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clarin.com · hace 13 horas · Clarin.com - Home

Jaque no es mate

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Con ganas de saborear experiencias nuevas, algunos amigos han aprendido en los últimos años un idioma o a bailar rock o a hacer pan. Con el mismo talante, app gratuita mediante, yo dedico mis ratos libres a tomar clases de ajedrez, divertidas incluso en las derrotas.

Juego de mesa y deporte mental (reconocido en esa calidad por el Comité Olímpico en 1999), el ajedrez nació en India en el siglo VI. De allí pasó a Persia y fueron los árabes quienes lo llevaron a Europa. Sus reglas cambiaron, pero desde el siglo XIX, la dinámica es la que conocemos y en el tablero de 64 casillas se despliegan piezas blancas y negras, que encarnan dos ejércitos enfrentados con sus infanterías, caballerías, torres, alfiles y reyes.

Mi profesor virtual se llama Óscar (así acentuado en la o, como se dice en España) y, para ser sólo bits, el bot se parece bastante a un narcisista de manual, que se adjudica el mérito incluso cuando gano yo. “Parece que mi sabiduría ha sido transmitida”, dice, elogiando ante todo sus aciertos docentes.

No es la idea de la guerra lo que me atrae del juego sino la exigencia de adaptación permanente. El ajedrez pena la distracción, pide “estar ahí”, leyendo y anticipando los movimientos del otro. El desafío es arrinconarlo (jaque) y capturar al rey contrario (jaque mate). En mi caso, ante un bot rival que conoce mejor aperturas, defensas y trucos (Óscar dicta conferencias, mientras yo balbuceo).

La aplicación Duolingo, fuerte en enseñanza de idiomas, ofrece también clases gratuitas de ajedrez desde 0. En pantalla,  Óscar, el bot profesor.

El tablero es una maqueta de la vida en pequeño y lo que ejercitamos una y otra vez en las partidas es una mirada estratégica (qué hacer para dominar el centro, el orden de capturas para ganar puntos, tácticas para atacar dos piezas a la vez, etc) y desarrollar una gimnasia de toma de decisiones, resiliencia y respuesta ante la frustración.

En su libro “Cómo la vida imita al ajedrez” el campeón mundial Garry Kasparov cuenta que ganó una de las partidas más difíciles de su carrera contra Karpov, otro campeón, porque su adversario perdió la fe en sus planes. En un momento bisagra de ese duelo, en lugar de atacar Karpov siguió esperando una ocasión más propicia, que jamás llegó.

La apreciación suena reconocible en decisiones cotidianas. A veces, la diferencia entre avanzar y estancarse es confiar en los propios instintos. Lo que entrena el ajedrez quizá sea el arrojo (¿explica eso que al terminar un partido querramos meternos en el que sigue?). Un modo de domesticar el miedo. Y la certeza de que siempre hay revancha.

Raquel Garzón

Periodista y poeta, construyó una carrera a ambos lados del Atlántico. Es autora de cinco libros de poemas, entre ellos, "Riesgos de la noche" y "Monstruos privados", ambos publicados por Alción. [email protected]

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