Nvidia no “especula”: fabrica cosas y hace la 4° Revolución Industrial
En base de lo que ha ocurrido en el 2° trimestre de 2026, que ha sido similar a lo sucedido en los 5 años previos, Nvidia -eje y razón de ser del boom de la Inteligencia artificial (IA)- prevé un aumento de sus ingresos de 70% el próximo año.
En este cuadro de éxito fenomenal, donde los ingresos surgen de una escalera automática, Nvidia ha firmado un acuerdo con un conjunto de grandes firmas y fondos de inversión de Wall Street (BlackRock, Apollo y Goldman Sachs, entre otros) para establecer lo que denominan una “plataforma de financiamiento repetible” por U$S 500.000 millones destinados a financiar la construcción de la infraestructura de la IA.
Jensen Huang sostiene que no se trata de un truco financiero, de un “financiamiento circular” que aumenta el crédito sobre la base del aumento de la deuda pero no de la producción; un “castillo de naipes” en suma, como se decía en las épocas pretéritas, sino del “comienzo de la creación de un mercado abierto de capitales sólo para el desarrollo de la infraestructura IA”, que rápidamente pueda convertirse en el mayor del mundo y que, si Wall Street no se rinde a sus pies plenamente, se mudará a una nuevo y exclusivo en Dallas o en Atlanta, por ejemplo.
Algo semejante ocurrió en los inicios del propio Wall Street, que en sus 20 primeros años después del fin de la Guerra Civil (1861/1865) fue esencialmente el mercado bursátil de los grandes ferrocarriles intercontinentales, cuya pujanza fue tan extraordinaria que después de 1890 absorbió al resto.
Ahora sucede lo mismo con Nvidia y la IA, sólo que en orden inverso. Lo que tienen en común ambos procesos es que los dos son profundamente reales, viven en el mundo de las cosas, el de los ferrocarriles y el de los semiconductores, y sólo son especulativos instrumentalmente en el sentido pobremente funcional del término.
Las ganancias de Nvidia el año que viene no son un “pronóstico”, sino la descripción de un proceso en marcha que ya ha desplegado todos sus rasgos esenciales, y que es fácilmente identificable en términos de sentido y totalidad; y en el que “el futuro es lo esencial del presente” (Peter Drucker).
En este proceso, donde el futuro se hace presente, desaparecen como rémoras del pasado las categorías del “optimismo” y el “pesimismo”.
Lo que hace Nvidia con su “financiamiento repetitivo” es impulsar aceleradamente la financiación de este proceso productivo. Es una tarea de “fusión” la que realiza entre futuro y presente, no de endeudamiento. Es la razón de ser del capitalismo en su forma clásica, la de la “pura competencia”.
Según Morgan Stanley, el resultado es que Nvidia, en los términos tradicionales del crédito, deberá más de U$S 250.000 millones en 2028; y de ese total U$S 170.000 millones estarán atados a clientes individuales. El conjunto es un gigantesco ecosistema alrededor de Nvidia y su genio fundador compuesto por unidades extraordinariamente efectivas, cuya productividad aumenta en forma explosiva desde la interconectividad del sistema.
En términos histórico-estructurales esto que está sucediendo es la 4° Revolución Industrial, la fase actual de la acumulación capitalista, cuya característica primordial es la digitalización y automatización de todas las actividades y servicios, así como de la continua creación de nuevas e infinitas necesidades, que hace que el conjunto adquiera crecientemente la forma y las categorías de una nueva civilización, absolutamente integrada y fundada en la categoría única de la instantaneidad.
Las expectativas del mercado respecto a este mundo nuevo son invariablemente positivas, con una inflación de 2% anual a lo largo de toda la “curva avanzada” (5/10 años) en los términos de la Reserva Federal.
Esto significa, en breve síntesis, que el mercado tiene absoluta confianza en el crecimiento sostenido de la economía global sustentada en la hegemonía norteamericana, que tiene un triple fundamento: ante todo la revolución tecnológica de la IA, luego la desregulación generalizada y creciente, y por último una rebaja sostenida y deliberada de impuestos. Todo esto está turbo-impulsado en la primera economía del mundo y por su intermedio hace crecer a la economía global, como lo reconoció gozosamente Kristalina Georgieva.
Lo que está ocurriendo en los últimos 5 años, a través de la revolución de la IA, que es sólo la fase adelantada de la 4° Revolución Industrial, es que hay un aumento generalizado y sostenido de la inversión en infraestructura IA en la defensa y en la política industrial, encabezada por la automatización y robotización de la totalidad de las actividades industriales.
La consecuencia de todo ésto es inmediata y se manifiesta en el hecho de producir cada vez más; y sobre todo de producir más electricidad, más semiconductores, y más fuerza de trabajo altamente calificada; en síntesis, y como conclusión, el boom de la IA en EE.UU está en pleno despliegue, pero en vez de ser un monopolio excluyente de la superpotencia norteamericana, es -como quiere Huang- una estrategia sumamente efectiva para transformar el mundo en un plazo de no más de 10 años.
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