El deber de advertir: por qué es importante hablar sobre la salud mental de un presidente
Cuando los republicanos nominaron a Barry Goldwater como candidato presidencial de los Estados Unidos en 1964, Ralph Ginzburg envió un cuestionario a los 12.356 psiquiatras matriculados en Estados Unidos. El editor de la revista Fact les hizo llegar a los médicos una inquietante consulta: “¿Usted cree que Barry Goldwater está psicológicamente en condiciones de ejercer como presidente?". Cientos de especialistas en salud mental respondieron, y muchos de ellos diagnosticaron a Goldwater con síndrome de paranoia, esquizofrenia y megalomanía, pero lo hicieron a la distancia y sin haber podido examinarlo. El episodio se consideró como un ejemplo de uso irresponsable de la autoridad médica y la Asociación Psiquiátrica Estadounidense (APA, por sus siglas en inglés) adoptó en 1973 la “regla Goldwater” para impedir que la experiencia pudiera a repetirse. Sin embargo, medio siglo después, otro republicano, volvió a ser protagonista de un experimento similar: Donald Trump.
El proyecto se originó en la conferencia titulada “El deber de advertir”, celebrada el 20 de abril de 2017 en la Universidad de Yale y organizada por Bandy Lee, psiquiatra forense con formación en las facultades de Medicina y de Derecho de esa prestigiosa universidad. Lee discrepaba de lo que consideraba una “orden de silencio”, impuesta por la APA para prohibir a sus miembros hablar sobre el estado de salud mental de Trump. Y sostuvo que había que desconocer la “regla Goldwater”, que protegía a una figura pública y poderosa, y en cambio, era necesario privilegiar el derecho de una sociedad a acceder a información importante sobre su presidente, como una de las principales garantías del sistema democrático.
Así nació El peligroso caso de Donald Trump: 27 psiquiatras y expertos en salud mental evalúan a un presidente, un sorprendente ensayo que reúne el análisis de psiquiatras, psicólogos y otros profesionales de la salud mental que arrojaron conclusiones muy potentes sobre la impulsividad de Trump en términos de su narcisismo patológico, su hedonismo desenfrenado y su exacerbado nivel de desconfianza, que excede la paranoia, rasgos que los autores señalaron como causas muy perjudiciales, dado el poder que podía llegar a ejercer en los Estados Unidos. El libro contiene también un capítulo escrito por Robert Jay Lifton, reconocido psiquiatra que había analizado la patología de los médicos alemanes que trabajaron en el Tercer Reich para justificar al nazismo. En el paper sobre Trump, Lifton desarrolla el concepto de “normalidad maligna”: el modo en el que una sociedad termina naturalizando en sus líderes conductas impropias, que en cualquier otro contexto se reconocerían como dañinas.
Ante la neutralidad profesional que exigiría abstenerse de opinar sobre un paciente no examinado clínicamente, los autores decidieron priorizar su deber cívico y moral para “advertir” a la sociedad estadounidense sobre la gravedad de los problemas detectados. Es importante destacar que los especialistas convocados para brindar su análisis no se pusieron de acuerdo a la hora de señalar los detalles concretos del trastorno exacto que podría aquejar a Trump, pero todos coincidieron en que su salud mental requería atención médica. No deja de llamar la atención que el trabajo se publicó durante el primer mandato de Trump, quien luego volvió a la Casa Blanca algunos años más tarde.
¿Por qué hablar de la salud mental de un presidente? Porque el debate sobre la patología que podría atravesar Javier Milei aumentó en los últimos días en la Argentina. Los lectores de Editorial Perfil saben que no se trata de ninguna novedad: tanto en Perfil como en Noticias, se han publicado cientos de artículos que alertaron sobre la necesidad de discutir seriamente este tema, entendiendo el deber que el ejercicio periodístico impone sobre tan delicada agenda pública. Ya durante la campaña presidencial de 2023, que llevó a Milei a convertirse en un verdadero personaje del prime time televisivo, en los medios de Perfil se advirtió que el entonces candidato pasaba con total naturalidad de insultar a Keynes a vanagloriarse de su sexo tántrico, o hasta podía confesar sin ningún tipo de pudor que creía que no había ningún tipo de delito en vender órganos para luego referirse al Estado como un pedófilo que ingresa a un jardín de infantes con niños desnudos, atados y cubiertos de vaselina. ¿Hasta cuándo vamos a seguir fingiendo que todo eso era normal?
Editorial de Modo Fontevecchia: “¿No se dan cuenta que este hombre no está bien?”
