Súper RIGI: hiper beneficios y todos los dólares… afuera
En estos días se discute un nuevo proyecto de ley para estimular la inversión, presentado por el gobierno nacional: el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias, conocido como Súper RIGI. Luego del RIGI, llega ahora un esquema pensado para mega proyectos de al menos US$ 1.000 millones, orientados a actividades inéditas o experimentales —como grandes data centers—, que profundiza los (ya abultados) beneficios del régimen original.
En esta nueva iniciativa, la desregulación es aún más fuerte en materia fiscal y cambiaria. Las contraprestaciones concretas y mensurables que cualquier esquema de estas características debiera tener, dado que otorga beneficios muy importantes solo a una parte de las empresas y proyectos, siguen ausentes.
El Súper RIGI disminuye las alícuotas de impuestos importantes (Ganancias del 25% al 15%), prevé la exención de derechos de exportación desde el inicio, introduce rebajas de contribuciones patronales y también establece topes a impuestos provinciales.
La Argentina necesita inversión extranjera directa para desarrollar sectores que requieren inversiones de gran porte; el gobierno busca promocionarlos liberando la obligación de ingresar al mercado cambiario argentino los dólares"
Me interesa detenerme, sin embargo, en un punto específico del Súper RIGI: la eliminación de la obligación de liquidar divisas por parte de los proyectos que se acojan al régimen, prevista en el Capítulo VI del texto enviado por el PEN al Congreso. Es allí donde el incentivo deja de ser solo una herramienta de promoción sectorial y pasa a incidir de lleno sobre la restricción externa, es decir, sobre la viabilidad macroeconómica de la Argentina.
La Argentina tiene una oportunidad concreta en el nuevo paradigma tecno-productivo mundial: recursos naturales estratégicos y capacidades vinculadas con los servicios basados en conocimiento.
Para aprovechar estas oportunidades —y no transformarse en una economía de enclave que solo exporta recursos o datos en bruto— hacen falta políticas industriales, científicas y tecnológicas específicas, pensadas para la nueva coyuntura internacional y en relación con los nuevos productos y tecnologías.
Se trata de una etapa con riesgos crecientes (algunos de ellos dramáticos, como bien lo expresan los conflictos y guerras en ascenso); sin embargo, también podría traer aparejadas algunas oportunidades para la Argentina. Con base en este escenario y de acuerdo con el promedio de proyecciones de las principales consultoras privadas, para 2030 las exportaciones argentinas podrían ubicarse en torno a US$ 140.000 millones, un aumento del 100% respecto del promedio de las exportaciones de bienes de la última década.
Argentina necesita reducir brechas de productividad y disminuir la vulnerabilidad macroeconómica que, a su turno, desalienta la inversión de largo plazo y afecta el crecimiento y el empleo"
En relación con estas exportaciones que crecerán fundamentalmente por rubros específicos como son la energía y la minería, el Súper RIGI permite que, desde el tercer año de vida del proyecto, el emprendimiento deje de liquidar el producido de sus exportaciones en el país.
Además, desde el inicio, estos proyectos no tendránla obligación de ingresar al mercado cambiario argentino los aportes de capital ni los préstamos externos, según los artículos 61 y 66 del proyecto de ley.
Se trata de un punto de primera importancia: la Argentina necesita un flujo creciente y sostenido de divisas para sostener el equilibrio externo, financiar el desarrollo productivo, reducir brechas de productividad y disminuir la vulnerabilidad macroeconómica que, a su turno, desalienta la inversión de largo plazo y afecta el crecimiento y el empleo.
El proyecto establece una secuencia gradual de libre disponibilidad de divisas: cumplido el primer año, las empresas podrían no liquidar el 20% de sus exportaciones; cumplido el segundo, el 40%; y cumplido el tercero, podrían dejar fuera del país el 100% del producido por sus exportaciones, de acuerdo con el artículo 60 del proyecto de ley.
Dicho de otro modo: después de apenas tres años, un proyecto podría exportar desde la Argentina sin ingresar divisas al mercado cambiario argentino. En paralelo, desde el minuto cero se elimina la obligación de ingresar al mercado cambiario los aportes de capital externo —a diferencia de lo previsto en el RIGI— y el producido por la colocación de deuda externa. La excepción, entonces, no alcanza solo al flujo comercial futuro: también modifica el tratamiento cambiario de los fondos que financian el proyecto desde su origen.
¿Por qué es un problema? La Argentina necesita inversión extranjera directa (IED) para desarrollar sectores que requieren inversiones de gran porte. El Gobierno busca promocionarlos liberando de la obligación de ingresar al mercado cambiario argentino los dólares vinculados con su operatoria.
Pero esa corriente de divisas es fundamental para desandar el estrangulamiento externo. De lo contrario, la oportunidad de proyectos estratégicos —principalmente en energía y minería, entre otros— quedaría anulada en materia de generación de divisas en apenas unos años. Insisto, se trata de un punto crucial para la estabilidad macroeconómica. Para ilustrar el asunto, presentemos algunos números.
Utilizando los datos del balance cambiario que publica mensualmente el Banco Central se ve por qué la libre disponibilidad de divisas, tal como está planteada, resulta inviable y debe ser modificada.
Entre comienzos de 2024 y junio de 2026, es decir, en lo que va de la gestión del presidente Milei, el saldo comercial de bienes acumuló un resultado positivo de casi US$ 54.000 millones. Se trata de la principal fuente de ingreso de divisas y proviene de proyectos anteriores a la entrada en vigencia del RIGI.
