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perfil.com · hace 3 horas · Fernando Ruiz

El periodista entre los victimarios ideales y los legítimos

Fernando Ruiz

En un tribunal los victimarios tienen voz, pero en el periodismo no siempre es así.

Por eso, los victimarios suelen ingresar a un juicio con presunción de inocencia y al debate público con presunción de culpabilidad.

¿Se puede entender lo que ocurrió sin escuchar a los victimarios? Además, un juicio no es justo sin escuchar a todos. ¿Se puede hacer periodismo justo sin hacer lo mismo?

Pero el periodista se paraliza con la falacia de que tratar de entender al victimario es justificarlo. Explicar es una humanización incómoda del victimario que borronea su responsabilidad ante la víctima. Y teme que darle voz pueda agraviar a las víctimas, además de afectar su propia reputación profesional.

Existen los villanos ideales, perfectos, una encarnación de la maldad. Pero también los victimarios legítimos, aquellos que actuaron en defensa propia o reaccionaron a severas injusticias. La victimología habla incluso de los victimarios como víctimas terciarias, junto con su entorno, por los daños que reciben de estigmatización y deshumanización.

Y existen también las víctimas del sistema penal que son tratadas como victimarios. El experimentado penalista y ex legislador, Manuel Garrido dirige Proyecto Inocencia en Argentina y ha logrado liberar a varios condenados, los que suelen ser verdaderos parias, sin voz: “hasta que no hay una sentencia que cambie la condena, es difícil lograr que pueda hablar en la prensa. Solo en un caso tuve a la prensa a favor”.

Los victimarios son un engranaje central de la información periodística. Entre las preguntas que debe responder un periodista, quizás la más importante después de ‘¿qué pasó?’ es ‘¿por qué?’, descifrar la verdad causal, discernir los factores que provocaron la acción. Y eso no implica un juicio de valor. Entender a alguien no es tenerle simpatía. Pero habrá quienes dicen que es fina la línea entre la comprensión intelectual y la complicidad. De hecho, explicar es el primer paso para la estrategia de justificar. Y el periodista se enfrenta a audiencias difíciles, donde no faltará una minoría activa que lo acuse de aliviar al victimario.

Pero esto exige una profesionalidad superior. No es para cualquiera. La condición esencial para entrevistar a un victimario es que se pueda preguntar. Si el periodista es solo un micrófono, no se puede hacer.

Los manuales aconsejan: trabajar los datos duros, mucha preparación previa y definir una estrategia, mantener la distancia, no empatizar para lograr su confianza, evitar entrevistas en vivo, empezar con preguntas abiertas y luego ir cerrando el embudo, pedir cronologías inversas, no aceptar preguntas como respuestas, y no dejarle la última palabra al victimario.

La toma de conciencia profesional fue lenta. La entrevista al notorio criminal Charles Manson en Today, en 1987, fue presentada así: “nosotros en el equipo de Today debatimos si debíamos transmitir sus respuestas. La mitad de nuestro equipo dijo que absolutamente no. No le demos ninguna publicidad. La otra mitad dijo que sí, creyendo que ustedes son tan curiosos como algunos de nosotros”. Entre otras cosas, Manson intimidó a la periodista: “si quisiera matar a alguien tomaría este libro y te golpearía hasta matarte”.

En la reciente entrevista que Paulo Kablan y Nati Jota le hicieron en Olga a Nahir Galarza, condenada a cadena perpetua por el asesinato de Fernando Pastorizzo, los periodistas repreguntaron con sospecha bien fundada, hubo distancia con la entrevistada, no asentían, hubo escucha real pero sin simpatía, y contenían su juicio moral para que la conversación fluyera. Kablan dijo por lo menos tres veces que “acá hay una sola víctima que es Fernando”, evitando que se acuse a los periodistas de ayudar a la culpable a victimizarse. Igual hubo sectores de la audiencia que rechazaron la entrevista. En este ecosistema comunicativo, es imposible la unanimidad.

Otra tensión es entre activismo y profesionalismo. Acá se puede caer en un populismo de víctimas. Por eso, si no damos la perspectiva victimaria, contribuimos a una polarización víctima-victimario. Esta es más transformadora que una situación más matizada. Las polarizaciones fabrican energía social de cambio, mientras que los matices le echan paños fríos. Por eso, las dicotomías polarizantes son más de activistas que de periodistas. Son los periodistas militantes los que evitan los matices, y eso los hace menos periodistas.

Además, la curiosidad nos lleva más al victimario que a las víctimas, dice Emmanuel Carrère. En su libro-crónica sobre el juicio a los terroristas de París, V13. Crónica judicial, dice: “Es preciso confesarlo: a la gente aficionada a los juicios, cronistas judiciales de profesión u ocasionales como yo, más que las víctimas les fascinan los culpables. Compadecemos a las víctimas, pero tratamos de comprender la personalidad de los culpables. Son sus vidas las que escudriñamos para detectar el punto del desgarrón, el punto misterioso en el que se desviaron hacia la mentira o el crimen”.

Esa búsqueda de ese “punto misterioso” la hicieron los periodistas Daniela Rea Gómez y Pablo Ferri, escuchando a militares condenados por violaciones a los derechos humanos en la guerra contra el narcotráfico en México. Su foco fue: “cuando alguien mata, ¿qué se ha muerto antes?”. Ese libro, La tropa. Por qué mata un soldado, explica más lo que ocurrió que muchos testimonios de las víctimas.

Si bien el periodismo necesita todas las voces, hablar con los victimarios puede ser demasiado riesgoso.

Un caso reciente fue cuando el sitio venezolano Armando.info, dirigido por Ewald Scharfenberg, publicó una investigación sobre los negocios de un jefe militar de los servicios de inteligencia, y los periodistas decidieron no consultarlo previamente.

Dijeron: “Armando.info decidió en consejo editorial adoptar medidas extraordinarias para este trabajo. Por lo tanto, los reporteros ni buscaron la versión de los involucrados ni firmaron la nota, ambos, de otro modo, estándares que regularmente se cumplen en este medio”.

Al final, sin registrar la versión victimaria la realidad puede ser incomprensible, lo que implica que el periodismo no hizo todo el trabajo.

Si entendemos al victimario, entenderemos más. Como dijo en un reciente ensayo Arthur G. Sulzberger, máxima autoridad del The New York Times: “Aquellos que quieren cambiar el mundo, también tienen que entenderlo”.

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