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perfil.com · hace 2 horas · Eugenia Muzio

Diego Santilli ya usa su lugar en YPF como comisario para blindar el plan desinflacionario del Gobierno

Caputo y Santilli

La inflación mayorista empezó con cero y el presidente Javier Milei festejó, a pesar de que no se trató del dato de bolsillo. La caída del petróleo como commoditie tuvo mucho que ver, pero la clave política detrás de este ancla nominal tiene un nuevo ejecutor. Diego Santilli se convirtió en el cuidador del Índice de Precios al Consumidor (IPC) que el Gobierno usa aún como insumo para sostener la agenda. El efecto de las naftas le dio una alegría al arrancar con cero la inflación mayorista, y ahora la administración pugna por forzar el traslado de ese congelamiento a la inflación minorista, generando un efecto de tensión y recálculo en el resto del mercado petrolero.

Diego Santilli se mueve como local. Según pudo saber PERFIL, ya participó de algunas reuniones de directorio de YPF a las que fue convocado con su nuevo traje de tenedor de las acciones clase A, las reservadas para el Estado, el accionista mayoritario. “Habrá que ver cómo se va desenvolver”, planteó una fuente al tanto. El capítulo del exjefe de Gabinete, Manuel Adorni, parece cerrado en el directorio: la renuncia fue aceptada al instante y nunca hubo lugar a repetir el beneficio que se le dió a Guillermo Francos, de permanecer con papeles comunes (clase D) y cobrar su sueldo.

En el directorio aún no hay una definición sobre qué hacer con el precio de las naftas y estirarán la decisión. La relación fue cambiando: YPF fijó el valor en surtidor cuando el barril tocó los USD 90 en abril en medio del momento más álgido del conflicto en Medio Oriente. Aunque siguió aplicando las subas por los impuestos y el tipo de cambio, evitó un traslado mayor cuando con el pasar de las semanas el Brent tocó el pico de USD 126. Pero luego, con un Donald Trump que fue bajando el tono de sus dichos y un mercado que se acostumbró al declaracionismo, el commoditie aflojó a la zona de los USD 70.

A fines de junio las petroleras activaron el modo “wait & see”: la firma de mayoría estatal anunció que esperaría alrededor de dos meses para definir qué hacer con los precios, que en ese entonces implicada una baja nominal, bajo el argumento de que ahora los usuarios “ayudan” a YPF. El resto de las empresas del mercado, siguieron la decisión, y en ese entonces apuntaron a recuperar rentabilidad perdida por el congelado de hecho que marcó la mayor compañía del mercado.

Hoy, el Brent tocó los USD 93. Es decir que después de largos meses, el marcador internacional se acopló al precio original. Pero, en realidad, los precios aún permanecen atrasados. Según los cálculos del economista de LLZ Federico Machado, con un barril a USD 80, los valores actuales, en aproximadamente $2.045 para la nafta súper, está aproximadamente en precio. Pero, con el Brent en 90 USD debería subir un 11%. En tanto, con el barril a 70 USD debería haber caído un 8%.

Gracias a la dinámica que aplicó YPF, de mantener el precio, en la inflación de julio el aumento fue del 2,1% y no presionó sobre los precios. Pero tampoco los alivió como sí pasó con la inflación mayorista: el desplome del petróleo de un -9,2% fue clave, junto con un tipo de cambio al que el Gobierno le puso un techo de $1.500. Analistas calcularon que ese efecto le restó 0,9 puntos porcentuales al IPIM, y que en ese caso, el dato no hubiese acompañado el mensaje que quiere asentar Milei y hubiera sido del 1,7%.

El colchón financiero que habilitó esta maniobra tiene su raíz en los fuertes saltos iniciales del año. En los primeros siete meses de 2026, el precio acumulado de la nafta en Argentina registró un incremento que ronda entre el 20% y el 26%, dependiendo de la región y el tipo de combustible. La nafta súper, en zonas de referencia del norte del país, acumuló una suba del 26,3%, mientras que la versión premium escaló un 20,2%, de acuerdo a sitios especializados.

Ese salto inflacionario se gestó principalmente en marzo. En aquel momento, la tensión internacional disparó los surtidores con alzas de hasta un 16%. Sin embargo, la estrategia oficial mutó hacia un esquema de contención, conocido técnicamente en el sector como buffer. Hacia los meses de mayo y junio, los ajustes se limitaron a un escaso 1% y se establecieron topes comerciales para amortiguar el traslado a los precios finales. El resultado coronó en julio con una leve estabilización de la pizarra e incluso bajas nominales marginales del 0,1%.

En las oficinas de la petrolera en Puerto Madero reconocieron que este mecanismo cumplió la meta de evitar el traslado pleno del costo internacional, pero alertaron que la cuenta técnica debe saldarse. El titular de la compañía, Horacio Marin, diagramó el esquema en dos fases: una absorción de pérdidas de importación en plena crisis y una etapa de recupero posterior que, en los hechos, prohíbe cualquier baja sustancial de corto plazo para el consumidor.

A la variable externa se suma un límite interno: el rojo en los surtidores. El consumo de combustibles en las estaciones de servicio se desplomó durante el primer semestre del año. Entre enero y junio, se despacharon 8.213.026 metros cúbicos de nafta y gasoil, lo que representa una caída del 1,34% frente al mismo período del año pasado. Solo en enero el sector había mostrado una mejora interanual; desde entonces, las ventas acumularon cinco meses consecutivos a la baja.

El escenario se agravó al cierre del semestre. En junio, se comercializaron 1.331.424 metros cúbicos, marcando un descenso interanual del 2,92% y una caída del 3,02% frente a mayo. Con este resultado, el sexto mes del año se ubicó como el segundo de menor volumen comercializado en 2026. El desagregado es una estocada a la rentabilidad corporativa: la nafta súper bajó un 2,06%, pero el gasoil —termómetro clave de la actividad productiva y logística— se derrumbó un 8,89% interanual.

Frente a este escenario de manta corta, donde el consumo inelástico cede ante salarios licuados en términos reales, el sector privado consolida su statu quo. El primer gran desafío de Santilli, desde su nuevo sillón estatal, será un juego de equilibrios extremos: lidiar entre la urgencia de recomponer la caja de YPF frente a un mercado interno deprimido por la recesión, y la necesidad política innegociable de Milei de sostener a la petrolera como la guardiana de su esquema desinflacionario.

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