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infobae.com · hace 18 horas · Gonzalo Arias

El espejo incómodo de Milei

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Mientras la oposición apenas logra despertar de su largo letargo sin aún encontrar ni liderazgos aglutinantes ni estrategias competitivas, Milei continúa perdiendo contra su propia imagen que le devuelve el cada vez más distorsionado espejo y su manifiesto desacople con la realidad que viven millones de argentinos.

Lo cierto es que una reelección que parecía imponerse como corolario inexorable del tan contundente como sorpresivo triunfo en las elecciones legislativas de medio término, del dominio absoluto de la agenda y la iniciativa política, y de la profunda crisis, orfandad e irrelevancia opositora, hoy aparece como una gran incógnita.

Con un modelo económico que no sólo da cuenta de sus limitaciones para generar impactos positivos concretos en los magros bolsillos de la inmensa mayoría de los argentinos sino que consolida una economía dual, partida entre la realidad auspiciosa para un puñado de sectores con escasa demanda de mano de obra intensiva y el complejo escenario para la industria, el comercio y los servicios que dinamizan la mayoría de los grandes centros urbanos, es esperable que los números comiencen a delinear un escenario electoral complejo para el oficialismo.

Más aún, cuando la realidad se contrasta con las promesas no tan lejanas de una economía que crecería “como pedo de buzo” o de “los mejores 18 meses que la Argentina haya visto en décadas”, y un presidente que apostó todas sus chances futuras en el rumbo de la economía insiste en negar cualquier indicador desfavorable que justificaría ya ni siquiera una autocrítica sino fundamentalmente algún ajuste o revisión de los lineamientos del programa económico.

Algo de esto pudo verse tras la reaparición del presidente en público tras casi diez días sin agenda y escaso contacto con su propio gabinete: si alguno se ilusionó con un giro moderado y ciertas muestras de empatía al escuchar el discurso durante el homenaje al libertador San Martín, durante su participación en el Consejo de las Américas y su posterior raid en la red social X negó que cierren empresas, ofreció curiosos números que desmienten la evidente caída del consumo, relativizó los crecientes problemas en el mercado laboral, rechazó los números que dan cuenta de que los salarios pierden frente a la inflación y, como si fuera poco, no solo volvió a fustigar con agravios a periodistas y economistas críticos sino que incluso se refirió con sorna a los cada vez más argentinos que engrosan las estadísticas de morosidad.

Frente a este escenario, no debería llamar la atención ni la caída en la imagen presidencial y los niveles de aprobación de gobierno, ni la erosión de las expectativas de futuro. Un dato que puede ilustrarse con claridad en el más reciente registro del Índice de Confianza del Consumidor de la Universidad Di Tella, no solo por su rigurosidad sino también por su alta correlación con los resultados electorales. En julio dicho índice dio cuenta de una caída mensual de casi el 4,8%, y una caída interanual de 12 puntos, con un fuerte impacto sobre todo en el populoso y electoralmente gravitante Gran Buenos Aires, en un distrito a priori favorable como la Ciudad de Buenos Aires, y en la franja etaria de los jóvenes en los que supo apuntalarse el proyecto libertario.

En este contexto donde las encuestas muestran que prácticamente dos tercios del electorado se inclina por un cambio, y en donde una victoria en primera vuelta pareciera no estar ni entre los cálculos de los más optimistas, el nada despreciable tercio de apoyos duros que conserva Milei se erige como un piso sólido pero a la vez un techo bajo de cara a un hipotético balotaje.

El problema de apostar todo a una economía que no arranca comienza entonces a mostrar sus límites: los beneficios para el ciudadano de a pie no llegan, se deteriora el humor social y, conforme crece la conversación electoral, la incertidumbre y la desconfianza se reinstalan entre los grandes inversores y actores económicos que se preguntan por la continuidad y sostenibilidad del programa económico.

Sin atisbos de correcciones en el rumbo, muestras de empatía social ni autocrítica, por estas horas el Gobierno cifra sus expectativas en los acuerdos políticos que ofrezcan la imagen de un respaldo más sólido y avienten los fantasmas de un presidente cada vez más sólido y aislado. A la par que insiste con el cada vez más complejo proyecto de derogación o suspensión de las PASO, busca proyectar ante los mercados y el establishment la imagen de un gobierno que avanza en la construcción de una coalición más amplia, con el PRO, algunos gobernadores y un sector del radicalismo.

Sin embargo, es evidente que muchos aliados, sectores dialoguistas y gobernadores que hasta apenas hace unos meses buscaban con mayor o menor insistencia algún acuerdo o alianza con el gobierno, hoy son más reticentes. Los gobernadores no solo miran con más interés las elecciones provinciales previas a las nacionales, sino que supeditan cualquier conversación nacional a la cuestión de los fondos, “encareciendo” así para el oficialismo cualquier acuerdo y apoyo a la ambiciosa agenda reformista en el Congreso. El PRO escenifica un nuevo acercamiento pero con un Macri que en privado no escatima críticas y parece decidido a esperar. Y, hasta algunos ya propios, como la senadora Bullrich, siguen amagando con desmarcarse.

Así las cosas, resulta esperable que el peronismo comience tibiamente a despertar, tratar de unificar posiciones comunes ante temas políticamente gravitantes para la interna como las PASO, dar muestras de diálogo entre los principales referentes, entre tantos otros pasos necesarios para intentar resolver la aún muy difícil candidatura única y competitiva.

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