A esta economía la hacen parir la apertura y la informalidad más que el dólar a $ 1.530
"Presidente, nos ha puesto a parir a todos”, le dijo veinte años atrás un grupo de empresarios españoles a Néstor Kirchner en Madrid. El presidente buscaba apoyo para renegociar con el FMI un programa laxo para consolidar la recuperación tras el default de 2002, y los empresarios le saltaron a la yugular tras congelar las tarifas.
Pero lo que había sido puesto a parir mucho antes era la economía argentina cuando se pretendió que ganase competitividad rebajando impuestos, aranceles y precios, ante la rigidez del 1 a 1 por la Convertibilidad.
No por el dólar, porque no está fijo, pero sí porque el Gobierno construyó alrededor de su objetivo de llegar a las elecciones en relativa calma cambiaria, una agenda que busca ganar competitividad vía menores tasas de interés, impuestos más bajos y más apertura.
Para ello, Javier Milei enchufó la economía a un cable de 220: doble shock de apertura y estabilización, todo junto y a la vez. Y esto es lo que hace crujir los mundos de los hogares, las empresas y la política. Veamos.
Con respecto al primero, la apertura, no es el precio del dólar sino la desaparición de las restricciones a los límites para importar bienes del exterior lo que resulta una novedad.
Un viejo adagio de la economía dice que un ministro le pregunta a un industrial o titular de la UIA “Dígame, ‘qué dólar necesita o qué arancel le hace falta para fabricar y ser competitivo?”.
Hoy no hay dólar que ayude al país a competir contra China. Si para EE.UU. sólo servirían barreras, como Paul Krugman admitió hace semanas, ¿qué le queda al resto?
The New York Times tituló días atrás “El próximo shock chino ya está aquí”, una entrevista recomendable a uno de los economistas que mejor sigue esta cuestión a nivel global: Brad Setser, ex funcionario de los gobiernos de Barack Obama y Joe Biden. Hace veinte años, China inundó el mundo con productos de baja calidad, que no estaban en la frontera de la producción industrial y no eran producidos por los países ricos. Hoy fabrica de baratijas a vehículos eléctricos.
La pregunta es: ¿Argentina está padeciendo o aprovechando esta apertura? Final abierto. Pero lo que sí es cierto es que sus productos se ven en galpones en el Conurbano y en concesionarios en barrios de alto poder adquisitivo.
En Europa y en Estados Unidos, sostiene Setser, esto impacta en la política (propuestas de candidatos, resultados de elecciones) y en la economía (expulsando a sectores que apoyaron el crecimiento de sus economías y el financiamiento del Estado de Bienestar).
China será este jueves el tema central de un encuentro del tradicional Boletín Techint que el grupo empresario organiza cada año y donde hablarán expertos y economistas internacionales y locales que siguen el tema, como Leland Miller (US-China Economic & Security Review Commission), Ricardo Hausmann (Harvard), Marcos Buscaglia, Andrés López (UBA) y Fernando Navajas (Fiel).
Milei está enojado con muchos de estos empresarios. Dice que no quieren competir.
Lo cierto es que la apertura está provocando un verdadero shock. La utilización de la capacidad instalada en la industria textil al final del gobierno de Mauricio Macri era 52%. Alberto Fernández la subió al 60% con medidas proteccionistas. Con Milei bajó a 42%. Esto significa 28.100 empleos menos, según la consultora I+D. El grueso son trabajadores mujeres volcados a ferias ambulantes en el Conurbano, aumentando la informalidad en un rincón de la Provincia donde hay supermercados que se ven cada vez menos competitivos por el esparcimiento de estas Saladas. Hay cadenas que piensan en cerrar sucursales por estos canales alternativos que les ‘comen’ mercado.
Un trabajo de la consultora Analytica que publicó Clarín da otro matiz de esta apertura: el cambio tecnológico. “Lo que se importa mes a mes a través de los servicios postales equivale al 40% de lo que se vende en indumentaria, artículos deportivos, electrónicos, amoblamientos, decoración y juguetes en los más de 70 centros comerciales, más de 6.000 negocios, que releva el INDEC en la encuesta de centros de compras de todo el país, cuando en 2024 era menos del 10%”.
Las importaciones de indumentaria y calzados y de electrodomésticos se ubican en máximos de los últimos años. Por un lado abaratan aceleradamente los productos ayudando a moderar la inflación y el acceso a ellos por parte de los consumidores. Comparado con un ingreso promedio registrado de un asalariado, calculó Analytica, la adquisición de un electrodoméstico hoy es 54,3% más accesible que en noviembre 2023 y la indumentaria 36,8%. Pero más barato es aún para un trabajador informal si se tiene en cuenta que los ingresos de estos últimos repuntaron más fuerte en los últimos años.
“El efecto de la apertura o de la desregulación impacta, más allá de que puede ayudar el tipo de cambio mejorando los ingresos en dólares”, dice Ricardo Delgado de Analytica.
El segundo punto es la estabilización. La economía este año mostrará una desinflación más leve que otros años. El desafío es ver cómo pasa del 30% a 20% sin recurrir a una tasa de interés alta, fijar el dólar (que pareciera cada vez más costoso sostenerlo como demostró estos días al pasar el techo de los $ 1.500) o pisar la obra pública en un 2027 marcado por el calendario electoral. Quizás haga falta algún tipo de ancla, como dice el ex ministro de Economía Nicolás Dujovne para seguir desinflando. “Anunciar un objetivo de inflación ayudaría a todo el Gobierno. Claramente no es el momento de metas de inflación, pero sí ayudaría decirle a la sociedad a qué tasa iríamos”. El proyecto de Presupuesto 2027 podría ser una oportunidad si el Gobierno no insiste con el 10% como hizo el año pasado. “No resultó creíble”.
Las contracciones se sienten cada vez más y los espasmos dan cuenta de que algo está por venir en este parto que es la economía argentina y que Caputo buscaría aliviar este miércoles incentivando tomar créditos hipotecarios.
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