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infobae.com · hace 10 horas · Adrián Moscovich

La reposición humana frente a la insultada construcción colectiva

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Casi la totalidad de los argentinos ponderamos y coincidimos en valores que son propios de una nación democrática, respetuosa de la libertad de pensamiento –incluso muy por encima de la libertad de mercado-, una nación que abraza la producción, el trabajo, el empleo. Con un origen sociodemográfico en el interior del país, donde se arraigaron nuestros abuelos provenientes de un mundo convulsionado por regímenes totalitarios, habiendo conformado un ser argentino junto a los habitantes de nuestras tierras de tiempo anterior.

Seguimos coincidiendo en valores como la educación y esa hermosa expresión “mi hijo el dotor”, donde se sintetiza que nuestras escuelas y universidades son el ámbito de miles de primeros profesionales en una enorme cantidad de familias. Una educación que nos permitió lograr cinco premios Nobel, avances en ciencias médicas inéditas en el mundo, significativos desarrollos hidráulicos que permitieron ganar territorio al mar en Holanda dieñados por nuestro compatriota ingeniero hidráulico José Loschacoff, nacido en Moises Ville, provincia de Santa Fe. Así podríamos mencionar varios otros ejemplos de argentinos que han mejorado el mundo y a las personas, desde una construcción colectiva donde el principio rector fue que “nadie se salva solo”.

Hemos tenido diferentes gobiernos en el marco de la democracia, algunos buenos, otros regulares y también malos o muy malos.

Ahora bien, por estos tiempos apareció una clase gobernante que nos despoja de valores, incluso del ánimo de concurrir a votar. Fíjense que el actual presidente es fruto del 25% de votos, el otro 75% no lo votó o lo que es peor aún ni siquiera se preocupó en concurrir a las urnas.

Cuando Javier Milei se postuló como candidato a presidente fue mi deseo que tuviese el mayor de los éxitos tanto en las urnas como en la gestión de gobierno. Sin embargo, cercano a los tres años de asumir como Jefe de Estado reconvirtió y subestimó los valores que él mismo propuso y que deseamos los argentinos.

Nuestro aspiracional es simple, pedimos un Presidente que no consideré a nuestros hijos como una reposición humana, ellos no son parte de un stock ni los embarazos son productos en proceso. Hablamos de vidas, de personas. Personas que necesitan llevar el pan a la mesa, y ante la imposibilidad recurren al endeudamiento. Señor Presidente, los argentinos no recurren a la usura para anticipar consumo, tal como manifestó en la Bolsa de Comercio de Rosario.

Le suplicamos respeto al que piensa distinto, sea periodista, economista, gobernador o Presidente de otro país. No puede estar insultando y agrediendo a nuestros principales clientes en el comercio exterior. Sería un valor superlativo para el resultado de su presidencia que le dé a la Ciencia Económica el motivo por el cual fue creada: “La economía es una ciencia social”. De lo contrario su plan, si existiese, ha fracasado.

Necesitamos que se desprenda prontamente de quienes han llevado, en otras gestiones, a nuestro país a severas crisis que repiten en el actual gobierno. No podemos aguardar su modo Adorni para la toma de decisiones cuando se trata de sus estrechos colaboradores y/o legisladores.

Con todo respeto, deseamos ser mucho más que un 25% de argentinos los que sigamos votando el cambio que usted propuso.

El Poder Judicial ante la Argentina que viene