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perfil.com · hace 11 horas · Pablo Melicchio

Messi maradoneano

Maradona y Messi 19082026

Messi, de Rosario a Barcelona. Messi, de Argentina al mundo. El pequeño que no podía crecer, diagnosticado con ese extraño déficit de la hormona de crecimiento, que sin embargo creció y no dejó de crecer. Messi, con 8 balones de oro y con tanta gloria acumulada. Messi y más Messi. Pero… siempre hay un pero, como también hay una sombra, aunque no la veamos.

Messi, en lo más oculto de su ser, cargó con la cruz de la comparación: ¿Maradona o Messi? ¿Messi o Maradona? Y desde esa disyunción, fue castigado por los propios y por los ajenos, pero más por lo propio. Es un pecho frío. No siente la camiseta. No es argentino. No canta el himno. El Diego sí que lo daba todo por el país y su gente, pero Messi… Entonces llegó ese maldito día donde todo lo acumulado se desbordó, la famosa gota de agua.

Fue el 26 de junio de 2016, cuando Argentina perdió la final ante Chile por penales. Messi falló el suyo y esa falla lo dejó profundamente afectado. Al día siguiente renunció a la Selección. “Se terminó para mí la Selección”, sentenció. Era su cuarta final perdida con Argentina. Era demasiada pérdida, no solo para él sino para el sediento pueblo argentino.

'Pensé seriamente en dejar, pero amo demasiado a mi país y a esta camiseta', dijo, y empezó una vez más"

Pero 45 días después, renació. El 12 de agosto de 2016 anunció oficialmente su regreso a la Selección argentina. “Pensé seriamente en dejar, pero amo demasiado a mi país y a esta camiseta”, dijo, y empezó una vez más.

El 1 de septiembre de 2016 volvió efectivamente a jugar con la Selección ante Uruguay, por las Eliminatorias, y marcó el único gol del partido. Del penal fallado y la renuncia, al regreso y el gol. Del retiro como respuesta al dolor y la frustración, al retorno después de elaborar la derrota y aceptar el karma de ser argentino.

Messi, mientras tanto, avanzaba por las canchas como un Sísifo en versión rosarina, cargando la pesada piedra de ser argentino y el mejor jugador del mundo; pero —otro pero— sin poder levantar la Copa del Mundo como lo hizo Diego en el 86, cuando los goles incluso valían con la mano porque el VAR no había arruinado lo eventual, las contingencias que suceden dentro de una cancha, las justicias y lo injusto, lo que solo Dios puede ver. Por entonces el fútbol era tan parecido a la vida…

Del retiro como respuesta al dolor y la frustración, al retorno después de elaborar la derrota y aceptar el karma de ser argentino"

¿Maradona o Messi? Messi no es más ni menos que Maradona: es Messi, como todos somos únicos. ¿Es posible cargar con la casaca 10 de la Selección, esa misma que usó Diego, estando Diego vivo? Otros jugadores usaron ese número 10, pero a ninguno se lo comparó tanto como a Messi.

¿El heredero? ¿Pero cómo usar esa herencia con Maradona vivito y coleando? Por extrañas razones psicológicas, Messi “necesitó” que muriera Maradona para ser enteramente Messi, o mejor aún, para ser un Messi maradoniano.

Porque no me digan que luego de la maldita pandemia que se llevó a mi vieja y al Diego, el alma de Maradona no se encarnó en Messi para que Messi fuera un poco Maradona. Y la verdad es que cuesta decirlo, pero me remito a los hechos: Messi creció definitivamente en la Selección argentina cuando Diego murió.

Y entonces dejó de ser ese niño que jugaba a la pelota y se levantaba del suelo después de cada patada; sí, se levantaba para seguir corriendo detrás de la pelota, como si nada hubiese pasado. Aquel Messi estoico, que parecía no sufrir, empezó a sufrir, a enojarse, a llorar a la vista de todos. Messi creció un poco más, se hizo más grande.

El alma de Maradona no se encarnó en Messi para que Messi fuera un poco Maradona"

Hay algo de la transmisión, del duelo transitado y de la posibilidad de asumir una identidad propia que empezó a definirse el 25 de noviembre de 2020, cuando muere Maradona. Messi no pudo, como otros sí pueden, matar simbólicamente a Maradona mientras Maradona estaba vivo.

Si vas por un camino y te encuentras con tus antepasados, mátalos; si vas por el mismo camino y te encuentras con tus padres, mátalos; y si vas por ese mismo camino y te encuentras con el Buda, mátalo: solo entonces serás libre… Este koan, enseñanza paradójica, aunque popularmente se le atribuye de forma genérica a Buda, la frase proviene originalmente del maestro zen chino Linji Yixuan.

Entiendo que se trata de una sugerencia simbólica, una necesidad interior que tenemos para liberarnos de los imperativos sociofamiliares y crecer, en definitiva, lograr una identidad sin quedar atrapados en el espejo de las comparaciones o en el deber ser. Messi se encontró muchas veces con Diego en el camino, pero no pudo matarlo; necesitó que Diego muriera.

Apenas unos meses después de la muerte de Maradona, de la mano de un Messi definitivamente maradoneano, comenzó la etapa más extraordinaria de la Selección argentina. El 10 de julio de 2021, Argentina gana la Copa América frente a Brasil, nada más y nada menos que en el mismísimo Maracaná. Fue el primer título de Messi con la selección mayor y el primero de Argentina en 28 años.

El 1 de junio de 2022, gana la Finalissima frente a Italia. El 18 de diciembre de 2022, al fin, el Mundial de Qatar, derrotando a Francia por penales. Y el 14 de julio de 2024 vuelve a ganar la Copa América, esta vez frente a Colombia. Y en este Mundial que acaba de concluir, tras otra final con el corazón en la boca, la suerte esta vez nos fue esquiva.

España, donde Messi brilló durante tantos años, se quedó con la copa pero no con otro hito en la historia de la Selección argentina, donde le volvimos a ganar a los piratas ingleses y el mundo vio flamear la bandera del reclamo de la soberanía: Las Malvinas son argentinas; ciertamente, un acto muy maradoniano.

¿Maradona o Messi? ¿Messi o Maradona? Los dos. Y mejor aún, un Messi maradoniano, donde nada muere y todo se transforma. Como en cada uno de nosotros, donde habitan los muertos que hicieron única nuestra historia.

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