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infobae.com · hace 10 horas · Ken Fisher

Por qué la IA es más tortuga que liebre

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Entre el centro de datos que OpenAI pretende construir en la Patagonia, la posibilidad de que Elon Musk haga lo mismo, y el apoyo de Milei a las “empresas sin humanos” basadas en inteligencia artificial (IA), los expertos predicen un aumento de la productividad que impulsaría los beneficios y controlaría la inflación. Pero esto costaría la pérdida de millones de empleos y el agotamiento de los recursos naturales de Argentina.

Silencie el ruido, tanto el entusiasta como el alarmista, pues el futuro de la IA sigue siendo una incógnita, incluso para los “expertos”. Invertir en función de las especulaciones o las expectativas que han despertado las últimas salidas a bolsa revela una gran arrogancia. Se han analizado tanto las posibles implicaciones de esta tecnología que es imposible saber algo que los demás ignoren: las acciones ya lo han descontado todo.

Entre el sinfín de predicciones sobre la IA, se habla de cambios rápidos y profundos, en muchos casos, negativos. De hecho, esta tecnología figura entre los motivos más citados para explicar los despidos. Se cree que la tecnofinanciera Block habría reducido a la mitad su personal para optimizar el uso de la IA.

Sin embargo, los pesimistas cometen un error: creer que las innovaciones solo destruyen empleo, cuando la verdad es que también lo crean. Ya en 1981, los economistas alertaban de que los ordenadores sustituirían a los trabajadores de forma masiva. No fue así, el trabajo solo cambió y los empleados adquirieron nuevas competencias. Al final, como ha pasado en innumerables ocasiones, el mundo mejoró.

El número de despidos atribuibles a la IA es mínimo. Lo cierto es que la cotización de Block se ha desplomado en los últimos años. Como muchas otras empresas, habían contratado demasiado tras la pandemia, y la IA solo fue la excusa.

Por otro lado, los optimistas sobrevaloran la velocidad a la que avanzan los grandes cambios. Por ejemplo, internet comenzó con módems y computadoras de escritorio. Luego, llegaron la banda ancha, la conexión inalámbrica y los portátiles asequibles. Y más adelante, los teléfonos inteligentes, las redes sociales o las videoconferencias, entre otras innovaciones. Todo eso llevó décadas.

Si bien se dice que Starlink Argentina será sostenible, los centros de datos generan dudas justificadas por el costo de la electricidad. Sin embargo, la oposición política y la escasez de chips están frenando su implantación. OpenAI anunció hace más de ocho meses la construcción de un centro en la Patagonia, pero la información pública sigue siendo escasa, y las trabas considerables.

La IA transformará profundamente algunos sectores. Otros, no tanto. ¿Acaso podrá revolucionar la receta del bife de chorizo o del chimichurri? Quizá sirva para optimizar la logística de su transporte y almacenamiento, pero poco más.

Las grandes innovaciones no suelen plantearse en términos excluyentes. Las aplicaciones móviles de reparto de comida prosperaron mientras seguía creciendo la facturación de los supermercados y los restaurantes. Cuando las grandes superficies transformaron el negocio minorista, fue cuestión de tiempo que también lo hiciera el comercio electrónico. Aun así, muchas tiendas pequeñas prosperan a la sombra de megacentros comerciales.

Es probable que la IA cambie muchas cosas, pero con el tiempo. A la larga, permitirá a los abogados olvidarse de las tareas rutinarias para dedicarse a otras más productivas. El incremento de los vehículos autónomos (gracias, en parte, a la modificación de la normativa de tráfico en Argentina el año pasado) dará a las personas ciegas o con discapacidad una independencia hasta ahora inimaginable.

La IA también será útil para las entidades financieras argentinas, pero ¿sustituirá a todo el mundo? Definitivamente, no. Los clientes no solo buscan conocimientos técnicos, también exigen responsabilidad. Intente que una aplicación de IA asuma la responsabilidad si se equivoca con su declaración de impuestos. La privacidad de los datos es otra cuestión esencial.

El envejecimiento de la población obligará a recurrir a la IA en la atención sanitaria. La tecnología que detecta caídas y variaciones de los signos vitales facilitará el cuidado de los mayores.

La mejora de la eficiencia es positiva. No obstante, ninguna gran empresa ha cambiado el mundo limitándose a producir más con menos trabajadores. Las compañías revolucionarias son aquellas que encuentran soluciones originales a los problemas. La fuerza de la IA no radica en reducir plantillas, sino en potenciarlas. Este cambio ya se ha iniciado, e irá a más.

La transformación llegará, pero se hará esperar, así que mantenga la cabeza fría.

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