La baja de la natalidad y la desigualdad que ven las jóvenes
Las limitaciones económicas, la precariedad laboral, y la incertidumbre sobre el futuro son las principales causas que marcan las personas como condicionantes para tener hijos. Pero hay otro eje que también es central: la postura de las jóvenes. Dos de cada diez mujeres de entre 18 y 24 años dicen que no quieren tener hijos.
El dato aparece en un reciente informe del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) sobre deseos reproductivos, y expone una contradicción de la época: mientras se intenta negar la desigualdad de género, las jóvenes dejan en evidencia hasta qué punto esa desigualdad no solo es real, sino que condiciona la maternidad.
Apenas el 34% considera que tener hijos es importante para una vida plena. El informe señala que las jóvenes están más alejadas de los mandatos tradicionales de la maternidad y que los varones jóvenes sostienen posiciones más conservadoras respecto de los roles familiares.
El reciente Monitoreo sobre Natalidad de UNICEF muestra que la mujer trabaja siete horas semanales más que el varón sumando trabajo remunerado y no remunerado. Y que incluso una mujer ocupada dedica más tiempo a las tareas de cuidado (casi seis horas) que un varón desocupado (cuatro horas).
También está la “penalización por maternidad”. Estudios económicos (como los de la Premio Nobel Claudia Goldin) demuestran que las mujeres pierden entre un 20% y un 30% de sus ingresos proyectados tras el primer hijo.
A su vez, existe un desencuentro en la construcción de vínculos. La “recesión sexual” describe una disminución de los encuentros sexuales y afectivos entre jóvenes. Según UNFPA, solo el 45% considera la actividad sexual clave para una vida plena, frente a más del 75% entre los 35 y 54 años.
Ante este escenario, especialistas advierten sobre la importancia de recuperar espacios presenciales de encuentro: plazas, parques, clubes de barrio, centros culturales y actividades comunitarias. Urge reconstruir vínculos sociales más allá de las pantallas y sus mensajes nocivos.
La baja natalidad también tiene que ver con las transformaciones en las relaciones entre varones y mujeres. Y con la toma de conciencia sobre la violencia y la autonomía.
Las jóvenes no rechazan la maternidad por capricho: saben que el costo económico, laboral y cotidiano de cuidar todavía recae principalmente sobre ellas. Este comportamiento desarma los discursos que aseguran que la desigualdad fue superada. El género sigue siendo un tema central.
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