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perfil.com · hace 5 horas · Marcelo Longobardi

Las dos caras del aislamiento de Javier Milei

Javier Milei

El resto es discutible, pero el artículo publicado esta mañana por Maia Jastreblansky, que trabajaba en La Nación y ahora está en Infobae, me dio mucho en qué pensar. La nota describe la intimidad del Gobierno y admite el creciente desconocimiento sobre el verdadero malestar social, señalando que el presidente atraviesa momentos en los que prefiere aislarse por completo y estar solo. Fuentes cercanas al entorno oficialista revelaron que Javier Milei tiene ciclos: momentos en los que se mete muy para adentro, incluso distanciándose de aquellos que integran su círculo más íntimo.

Estamos ante la descripción de un presidente profundamente aislado, capaz de pasar diez días sin asomarse a la vereda. Esta conducta ya había sido mencionada hace un par de semanas por otros analistas, como Jorge Liotti, y terminó alimentando especulaciones de todo tipo sobre su estado general. La bola de nieve creció a tal punto que el propio vocero presidencial —un personaje bastante insólito— tuvo que salir a aclarar públicamente que el mandatario se encontraba en perfectas condiciones y que los propios gendarmes eran testigos de su buen humor.

Escuché también el comentario de que el presidente utiliza este encierro para escribir un libro. Por lo general, los mandatarios escriben libros cuando dejan la gestión, no mientras ejercen la primera magistratura. Redactar una obra requiere tiempo, desconexión, apagar el teléfono y cerrar la puerta; un nivel de abstracción que resulta difícil de conciliar con las urgencias de un país.

Tras nueve días de ausencia, Milei reapareció en público con un sugestivo abrazo a Sturzenegger y un duro mensaje

Este es el primer plano del aislamiento: el personal, el físico, el que transcurre en la Quinta de Olivos. Conozco bien Olivos por haberla visitado durante múltiples presidencias —desde Carlos Menem hasta Alberto Fernández, pasando por los Kirchner y Mauricio Macri—. Históricamente ha sido un lugar espantoso, de un ambiente castrense y sofocante, de muy mal gusto, aunque durante la gestión de Macri, Juliana Awada intentó darle un aire más austero, amigable y familiar. Aun así, sigue siendo un espacio pequeño y deprimente para quedarse encerrado durante diez días consecutivos.

Sin embargo, existe un segundo plano de aislamiento que es infinitamente más preocupante: la desconexión con la realidad.

El presidente se presenta hoy en el Consejo de las Américas, un foro habitual donde se reúne con lo que en su momento Mauricio Macri denominó el "círculo rojo". Va a hablar ante los mismos empresarios de siempre, muchos de los cuales ya lo miran con cierto recelo. Hace tiempo que Milei no habla con la gente. Sus intervenciones en televisión se dan en marcos sumamente arreglados, amañados y poco profesionales. No ofrece conferencias de prensa abiertas, no camina por la calle, no contesta las preguntas de los cronistas en la Casa Rosada ni concede reportajes tradicionales. Cuando viaja a Estados Unidos, lo hace para participar en foros donde viajan los mismos argentinos a aplaudirlo, en una escena que hemos visto decenas de veces y que no transforma absolutamente nada.

Council of the Americas: Milei busca dar una señal de confianza ante el círculo rojo

Incluso si miramos el ámbito internacional, las comparaciones son ilustrativas. Donald Trump —un personaje que considero peligrosísimo para la democracia estadounidense y para el mundo— puede resultarnos enloquecido, pero jamás aislado: habla a diario con los periodistas, responde preguntas incómodas y mantiene un contacto permanente con la discusión pública.

En este discurso económico preparado para el Consejo de las Américas, Milei insistirá probablemente en que la economía atraviesa su mejor momento, que crece a tasas inéditas, que las inversiones se multiplican y que el consumo alcanza niveles récord. La realidad y los datos duros sugieren otra cosa. La preocupación llega incluso a despachos oficiales: el propio ministro de Economía, Luis Caputo, advierte en privado sobre las dificultades del escenario actual, mientras se estrella contra el freno que impone la propia estructura política de la Casa Rosada.

El aislamiento físico en Olivos es una cuestión de personalidad; el aislamiento de la realidad social y económica es un problema político severo. Rodearse únicamente de aplaudidores seriales —los mismos que en su momento ovacionaron a Cristina Kirchner, a Macri, a Alberto Fernández y a Néstor Kirchner— no saca a un presidente del encierro. Solo aplaza el inevitable choque con la realidad.

Javier Milei y Nadie Beller