió por cuenta del municipio de Punta Arenas. Tal vez no quería un nuevo cortocircuito tras el entredicho por los límites del estrecho de Magallanes que sume tensión con su aliado libertario.
En su mensaje del jueves, Milei retomó la posición tradicional de la diplomacia argentina, que no reconoció nunca el deseo de los habitantes de las islas. Significó un giro a lo que expuso el 2 de abril de 2025, en uno de los homenajes, cuando les dedicó un tramo de su discurso a los kelperes. “Nosotros siempre dejamos claro que el voto más importante de todos es el que se hace con los pies y anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros. Por eso buscamos ser una potencia, a punto tal que ellos prefieran ser argentinos. Y ni siquiera hace falta usar la disuasión o el convencimiento para lograrlo”, planteó Milei aquella vez desde el monumento de Retiro.
Antes de esta declaración, que de algún modo reconoció la autodeterminación de los isleños, había elogiado a Margaret Thatcher y había instruido a su primer canciller, Diana Mondino, a habilitar un proceso de deshielo y cooperación con el Reino Unido y con el gobierno malvinense. Maniobras tan contradictorias como designar al frente de la Secretaría de Malvinas a una funcionaria que se desempeñó hasta 2024 en una fundación que tiene lazos con la embajada británica para otorgar becas de capacitación.
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