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perfil.com · hace 2 horas · Quintín

Divinas criaturas

Quintín

Interzona acaba de publicar un libro que se llama “Todo lo que usted siempre quiso saber sobre su escritor argentino favorito y nunca se atrevió a preguntar”. Inspirado en el famoso título de Woody Allen, es posible que los escritores argentinos sean para sus lectores tanto o más atractivos que el sexo. Se trata de una colección de anécdotas sobre esa fauna recopilada por Daniel Guebel y Nancy Giampaolo.

Son cuarenta y seis textos más un prólogo en el que los compiladores dan a entender que el verdadero sentido de la literatura es la acumulación de anécdotas sobre sus autores. “Donde ya no hay cuerpo, hay epitafio, que es lo que dura”, dicen y podrían haber agregado “más que la obra”. En este libro, los lectores son invitados a un excursión al Parnaso, a un territorio en el que el aire es más ligero y la fama le da aura (como se dice ahora) a los que gozan de ella. Lo del aura se aplicaría por igual a modelos o a corredores de autos, pero lo que el libro expone es un ambiente feliz en el que todos viven contando cosas sobre todos, ya que la literatura no puede separarse de su propia chismografía, que es no solo inevitable sino constitutiva del oficio. Después de todo, ¿quién puede contar mejores historias sobre sus colegas que quienes viven del uso de la lengua? Es que, finalmente, el género de este libro (“los escritores hablan de escritores”) no está solo en el corazón de la vida literaria sino en el de la literatura misma. El prólogo sugiere, precisamente, que son una y la misma cosa.

Entre las anécdotas las hay divertidas y sosas, memorables y prescindibles, novedosas y conocidas, cortas y largas. Entre estas últimas, me parecieron cálidos los recuerdos de María Luisa Valenzuela sobre Borges y los de Daniel Molina sobre Puig. Todos los que hablan de Laiseca transmiten la tan querible locura del maestro. Entre las muchas intervenciones de Guillermo Piro, la que demuestra que Fogwill “podía ser amado y odiado y amado otra vez con pocos minutos de diferencia”, define con precisión al personaje. Al menos en tres casos (Alejandra Laurencich, Daniel Link, María Gainza), los convocados a contar historias sobre sus colegas interpretaron la consigna de un modo laxo, ya que los escritores de los que hablan son ellos mismos.

Y ahora me gustaría aportar dos anécdotas de mi cosecha. Una merecería figurar en el libro y es muy reciente. Casi en simultáneo con la aparición de las anécdotas, Daniel Guebel había publicado su última novela, Una historia familiar. Cuando le dije que me interesaba la recopilación se enojó porque no le hablé de la novela. Protagonizó así una nueva versión del cuento de la madre judía que le regala dos corbatas al hijo y, cuando lo ve estrenar una, le pregunta si no le gustó la otra.

La otra historia es más oscura y la recordé viendo el nombre de Matías Alinovi en el índice. Hace muchos años, yo publicaba en mi blog reseñas parciales a medida en que leía los libros. Cuando le tocó a La reja, la primera novela de Alinovi, este me llamó por teléfono para quejarse porque una hermana suya se había sentido muy dolida al leer mis textos. Le ofrecí interrumpir la crónica de las lecturas, pero exigió más: que borrara todas las entradas que había publicado hasta el momento. Le hice caso y hoy me sigo preguntando si no debí mandarlo a freír churros.

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