Milei, cada vez más iracundo y también a la defensiva
Quienes tratan a Javier Milei en la intimidad, coinciden en su descripción. Hablan de una persona amable, educada, culta, estudiosa y ocupada en encontrar las soluciones a los múltiples problemas que enfrenta la Argentina. Coinciden también en la dependencia que tiene de su hermana. Es una dependencia profunda e intensa. Es, claramente, el producto de una historia de vida. Esos mismos interlocutores también señalan la impresión de estar frente a una persona que se encuentra permanentemente a la defensiva y particularmente sensible a la crítica.
La agresividad, en sus distintas formas, es la expresión conductual de una emoción intensa derivada directamente de la ira. Ese estado emocional es muchas veces producto de una situación que le genera a la persona un sentimiento de inseguridad. Frente a esta circunstancia aparece la necesidad de una reacción: la agresión. En suma, no hay una reacción agresiva cuando no hay inseguridad.
Las agresiones verbales de Milei contra todos los que se atreven a criticarlo son producto de su inseguridad, la que, por supuesto, nunca reconocerá.
La realidad tiene una fuerza imparable. Por eso, no importa cuánto insulte o descalifique el Presidente y alguno de sus ministros a los economistas y a los periodistas que lo critican, los hechos son los que son.
Como dice el proverbio, “la necesidad tiene cara de hereje”. Es lo que representa el anuncio hecho por Luis Caputo en la conferencia de prensa del miércoles por la mañana. Los créditos hipotecarios son una necesidad para millones de personas que no tienen ninguna chance de acceder a una vivienda. La medida, que representa un paso adelante para paliar este déficit y la instrumentación, se hará a través de la utilización de dinero proveniente del Fondo de Garantía de
Sustentabilidad del Anses. Es decir, es dinero del Estado. Dicho esto, hay que recordar que a nadie le interesó señalarle al gobierno la contradicción entre su dogma y la realidad. Muy por el contrario, hubo coincidencia acerca de lo bueno de la medida que demuestra que el Estado tiene un roll en el capitalismo. La clave está en hacer un buen uso de esos recursos y en la transparencia. Nada se puede lograr de otra manera. El mal uso
que del Estado he hecho y hace el peronismo terminó por desvirtuar su papel del cual hay gran necesidad en la Argentina como la hay
La economía está en el centro de la problemática de la ciudadanía. Esto que es evidente para muchos dentro del oficialismo, no lo es
para Milei ni para Caputo. Y esto es un problema que preocupa a cada vez más gente. En los últimos días el que advirtió sobre esto fue Agustín Laje, quien había sido una de las espadas mediáticas más potentes del Presidente.
Laje advirtió sobre la difícil situación de la economía doméstica. “Si los gobiernos de derechas de Argentina, de Colombia, de Chile, de Ecuador, de Perú no logran mejorarle el metro cuadrado a la gente, el péndulo se va a ir de nuevo hacia la izquierda”,
dijo Laje en una expresión de absoluto sentido común. “La batalla cultural es para que las condiciones de las cosas intangibles sucedan.
Pero la gente no te vota más por una palabra, por un valor o por un principio”, agregó, a modo de advertencia sobre el eventual resultado de las próximas elecciones.
La reacción del presidente no se demoró. Por lo tanto, en cuestión de minutos, Laje pasó de ser un heraldo del mileísmo a un detractor. “Traidor”, lo fulminó Milei.
Uno de los más preocupados con esta situación es Diego Santilli. El jefe de Gabinete tiene contacto con la calle y con las dirigencias del país. Por ende, sabe que el futuro electoral de La Libertad Avanza será de mucha incertidumbre si la economía no despega y llega al bolsillo de la gente. De nada valen los números récords de exportaciones y nuevas inversiones fomentadas por el RIGI si eso no derrama.
En su exposición ante los estudiantes del cuarto y quinto año de la ORT titulada “Ética como Política de Estado”, Javier Milei habló del relativismo moral. Para quien no supiera su significado se define al relativismo moral como una teoría ética para la cual no hay ninguna forma universal de saber lo que está bien y lo que está mal. Eso significa, en lo hechos, la existencia de una doble vara por la cual una misma cosa, hecho o conducta, es mala o buena según quien haga. Por ejemplo, en el caso del periodismo, si se lo critica al kirchnerismo, el periodismo es bueno; pero, si se lo critica al oficialismo, el periodismo es malo. Otro ejemplo: si el kirchnerismo busca nombrar jueces afines, eso es repudiable y representa un ataque contra la independencia del Poder Judicial que es esencial para la república: pero, si quien hace esto es el gobierno, eso no merece reproche. La alocución del Presidente en el colegio
fue otro ejemplo de relativismo moral. Eso lo hacían – y lo siguen haciendo – muchos dirigentes del peronismo que tomaron a las escuelas como botín de la militancia. Eso fue lo que precisamente ocurrió en la ORT con Milei que usó esa tribuna para hacer una arenga partidaria por lo cual son muchos los padres de los alumnos que están elevando sus voces para protestar. El Presidente pretende ser un heraldo de la moral. Mucha gente
que lo votó en 2023 lo hizo porque creyó en su discurso. Muchos de ellos se sienten hoy en día defraudados. Cuando Javier Milei se transforma en una persona agresiva y llena de furia se parece a Cristina Fernández de Kirchner en sus días de apogeo e ira incontenible. Y eso no es lo que pregona el dogma libertario que incluye el respeto al que piensa diferente.