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perfil.com · hace 2 horas · Jaime Duran Barba

Tontería natural

Jaime Duran Barba

La lógica de la Ilustración quedó derogada. A partir del scroll, todos inventamos fantasmas que nos impiden ver la realidad con objetividad.

En estas semanas, las fantasías de un exitoso taxista de los suburbios de Buenos Aires se instalaron como verdad política. El personaje asegura que, en cinco años, “puso” varios presidentes en América Latina y los maneja. Dice ser el delegado de Trump en la región y que controla una enorme fortuna: según su declaración jurada, gana un millón de dólares mensuales. También afirma que gobierna Bolivia, Argentina, Colombia, Chile, Ecuador y Honduras; dirige la campaña de Bolsonaro; y es el ideólogo de la ultraderecha.

Parecería que la lucha por el poder se ha simplificado. Bastaría con insultar a diestra y siniestra, hacer campañas sucias, calumniar e instalar granjas de bots para engañar a los algoritmos. Así, el triunfo estaría asegurado. Es una distopía que presenta a la gente como estúpida y sometida a algoritmos que engañados por los bots, manipularían la mente de los electores.

Analicemos objetivamente al personaje y la verosimilitud de sus historias. Su celular está en manos de la policía. Si aconseja a presidentes y políticos de varios países, sus números deberían estar registrados allí. Sin haberlo visto, estoy seguro de que solo estarán los de Rodrigo Paz y, tal vez, de algún otro.

Dice que ayudó a la derecha chilena en el plebiscito convocado por Boric para cambiar la Constitución, pero eso no significa que haya dirigido la campaña de Kast en 2026. Tampoco se lo vio en la mesa chica de los candidatos que ganaron las elecciones en Colombia, Ecuador o Perú.

En la Argentina hay excelentes investigaciones sobre el fenómeno Milei, como las publicadas por Juan Luis González. Se conoce en detalle lo que ocurrió y quiénes fueron los protagonistas de esa campaña.

A Cerimedo nunca se lo vio integrar un cuadrángulo de hierro. Fue uno de los miembros de la numerosa tropa de trolls que actuó en la campaña digital. Es un combatiente de la batalla ideológica, no un consultor. Ha sido una figura en reuniones ideológicas de la ultraderecha.

Cerimedo dice que ayudó a la derecha chilena en el plebiscito convocado por Boric, pero eso no significa que haya dirigido la campaña de Kast en 2026.

La campaña boliviana la estudié y viví personalmente. Como declara Rodrigo Paz, Cerimedo se unió a él solo para la segunda vuelta. Es físicamente imposible que, en tan pocos días, haya podido instalar una granja de bots, estudiar los públicos a los que debía llegar y definir un mensaje adecuado.

Desde el principio, los estudios decían que mucha gente estaba decepcionada del MAS, pero tampoco quería volver al pasado. Esa es una corriente, propia de la sociedad de la red, que explica mucho de lo que está sucediendo en muchos sitios. Al final parecía claro que Tuto Quiroga y Samuel Doria Medina pasarían a la segunda vuelta. Ambos eran preparados, tenían una rica trayectoria, habían sido candidatos presidenciales y contaban con binomios de calidad. En los últimos quince días ascendió vertiginosamente Rodrigo Paz, un gris exalcalde de Tarija. Su compañero de fórmula, el capitán Edman Lara, un candidato típico de la era del scroll, logró la adhesión de quienes buscaban algo nuevo. En estudios realizados después de las elecciones, ocho de cada diez votantes de Paz dijeron que votaron por Lara. No fue una conspiración armada por MAGA o Trump, sino un fenómeno que se debe estudiar desde la dinámica de la sociedad de la inteligencia artificial.

Rodrigo Paz no es demasiado listo. Cerimedo se convirtió en su mano derecha y lo acompañó a reuniones tan importantes como la mantenida con Marco Rubio. Las fantasías sobre la vieja relación de Cerimedo con líderes norteamericanos solo pueden creerlas quienes no conocen la distancia que existe entre manejar un taxi en Buenos Aires y moverse en las altas esferas del poder.

Como suele suceder con personas de origen modesto cuando se embriagan de poder, el celular de Cerimedo revela a qué se dedicaba: no pretendía gobernar América Latina iluminado por una ideología. Hacía negocios.

Tampoco se lo vio en la mesa chica de los candidatos que ganaron en Colombia, Ecuador o Perú

Hay una ola ludita que reacciona contra la revolución tecnológica, como ocurrió siempre que aparecieron transformaciones impulsadas por los sectores más progresistas de la sociedad. La red permite que supersticiones extendidas entre la gente común se instalen con fuerza y favorece la difusión masiva de ideas que parecían superadas. Las ideas racistas, homófobas y misóginas, contrapuestas a los avances de la racionalidad occidental, se mezclan con la angustia provocada por el cambio tecnológico. Así se impulsa una ola de extrema derecha, semejante a otras de distinto signo que estuvieron vigentes hace poco.

Estamos confundidos por una comunicación que privilegia las formas sobre los contenidos y por la crisis de las religiones cívicas, que se mezcla con el miedo a los mitificados algoritmos, la inteligencia artificial y el avance tecnológico. El problema central no es el progreso de la inteligencia artificial, sino en la caída de la inteligencia natural de algunos de nuestros dirigentes que desprecian la formación académica, la experiencia y el análisis.

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