En el mismo período, la deuda pública y privada, en todas sus formas, sumó un saldo positivo aproximado de US$ 42.400 millones.La inversión extranjera directa —IED— registró una salida neta de US$ 1.323 millones; presumiblemente el signo de las inversiones externas cambiará a medida que maduren los proyectos vinculados con energía y minería, pero por ahora el saldo sigue siendo negativo.Por su parte, las utilidades y dividendos también tuvieron un saldo negativo de aproximadamente US$ 3.500 millones.
Por último, la formación de activos externos del sector privado no financiero —lo que habitualmente llamamos ahorro en moneda extranjera o fuga— acumuló un saldo negativo (muy relevante) cercano a US$ 42.936 millones.
La conclusión es clara: el saldo comercial de bienes ha sido la fuente más importante de divisas, con casi US$ 54.000 millones. La deuda también aportó una suma relevante —unos US$ 42.400 millones—, pero genera compromisos financieros futuros: intereses y capital que deberán ser honrados y, por lo tanto, demandarán divisas.
La inversión extranjera directa todavía no aparece como una fuente neta de divisas: registró una salida cercana a US$ 1.300 millones. En el futuro podría volverse positiva, pero traerá aparejadas, como es obvio, salidas (o demanda en el mercado de cambios) para el giro de utilidades y dividendos, el pago de importaciones, servicios y los pagos de la deuda, entre otros rubros.
Al mismo tiempo, la formación de activos externos absorbió más de US$ 42.900 millones: una salida casi idéntica al total de la deuda tomada por el sector público y privado. La FAE (como se la conoce en la jerga) equivale a casi el 80% del saldo positivo en bienes; es decir, a una porción muy significativa del ingreso neto de divisas obtenido por exportaciones, una vez descontadas las importaciones.
Se trata de proyectos que explotan recursos naturales —de todas y todos los argentinos—, muchos de ellos no renovables y que tendrán impacto ambiental aún bajo las mejores prácticas"
Estas cifras muestran que la Argentina no puede comprometerse con regímenes que no exijan liquidar una parte considerable de los ingresos en moneda dura. Liberar a los grandes proyectos que traccionarán, de acuerdo con las proyecciones de centros y consultoras, las exportaciones argentinas en los próximos años de la obligación de liquidar los dólares en el país debilita precisamente la fuente más importante de divisas.
Es importante notar, además, que se trata de proyectos que explotan recursos naturales —de todas y todos los argentinos—, muchos de ellos no renovables y que tendrán impacto ambiental aún bajo las mejores prácticas.
Antes de que lluevan los comentarios referidos al track-record argentino y su relación con estos mega-beneficios, digo: es cierto que las inversiones extranjeras de gran porte suelen exigir dejar parte de los ingresos por sus exportaciones sin liquidar, en cuentas en el exterior; justifican su pedido en la historia cambiaria argentina. Pero esta demanda de ningún modo valida una excepción del 100%.
La excepción debería calibrarse proyecto por proyecto y atarse a metas concretas de exportaciones totales, importaciones, empleo, transferencia tecnológica y desarrollo de proveedores. En mi experiencia, ningún proyecto solicitaba más del 20% o 30% de excepción a la liquidación de exportaciones y, en todos los casos, este beneficio debería otorgarse de manera escalonada y contra el cumplimiento de metas explícitas.
Hablamos de proyectos de gran porte. Algunos pueden vincularse, directa o indirectamente, con recursos naturales estratégicos —muchas veces no renovables— que pertenecen a las y los argentinos y que tienen impactos diferenciados en el territorio. Otros, aunque el proyecto no identifica taxativamente los sectores a promocionar, podrían relacionarse con la explotación de datos, otro acervo nacional de todos los que habitamos este territorio.
En todos los casos se comprometen recursos estratégicos que pueden ser vectores de desarrollo, pero cuya explotación también puede generar problemas ambientales o de seguridad, entre otros.
Quiero subrayarlo con claridad: la Argentina necesita inversiones, pero no proyectos que se limiten a extraer recursos estratégicos, algunos de ellos no renovables, sino que es fundamental que realicen aportes concretos en favor del desarrollo nacional.
Un régimen de promoción no puede limitarse a otorgar beneficios, tampoco puede otorgar cualquier beneficio y, sin lugar a dudas, debe exigir resultados. En este caso, liquidación de exportaciones, generación de empleo, transferencia tecnológica y desarrollo de proveedores nacionales.
Si no se articula la inversión extranjera directa con la inversión nacional, pública y privada, el impacto de mediano y largo plazo sobre la balanza de pagos será negativo, al margen de otras externalidades, como el impacto ambiental o la afectación de la privacidad de las personas, por nombrar solo dos ejemplos ya mencionados.
Sin querer anticipar el aporte neto de divisas que dejarán estos proyectos una vez maduros, y teniendo en cuenta que los mismos implicarán salidas por utilidades y dividendos, servicios y deuda asociados a la inversión, no podemos cometer el error de relajar la obligación de liquidar las exportaciones.
Sin entrar en el terreno del pesimismo, en escenarios de incertidumbre cambiaria —por caída de términos del intercambio o presiones dolarizadoras— la libre disponibilidad de divisas puede exacerbar la crisis externa, en lugar de aliviarla.
Por eso, este punto del proyecto debe ser revisado y modificado. Los proyectos que utilicen recursos estratégicos argentinos deben contribuir al equilibrio externo, al empleo, al desarrollo tecnológico y al entramado productivo nacional, en todo el territorio.
Son condiciones necesarias para una macroeconomía sana y para mejorar la vida de quienes habitan nuestro país. De lo contrario, el resultado será exactamente el que anuncia el título: súper beneficios y todos los dólares… afuera.