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infobae.com · hace 14 horas · Augusto Caviglia

Nos obsesionamos con sentirnos bien y nos olvidamos de aprender a estar mal

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A partir de mi formación como psicólogo, me resulta inevitable observar cómo, a menudo en la vida, intentamos resolver lo más rápido posible situaciones o procesos que inevitablemente necesitan tiempo para ser atravesados.

Sin importar cuántas personas quieran convencerte de que al final “todo va a estar bien”, nada reemplaza a la tramitación interna. Esta lleva su propio ritmo y poco le importa tu urgencia por volver a ser quien eras. Desde el lugar de quien padece, no es fácil entender que un tránsito lleno de incertidumbre, bronca y frustración es parte imprescindible del proceso. Por eso, aprender a estar mal implica conseguir construir una dimensión donde la incomodidad “ahorque, pero no asfixie”.

Existe un ámbito donde este aprendizaje se vuelve cotidiano y radical: la formación de caballos jóvenes. ¿En qué se parecen el “estar mal” y el trabajo con estos animales? Formar caballos jóvenes implica enfrentar a diario la incertidumbre, la frustración, la tentación de enojarse y forzar las cosas. Exige aceptar el retroceso como parte natural del proceso y no permitir que las propias urgencias nos impidan tolerar la incomodidad de no tener el control absoluto de lo que sucede.

Todo esto resulta destructivo para el mundo interno del jinete promedio. Genera la sensación de que, cuantos más caballos jóvenes se trabajan por día, peor se monta. Por eso, aquellos jinetes profesionales que tienen la posibilidad de elegir prefieren, en su mayoría, no padecer esta etapa de iniciación, a pesar de ser los más capacitados técnicamente para hacerlo.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando dedicarse a iniciar caballos jóvenes es la elección propia? Lo negativo no desaparece por el hecho de haberlo elegido; al contrario, se multiplica porque prácticamente todos nuestros caballos lo son. Sin embargo, con el paso del tiempo y gracias a la capacidad de un buen equipo de trabajo para derivar y contener las tensiones, el “estar mal” no consigue convertirse en nuestro todo. Nos permite entender que “hoy no es siempre”, brindándonos la posibilidad de analizar en frío qué herramientas o ejercicios incluir en los próximos intentos y, lo más importante, mantenernos optimistas sobre el resultado final.

El pasado 26 de julio, representando a nuestro país, el equipo de trabajo del haras TDV (Tierra de Vida) de José Randazzo —integrado por Germán Ríos, Nahuel Pérez Salgado y quien suscribe— logró consagrarse campeón sudamericano de caballos jóvenes en Campinas, Brasil. Es la primera vez en la historia de la equitación argentina que esto sucede, por lo que representa un hito deportivo histórico que jamás olvidaremos.

Sin embargo, en lo personal, ganar la copa no me dio la sensación conocida del objetivo cumplido. En cambio, fue más parecido a encontrar algo de paz: entender que muchas veces el éxito se gesta en ser capaz de estar mal sin que eso se convierta en nuestro todo, y sentir que es posible sobrevivir a la asfixia para transformar la incomodidad en aprendizaje.

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