Continuidad en las evaluaciones: una excepción a la regla
El pasado reciente, atravesado por el fútbol, volvió a poner en primer plano a una de esas excepciones que parecen irrepetibles. Lionel Messi volvió a quedarnos a mano como excepción a la regla en tantos sentidos. Hay excepciones que son extraordinarias, como Lionel. Y otras que, uno intuye, deberían dejar de ser la excepción para convertirse en la regla.
Ese podría ser el caso de las Pruebas Aprender, el dispositivo nacional de evaluación de la calidad educativa en Argentina y uno de los instrumentos más importantes con los que contamos como país para orientar políticas públicas vinculadas a la educación.
Somos un país acostumbrado al reseteo permanente y, por eso, la continuidad de las pruebas constituye un paso tan relevante.
Digamos lo obvio: somos un país al que le cuesta sostener políticas públicas y, antes que políticas de Estado, solemos tener políticas de gobierno. Por eso, la continuidad y la periodicidad de las Pruebas Aprender son una buena noticia para el sistema educativo.
Los datos de las últimas Pruebas Aprender de 2025, con desempeños satisfactorios que aumentaron en Lengua (+10,5 puntos porcentuales) y en Matemática (+3,5) en comparación con las de 2023. Esto no significa que los problemas estén resueltos. Las brechas siguen siendo muy profundas: no da lo mismo dónde nacés ni el nivel socioeconómico de tu familia. No da lo mismo en qué provincia vivís, ni tampoco si asistís a una escuela estatal o privada.
Pero justamente en ese contexto aparece el valor de evaluar. Las evaluaciones no son -o, al menos, no deberían ser- rankings de ganadores y perdedores. Al contrario, su función central es orientar dónde hay que concentrar los esfuerzos. Las provincias no parten desde el mismo lugar ni enfrentan las mismas condiciones. Los recursos son distintos y, por eso, el foco debería estar puesto en los avances de cada provincia respecto de sí misma. La evaluación nos ofrece una fotografía; la política educativa, sostenida más allá del color político, nos permite construir la película completa.
Y entonces aparece otro aspecto de la política de evaluación: ¿cuándo evaluamos?
En los últimos años, la alfabetización inicial comenzó a ocupar un lugar central en la agenda educativa. Desde Argentinos por la Educación impulsamos esa discusión junto a más de 200 organizaciones, a partir de un dato contundente: las pruebas ERCE 2019 mostraron que la mitad de los estudiantes de tercer grado en Argentina no comprende un texto simple.
Desde fines de 2023, el Gobierno nacional y las 24 jurisdicciones priorizaron políticas de alfabetización. En ese marco, es especialmente valioso que este año vuelvan a realizarse las Pruebas Aprender de tercer grado de manera censal, dado que evaluar tempranamente permite identificar dificultades e intervenir a tiempo.
Somos un país acostumbrado al reseteo permanente y, por eso, la continuidad de las pruebas constituye un paso tan relevante.
Esta excepción a la regla nos permite abrir, una vez más, la discusión e invita a imaginar un horizonte distinto: uno en el que las políticas de Estado dejen de ser una salvedad y la convergencia de esfuerzos entre gobiernos de distintos signos políticos alrededor de una prioridad educativa deje de parecernos una rareza.
Quizás esta sea la oportunidad para que la educación argentina deje de depender de la excepción y comience a construir una regla valiosa: la de sostener, mejorar y aprender también como sistema.w
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