Desde Editorial Perfil se hicieron muchos llamados de atención para anticipar la delicada encerrona hacia la que se encaminaba el país, sin que la sociedad argentina se alertara porque su presidente estaba convencido de, por ejemplo, haber hablado con Dios, gracias a las gestiones espiritistas de su hermana, que presuntamente iniciaba ese diálogo divino a través de un perro muerto, animal que falleció hace ya muchos años pero que Milei considera que sigue vivo. O la preocupación por estar gobernados por un jefe de Estado que cree ser la reencarnación de un general del ejército romano, que llegó a este presente para sacar a la Argentina de su letargo. ¿Hasta cuándo vamos a seguir fingiendo que todo eso era normal?
El biógrafo no autorizado de Milei, Juan Luis González, ha publicado dos de los mejores libros de investigación periodística sobre el tema. En sus dos bestsellers, El Loco –el nombre ya lo dice todo–, y Las fuerzas del cielo, el editor de Política de la revista Noticias se adelantó a muchos de los debates que hoy empiezan a aparecer, tímidamente, en los medios de comunicación argentinos. La desazón por un presidente que se asesora con videntes y mediums, que siente que está ejerciendo un mandato mesiánico y que nada de lo cotidiano le preocupa porque asume que su trascendencia es divina y que su vida se entrelaza entre lo esotérico y lo personal, entre lo celestial y lo terrenal y entre lo político y lo simbólico. Lamentablemente, ninguna de esas alarmas fueron debidamente atendidas: nada de todo esto fue cuestionado en la prensa argentina desde que asumió Milei. El deber de advertir sobre la salud mental de un presidente era solapado por el inocultable intento de normalizar lo anormal.
El deber de advertir sobre la salud mental de un presidente era solapado por el inocultable intento de normalizar lo anormal.
Pero algo ha cambiado en los últimos días. La que cruzó la línea fue Victoria Villarruel, ex compañera de fórmula de Milei, que repentinamente descubre lo que antes no quería ver y se preocupa por la salud mental del Presidente: “Tengo genuina preocupación por su estado y por las persecuciones imaginarias que replica en Argentina y el exterior”. Y hace tan solo algunos días se sumó una voz autorizada en el análisis de la salud presidencial, como la del médico y periodista Nelson Castro. El columnista de Perfil fue uno de los primeros en señalar la importancia de hablar sobre la salud de Néstor Kirchner y de Cristina Kirchner durante sus gobiernos y ese antecedente le otorga verdadera autoridad para ahora concluir: “Milei tiene un problema psiquiátrico, claramente. Toda la dependencia con su hermana, el tipo de vida que vos ves, el nivel de aislamiento que tiene, esta explosividad que él manifiesta".
El aislamiento de Milei en Olivos, donde estuvo recluido casi dos semanas sin actividad oficial ni visitas con agenda de trabajo, así lo confirman. Pero tampoco es algo nuevo, sino que se trata de un problema que se confirma de más larga data: luego de acceder al registro de ingresos oficiales a la Quinta de Olivos durante el primer semestre de 2026, Pablo Varela confirmó hoy en Perfil que el aislamiento de Milei es cosa seria. Son muy pocas las personas que lo frecuentan y el intercambio social parece no ser una prioridad para el Presidente, que se encuentra recluido. Desde una de las pequeñas casas que reformó especialmente en Olivos, con pocos muebles minimalistas y paredes decoradas con grandes cuadros que lo retratan, Milei solo “sale” al exterior a través de sus redes sociales, donde cada vez se muestra más irascible, inestable y violento. ¿Hasta cuándo vamos a seguir fingiendo que todo esto es normal?
No quedan dudas, es necesario hablar sobre este tema. Porque se trata de una cuestión de Estado, que guarda una gran gravedad, tal como lo ha planteado recientemente Jorge Fontevecchia, que en su editorial titulada “¿No se dan cuenta que este hombre no está bien?”, puso las cosas en su lugar: “Estamos naturalizando tener un presidente que, como se titula el célebre filme de Almodóvar, se encuentra siempre al borde de un ataque de nervios (...) Da vergüenza. Por ahora, fingir demencia es la manera que tienen muchos que lo consideran un mal menor, a la que apelan para no sentir vergüenza”.
Investigador principal del Conicet, docente de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Torcuato Di Tella, ex catedrático de la Universidad Harvard y de la Universidad Columbia, el argentino Roberto Gargarella se ha convertido en uno de los más reconocidos juristas de América Latina, con foco en el constitucionalismo y las reformas institucionales que se necesitan para consolidar una democracia. Desde hace algunos días, Gargarella ha decidido decir lo que algunos no se atreven a decir: “Destitución por su incapacidad mental”, viene posteando en X cada vez que un usuario comenta, azorado, un nuevo y aberrante insulto de Milei.
Tiene razón, Gargarella. Hay que decirlo con todas las letras: es hora de hablar de la salud mental de nuestro presidente.