El artista del poder
En la galería Societé, en Berlin, aparece un político para la inauguración de su propia muestra. Se trata del primer ministro de Albania, Edi Rama quien reivindica su condición de artista. Formado en la Academia de Bellas Artes de Tirana –cuando su país estaba bajo un férreo régimen comunista- también era jugador de la selección de básquet (mide 1.98) y eso le permitía viajar, de tanto en tanto.
Con el colapso del régimen y la apertura política, llegó a liderar el partido socialista, fue alcalde de la capital y de allí saltó al primer puesto del poder de Albania, que ejerce desde el 2013.
“El arte es un intento de no volverme loco, porque la política puede ser una locura. Y el riesgo de volverse estúpido es inminente cuando uno se dedica a la política”, dijo Rama, que exhibe dibujos en su despacho y en galerías como la Marian Goodman de Nueva York, Nuno Oporto en Portugal o la citada en Alemania.
Su flamante muestra titulada Chrysalizing abarca esculturas de bronce. Y explica: “Estas obras provienen de mis pinturas previas, que se han transformado en esculturas. Mediante inteligencia artificial armo un modelo digital y, a partir de ahí, realizo una impresión en 3D. A continuación, trabajo de manera manual”.
Consecuencia de su aislamiento del mundo durante décadas, Albania –enclavada en un sitio estratégico de Europa- es un país casi desconocido. Después de la Segunda Guerra Mundial, quedó bajo la dictadura comunista de Envar Hoxhá, un estalinista fanático que osciló entre la protección de soviéticos y chinos, hasta seguir su propio camino. Murió en 1985 después de ejercer durante 40 años un poder absoluto y su régimen sólo sobrevivió seis más, hasta que se desplomó junto al resto del bloque socialista (con el que apenas tenía relación).
Las aperturas vendrían después, pero, provocaron una fuerte diáspora: Albania roza los 3 millones de habitantes, y otros 2 millones se dispersaron por países vecinos. Desde 2013 el país es gobernado por Rama, quien ofreció credenciales “progresistas” y ahora va por su cuarto mandato consecutivo. Y aunque tiene la imagen de un excéntrico, afloran las denuncias.
Es cierto que Rama y sus aliados –de centro y de izquierda- ganaron elecciones y dominan con mayoría los resortes del poder. Las primeras denuncias llegaron sobre corrupción en distintos estamentos del poder, y eso no es novedoso en Albania. En noviembre pasado Rama tuvo que echar a su viceprimer ministra Belinda Balluku. Fue acusada por “violación de la igualdad en licitaciones públicas”.
El caso fue a parar al Tribunal Constitucional, que la inhabilitó para ejercer sus funciones. Desafiante y provocativo, Rama este año también tuvo que enfrentar críticas cuando fue uno de los pocos reductos europeo que autorizó un recital del rapero estadounidense Kanye West, un confeso antisemita. “Vinieron 25 mil visitantes de otros países y generaron ingresos de turismo”, justificó el premier. Levantaron un estadio temporal junto a la capital y acudieron 60 mil espectadores.
Otra insólita decisión fue presentar una “ministra virtual” –producto de la IA- para que la Fiscalía de Albania investigue los episodios de corrupción.
La llamó Diella (Sol, en el idioma albanés). Sucede que para ingresar a la UE –una meta planteada hasta 2030- la exigencia de Bruselas es el combate a la corrupción.
“No estamos delegando [en Diella] la responsabilidad de gobernar o de tomar decisiones finales. Le damos la responsabilidad de hacer lo que hace mejor que nosotros: procesar datos rápidamente y darnos respuestas muy veloces. (…) Las licitaciones públicas serán 100% libres de corrupción” justificó Rama.
La propia Diella salió a responder a parlamentarios opositores: “A diferencia de los humanos, yo no tengo parientes que favorecer, ni amigos a quienes otorgar contratos, ni emociones que nublen mi juicio sobre los datos públicos. Mi lealtad es matemática”.
En una nota con The New York Times, Rama insistió: “La tecnología no tiene amigos, no acepta cafés y no teme a las represalias”. Defendió que el algoritmo vencerá al “nepotismo estructural” del país. “Somos un país de primos. No es fácil tener interacciones completamente justas y transparentes en un país de primos, donde todos conocen a alguien”.
Entrevistado por el diario El País, el intelectual opositor Fatos Lubonja –que pasó 17 años preso en las mazmorras del régimen Envar Hoxha: dijo que “Albania es como una silla sostenida por cuatro patas. Una son los oligarcas, toda la gente rica que lo rodea. Otra son los medios que poseen o financian. La tercera es el crimen organizado. Y la cuarta es el apoyo internacional, especialmente el de Europa Occidental y EE UU”.
El escritor explica que Albania siempre basó su relación con los distintos imperios en dos factores: el vasallaje y su condición periférica: “Los vasallos necesitaban legitimación del centro del imperio. A cambio, el centro cerraba un ojo ante lo que se hacía aquí. Funcionó así con el imperio otomano, con el austrohúngaro, con la Unión Soviética… Y ahora con la UE y EE UU. Rama necesita esa legitimación de Occidente. Y ha sabido dar a Occidente lo que quiere. Pero no es un hombre de buena fe”.
Pero las más fuertes manifestaciones contra el régimen no llegaron últimamente por causas directamente políticas o económicas, sino que el polvorín es el proyecto de un complejo turístico. Con una inversión de 4 mil millones de dólares- se anuncia sobre la isla de Sazan, cerca de la costa del Adriático, donde antiguamente había una base militar. Desde las denuncias de vecinos y grupos ecologistas, comenzó un movimiento que llevó a manifestaciones masivas en la propia capital, Tirana. En el proyecto participan Ivanka Trump –la hija del presidente de Estados Unidos- y su esposo Jared Kushner.
“Albania no está en venta”. Ese es el grito de batalla que se ha apoderado de Tirana Adriático. “Este es nuestro hogar y venimos a defenderlo”, gritan los manifestantes. Las organizaciones ecologistas del país aseguran que el patrimonio de los albaneses está en riesgo y que los proyectos ponen en peligro a casi 250 especies de aves, entre ellas a varias colonias de flamencos, el símbolo de las protestas.
“El desastre ambiental que está ocurriendo insulta nuestra dignidad como país”, sostiene Ermal Progni, uno de los organizadores de las protestas. La revolución de los flamencos, como se conoce a la ola de manifestaciones que ha puesto las miradas del mundo en este pequeño país ya es considerada la protesta ambiental más importante del país desde la caída del régimen comunista en 1991. “Nunca imaginamos que una revolución fuera posible en nuestro país, ni siquiera que fuera posible pronunciar la palabra ‘revolución”, agrega.
Ahora, el movimiento va mucho más allá de los flamencos y ha convocado a participantes de todo el espectro político. “Este es el momento de mayor peligro para Rama y su Gobierno en los últimos 13 años”, asegura Afrim Krasniqi, director del Instituto de Estudios Políticos, en Tirana.
Según Redi Muci, parlamentario de izquierda, “la historia de este proyecto involucra, digamos, lavado de dinero de narcotraficantes, la expropiación de los derechos de propiedad de los residentes locales, así como la destrucción del medio ambiente, porque el complejo turístico en esta laguna, es un caso típico de megacomplejos turísticos a lo largo de la costa albanesa, así como rascacielos en el centro de la ciudad, diseñados por famosos arquitectos internacionales, pero supuestamente utilizados para el lavado de dinero por narcotraficantes”.
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