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infobae.com · hace 5 horas · Ana Iparraguirre

Los jóvenes le sueltan la mano a Milei: ¿a quién se la dan?

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Los jóvenes, el bastión con el que construyó su popularidad Javier Milei, empiezan a soltarle la mano. El movimiento se debe a factores propios de su gobierno – como la economía-, pero también a cuestiones estructurales que tienen que ver con la volatilidad del voto joven y cambios sociales que llevan a un malestar generalizado. Sin embargo, esos jóvenes todavía no encuentran a dónde ir.

No es por desinterés. Los jóvenes no están necesariamente menos interesados en política ni más desideologizados que el resto de los argentinos. Lo que sí sabemos es que no participan políticamente por los mismos canales que conocíamos hasta ahora. Encuentran formas nuevas y sorprendentes de participar cuando una causa los moviliza. Esto presenta dos desafíos: 1) poder acompañarlos en sus canales en vez de encauzarlos hacia lugares de los que ya se fueron y 2) acostumbrarnos a un nuevo mundo en el que la volatilidad, quizás, ya no es un estado pasajero de la vida sino la nueva norma.

Milei está perdiendo apoyo entre los jóvenes. El índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella entre este grupo está en su punto más bajo desde que Milei asumió el poder. Y por primera vez, la confianza entre los menores de 30 años está por debajo del índice general.

Gráfico de líneas con título: Evolución ICG de UTDT Total vs. 18 a 29 años (Javier Milei). Datos de diciembre de 2023 a julio de 2026

La pérdida de apoyo entre los jóvenes tiene un impacto electoral significativo. Los menores de 30 son el 26% del padrón electoral, casi 9,4 millones de votos. Cada punto que Milei pierde en ese segmento equivale a 100.000 votos. Una caída de 30 puntos como la que muestra el ICG representa unos 3 millones de votos, básicamente la diferencia que separó a Milei de Massa en el balotaje de 2023. Si esto se sostiene, Milei se está jugando la reelección en el mismo lugar donde la ganó.

Claramente el modelo económico de Javier Milei golpea a los jóvenes con una intensidad mucho mayor que al resto de los argentinos. La desocupación entre los jóvenes de 14 a 29 años duplica a la de los adultos y con casi cuatro de cada diez jóvenes endeudados, son el grupo etario más moroso del país.

Sobre ese trasfondo hay un dato estructural que excede a cualquier gestión, pero que marca el clima de época de esta generación: desde 2022 el suicidio es la principal causa de muerte entre adolescentes y jóvenes de 15 a 24 años. En 2024, por primera vez en casi dos décadas, pasó a serlo también entre los de 25 a 34, desplazando a los accidentes de tránsito.

El voto joven es un tesoro muy buscado, pero que dura poco. La ciencia política viene mostrando hace décadas que los vínculos con los partidos tienden a consolidarse con la edad y la experiencia electoral, por lo que los jóvenes presentan preferencias menos arraigadas y son más receptivos a los cambios en la oferta política.

Algunos estudios incluso muestran que los jóvenes pueden actuar como trendsetters, es decir, como una vanguardia que anticipa cambios electorales que posteriormente se extienden al resto del electorado. Era común allá por el 2023 escuchar a padres que habían llegado a conocer a Milei a través de sus hijos. En este sentido, los cambios en los jóvenes no solo reflejan las variaciones en sus preferencias, sino que pueden contribuir a impulsar y señalar hacia dónde se moverá el electorado en el futuro.

Cuatro de cada diez votantes de Milei dejaron de apoyarlo. Dos encuestas recientes validan ese dato. Una encuesta nacional del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA muestra que solo el 57% de los que votaron a Milei en 2023 volverían a votar por LLA. Y el Cias reporta que un 43% de los jóvenes de 16 a 24 años de barrios populares del conurbano que votaron a LLA en 2023, no volvería a hacerlo en el 2027.

Algunos ya avisaron que, si no encuentran algo que los entusiasme, podrían quedarse en casa. El politólogo Facundo Cruz, que analiza datos de participación electoral, encontró que al comparar 2025 con la última elección comparable (2021), la caída en la participación es más pronunciada entre los jóvenes que en cualquier otro segmento etario.

Gráfico de barras horizontal que muestra la variación de la participación electoral. Contiene cinco rangos de edad con valores numéricos negativos

La explicación más fácil es pensar que son jóvenes apáticos que no les interesa la política y prefieren estar doomscrolling. Pero los datos dicen otra cosa. El último informe de Pulsar UBA sobre el ascenso del ningunismo, muestra que los jóvenes no están menos interesados en política ni menos ideologizados que el total de la población. Donde sí hay una diferencia notable es en que reportan una participación más baja en organizaciones que históricamente canalizaron la actividad política y social: sindicatos, grupos religiosos, agrupaciones políticas, militancia barrial. Los jóvenes no tienen menor interés en participar de la política, sino que no lo hacen por los canales convencionales.

Según Santiago Hernández, los jóvenes se desplazaron al plano de la infrapolítica, lejos de los partidos, los sindicatos y las plazas, y esta dinámica queda fuera del alcance de las estrategias tradicionales. Para Hernández, las fiestas clandestinas en pandemia representan uno de los hitos fundacionales de esta generación, que organiza la vida y el disfrute al margen de las regulaciones estatales.

Cuando estos jóvenes encuentran una causa que les toca una fibra, aparecen. Ya lo vimos hace unas semanas con la Ley de Tierras donde jóvenes personalidades que no suelen expresarse políticamente, como Lisandro Martínez, Emilia Mernes o Tini, manifestaron su oposición al proyecto.

Pero para que la magia ocurra, tiene que haber una causa movilizadora y con capacidad de aglutinar grupos heterogéneos. Miremos un par de ejemplos a modo de referencia.

Logo de Cockroach Janta Party con una cucaracha de lentes de sol y siluetas de personas protestando. Incluye texto sobre requisitos de unión

Durante muchos años, los analistas políticos sostenían que la volatilidad electoral de los jóvenes desaparece con los años y da lugar a las lealtades. Pero hay una pregunta incómoda dando vueltas: ¿y si esta generación es distinta?

En Estados Unidos, la Generación Z muestra niveles récord de independencia partidaria: el 56% de los adultos se identifica como independiente, frente al 47% de los millennials y el 40% de la Generación X cuando tenían una edad comparable. En Europa, apenas el 25% de los menores de 25 años vota siempre al mismo partido, contra el 53% de los votantes de mayor edad. Y en solo cinco años, buena parte de esa juventud europea pasó de protagonizar la ola verde a engrosar el voto a la derecha radical.

Ilustración de Javier Milei en un atril con el escudo de Argentina, rodeado de jóvenes que caminan, algunos con mochilas y teléfonos.

Los jóvenes de hoy son la generación que arma una playlist eligiendo canciones de diferentes artistas en vez de escuchar el disco completo. La que aprendió a deslizar el dedo para descartar antes que a fidelizar. Y la que elimina a alguien de su vida con solo un click. La pregunta del millón es si, para esa generación, la lealtad política directamente dejó de tener sentido como categoría.

Si es así, lo que estamos viendo entre los jóvenes no es un capítulo pasajero de la era Milei. Es una muestra anticipada de cómo va a funcionar la política en el futuro.

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